Zapatero a tus zapatos

Artículo publicado en Expansión el 5 de febrero 2009

La reunión mantenida por el Presidente del Gobierno con los presidentes de las principales entidades financieras españolas terminó sin avances significativos. ¿Podía haber tenido el final feliz que el Gobierno deseaba? Hay razones de peso para pensar lo contrario. Podía, eso sí, haberse evitado la sensación de desencuentro con una declaración conjunta de buenas intenciones, pero ni eso. Cuando la economía iba sobre ruedas, el Gobierno ignoraba a los potenciales compañeros de viaje, pero ahora que todo va rematadamente mal exige la cooperación de todos. Hace unos días acusaba a los dirigentes del PP de no arrimar el hombro para sacar a España de la crisis y ahora les ha tocado el turno a los “codiciosos banqueros”.
La reunión la había calentado en la víspera el Sr. Martín, presidente de la Asociación Española de la Banca, al achacar los problemas de las entidades financieras a la grave situación que atraviesa la economía real y reprochar al Gobierno su tardanza en reaccionar. No han gustado estas declaraciones y el Ministro de Industria le ha respondido, haciendo gala de una demagogia populista, “que al Gobierno se le está acabando la paciencia con los bancos.”¿Acaso no son estos los mismos banqueros que hasta hace tres meses recibían elogios del Gobierno por haber levantado los bancos más sólidos y rentables del mundo? Hay fundadas razones para pensar que los bancos están actuando con prudencia para no agravar su ya delicada situación y que la petición del Gobierno de que “abran el grifo del crédito a las empresas y familias” raya en la irresponsabilidad.
No es esta la primera vez que las autoridades dirigen amenazas a las entidades financieras en las últimas semanas. El Sr. Trichet, ya advirtió que el BCE podía renunciar a bajar el tipo de intervención si las entidades no trasladaban esas reducciones al euríbor, el tipo de interés al que se prestan entre sí sus excedentes. También el Sr. Solbes ha lanzado en varias ocasiones advertencias en este mismo sentido a las entidades españolas. Quienes ingenuamente creíamos que el papel del BCE era instrumentar la política monetaria más apropiada para alcanzar sus objetivo de inflación, quedamos desconcertados por la locuaz intromisión de su Presidente. El BCE adopta las decisiones que estima oportunas con plena autonomía, y las entidades financieras debieran también gozar de plena libertad para utilizar sus excedentes como juzguen conveniente.

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