Aterrizaje forzoso

Artículo publicado en Expansión el 13 de febrero 2009

El avance de la Contabilidad Nacional Trimestral publicado por el INE el jueves 12, indica que la tasa de crecimiento intertrimestral se redujo de -0,2% en el tercer trimestre de 2008 a -1,0% en el cuarto y la tasa de crecimiento interanual cayó de 0,9% en el tercer trimestre a -0,7 por ciento en el cuarto. Si comparamos esta última cifra con la tasa interanual del cuarto trimestre de 2007, 3,3%, tenemos una indicación más precisa de la velocidad a la que pierde fuelle la octava potencia económica mundial: 4 puntos porcentuales en un año.

Las cifras publicadas por el INE se completaban con un escueto comentario que achacaba las caídas a la aportación negativa de la demanda nacional (consumo y formación bruta de capital) compensada por una aportación positiva de la demanda exterior neta (exportaciones menos importaciones). Habrá que esperar hasta el día 18 de febrero para saber más detalles, pero todo parece indicar que, por el lado del gasto, la caída del consumo privado la habrá compensado el robusto incremento del consumo público, y la contracción de la formación bruta de capital habrá sido incluso más intensa que en el tercer trimestre (-4,7%). En cuanto al sector exterior, la tasa de crecimiento de las exportaciones es probable que se haya mantenido en positivo y se haya intensificado la caída de las importaciones en relación al trimestre anterior (-2,2%).

El hecho de que se hayan encadenado dos tasas intertrimestrales negativas ha llevado a los medios a anunciar que la economía entró en recesión a finales de 2008. Pero lo más preocupante de la situación es, en mi opinión, la fuerte desaceleración que se viene registrando desde hace 4 trimestres, una evolución que presagia no el aterrizaje suave prometido por el Gobierno, sino una dramática bajada a los infiernos. El Gobierno ha desperdiciado al menos diez hermosos meses negando lo evidente y ha sido incapaz de elaborar y presentar un paquete de medidas fiscales coherentes y eficaces para afrontar la recesión.

El Presidente continúa culpando a los demás (la oposición, los banqueros, los neoliberales, etc.), apelando a la confianza y personalizando en su persona la defensa de los más débiles, los parados, como si a los demás ciudadanos no nos preocupara la angustia y el sufrimiento que padecen. Lo importante ahora no es dilucidar quién sufre más, sino diseñar políticas que favorezcan la creación de empleo permanente, no subvencionado. Y, desde esta perspectiva, lo que resulta incontestable es que el Gobierno no ha hecho sus deberes en los últimos 5 años y ahí están, para probarlo, los 3,3 millones de parados a comienzos de 2009. ¡Menos mal que la TV pública distrae nuestra atención con los éxitos de la selección de fútbol, las tramas de corrupción política, las permanentes campañas electorales que desangran las arcas públicas, y hasta la rememoración del 23F! Cualquier cosa sirve para aliviar la angustia e incertidumbre que provoca una recesión que el Gobierno no sabe cómo afrontar.

No quisiera terminar esta crónica de urgencia sin apuntar a un hecho que, como economista profesional, me preocupa enormemente. Hace unos años, le pregunté a un antiguo funcionario del INE cómo se elaboraban las estimaciones de los agregados macroeconómicos cuando él formaba parte del grupo de expertos encargados de la tarea y su contestación fue inquietante: nos reuníamos, valorábamos los datos disponibles y sacábamos una cifra de consenso. Supongo que las cosas han mejorado mucho desde entonces, pero lo cierto es que seguimos sin conocer cuáles son los datos exactos que utiliza el INE, cómo los combinan y qué papel juegan las “técnicas avanzadas de modelización de series temporales, tanto para completar los datos como para validar las estimaciones”. La frasecita puede impresionar a los ciudadanos, pero cualquier persona familiarizada con el empleo de modelos econométricos conoce muy bien que emplear predicciones econométricas para completar datos y validar estimaciones traspasa las barreras de la ciencia y se adentra en el terreno de la fe. Mientras los datos y los procedimientos que sigue el INE no sean públicos y cualquier profesional independiente pueda replicarlos y llegar a los mismos resultados, siempre quedará en el aire la duda sobre cómo se cocinan las estimaciones de las Cuentas Nacionales.

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