¿Sarcófagos para activos tóxicos?

Artículo publicado en Expansión el 18 de febrero 2009

La Comisión Europea no dejará nunca de sorprendernos. En la última reunión del Ecofin, los ministros de Finanzas de la Unión acordaron por consenso presentar en quince días un plan para constituir bancos “malos”, una suerte de sarcófagos donde los Estados podrán almacenar activos “tóxicos” y “perniciosos”, dos especies venenosas tan difíciles de distinguir que el Sr. Almunia, comisario de Asuntos Económicos y Financieros, no se ha tomado siquiera la molestia de aclararnos. Para sosegar la inquietud que una medida de esta naturaleza pudiera levantar entre los bancos “buenos”, el comisario se ha apresurado a indicar que el objetivo de la iniciativa es “avanzar en la estabilidad de los mercados financieros sin que esto pueda distorsionar la competencia.” ¿Podemos creerle?

Resulta cuando menos curioso que la Comisión esté a punto de dar luz verde a un plan de adquisición de activos “tóxicos” muy similar al que propuso la Administración Bush para estabilizar los mercados financieros hace más de cuatro meses. Como recordarán, el llamado plan Paulson otorgaba plena potestad al Secretario de Estado del Presidente Bush para administrar 750.000 millones de dólares y adquirir activos “tóxicos” de las entidades financieras, sin que sus decisiones pudieran ser revocadas o fiscalizadas por otras instituciones federales o recurridas ante los tribunales. Como no podía ser de otra manera en un país democrático, los congresistas rechazaron esas pretensiones que avalaban la arbitrariedad y la impunidad del poder ejecutivo y modificaron de manera sustancial el plan durante su tramitación en el Congreso. La mayoría de los economistas estadounidenses también mostraron su oposición al considerar que había otras alternativas más eficaces para alcanzar el objetivo deseado, salvaguardar la estabilidad del sistema financiero, pero más transparentes y menos costosas para el contribuyente.

¡Qué contraste con la Unión Europea! Aquí el poder ejecutivo está urdiendo un plan que presenta defectos similares al Plan Paulson sin que se levante un clamor en el Parlamento y en todos los confines de la Unión. Sabemos que la mayoría de las entidades financieras tienen problemas de solvencia en mayor o menor grado al contar en sus balances con activos ilíquidos que valen hoy mucho menos que hace unos meses. El valor neto de esos bancos es, por tanto, negativo. Que no hayan quebrado y sus acciones todavía tengan un valor positivo en el mercado se explica por las inyecciones que han recibido (y van a recibir) de los Gobiernos y la expectativa de que el valor de sus activos se recupere en un futuro no muy lejano. Pero la amenaza de desplome sigue estando ahí y puede incluso agravarse durante la recesión en que se encuentran inmersos la mayoría de los países europeos. Si se quiere evitar el colapso del sistema financiero y con él de la actividad económica, los Gobiernos deben impedir que la quiebra de algunas entidades desencadene una reacción en cadena y los depositantes, a pesar de las garantías establecidas, acudan presos de pánico a retirar sus depósitos. Urge pues afrontar el problema de fondo, la insolvencia, y resolverlo con eficacia y transparencia

La fórmula más apropiada para resolver las dificultades de las entidades que presentan niveles de insolvencia elevados pasa porque el Estado las intervenga, pida cuenta a sus gestores de la gestión realizada, inyecte capital adquiriendo acciones a precio de mercado, propicie las fusiones oportunas y venda su participación una vez las entidades recuperen la solvencia. Las inyecciones del Estado constituyen, en este caso, una inversión muy arriesgada, pero una inversión al fin y al cabo, ejecutada con transparencia para salvar el sistema financiero. En contraste, si el Estado utiliza el dinero de los contribuyentes para comprar a precios sobrevalorados los “activos tóxicos” de las entidades con problemas y depositarlos en bancos “malos”, estaríamos no ya ante una inversión arriesgada sino sencillamente ruinosa. En este caso, además, los gestores más incompetentes son quienes recibirían mayores ayudas y los contribuyentes quienes quedarían excluidos de participar en los beneficios que las entidades, libres de activos “tóxicos”, puedan obtener en el futuro. La deficiente gestión de las autoridades monetarias del sistema en los últimos años ha propiciado un Chernobil financiero sin precedentes, pero la respuesta a la pregunta formulada en el título de este artículo es muy clara: no gracias.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s