Estimado Juan José Millás:

La carta que reproduzco aquí se puede leer también en el foro del escritor y periodista Juan José Millás

He leído con pena sus despectivos comentarios hechos en un encuentro en El Escorial al Manifiesto sobre la lengua que impulsaron el Sr. Savater y muchos otros ciudadanos. No lo firmé porque me pareció que se estaba haciendo un uso político del mismo oportunista e innecesario al que no quería sumar mi modesta firma. Pero el problema de fondo que abordaba existe –no es una fantasía ingeniosa y brillante como tantas suyas- y Vd. como periodista, permítame el reproche, lo ha tratado con una ligereza imperdonable. Podía al menos, antes de dar su opinión, haberse molestado en hacer las averiguaciones pertinentes, como debe hacer cualquier buen periodista.

Supongo que se considerará un buen conocedor de Cataluña, una región que habrá visitado un sinnúmero de veces. Yo también. Llegué aquí en septiembre de 1984 y soy catedrático de Fundamentos del Análisis Económico desde 1992 en el Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Vine voluntariamente y siempre sentí una gran simpatía por la lengua y cultura catalanas. En otro caso, no habría aceptado la oferta que se me hizo y me habría quedado tranquilamente en la Universidad Complutense de Madrid donde obtuve mi Licenciatura e impartí clases antes y después de una larga estancia en los Estados Unidos. A Madrid volví para trabajar como Vocal Asesor de Presidencia del Gobierno entre 1990 y 1993 y regresé de nuevo a Cataluña.

Tengo dos hijos de 10 y 6 años que a diferencia de los hijos de tantos ciudadanos en Cataluña van a la escuela pública en Sant Cugat del Vallés. No sólo no se les enseña lengua y literatura castellanas adecuadamente, mi lengua y la de la inmensa mayoría de los españoles -porque puedo llamarle a Vd. español, ¿verdad?-, sino que su ignorancia abarca a todas las disciplinas. Hasta el momento, el mayor, no ha aprendido ni el nombre de un río, ni de una comarca fuera de de los confines de Cataluña; ni ha hecho un solo mapa para localizar las diversas actividades económicas fuera de ese triángulo mágico compuesto por las cuatro provincias catalanas; ni conocen otro pintor que no sea Miró, ni un poeta que no sea Miquel Martí i Pol. ¿Sabe cuál es el ejemplo de clima atlántico que han aprendido en la escuela? El Vall d’Aran. ¿Sabe que en el paleolítico ya había catalanes en Cataluña? ¿Sabe que dentro del Universo hay una Galaxia conocida como la Vía Láctea y en su interior una pequeña estrella en torno a la que gira el planeta Tierra, y que un pedazo sólido de ese planeta es Europa y dentro de ese continente está Cataluña? ¡Lástima que ninguno de los pobladores paleolíticos haya llegado hasta nosotros tocado con una barretina y una bufanda del Barça al cuello para dar cierta verosimilitud a semejantes tonterías! Esto, Sr. Millás, es lo que aprenden los niños en la escuela catalana. Por cierto, le recomiendo el libro de Pedro Antonio Heras, La España raptada. La formación del espíritu nacionalista (Editorial Áltera, 2009) para que se haga una idea más exacta de lo que aprenden los niños en las escuelas de las CCAA que han dado prioridad a la formación del espíritu nacionalista sobre la transmisión de conocimientos.

En lo tocante a la enseñanza de la lengua y literatura castellanas, le diré que el gobierno catalán incumple (ha decretado ya dos moratorias) sin pudor alguno el Real Decreto de Enseñanzas de diciembre de 2006, que establece una dedicación de al menos 3 horas semanales a la enseñanza de estas materias en cada uno de los tres ciclos de la enseñanza primaria. Le diré también que mi hijo pequeño pasó su primer trimestre sufriendo la atroz inmersión lingüística a la que se somete a todos los niños con independencia de cuál sea su lengua materna, y le diré que cada mañana teníamos que llevarlo contra su voluntad, llorando, a la escuela durante el primer trimestre, pues no comprendía por qué la maestra le hablaba en una lengua para él desconocida. Si tiene alguna duda acerca de hasta qué punto la Generalitat incumple la legislación vigente, le ruego también que eche una ojeada a mi artículo (“Montilla incumple la ley”) donde encontrará todos los detalles. Infórmese también sobre como la Generalitat incumple también las repetidas sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que ha condenado las prácticas abusivas de la Generalitat, al negar a los padres la opción de elegir la lengua en la que desean que sus hijos sean educados cuando formalizan la matrícula.

Todas estas aberraciones que estoy refriendo son absolutamente gratuitas e innecesarias salvo para los nacionalitas catalanes que consideran, a semejanza de los buenos eclesiásticos, que su misión “es hacer país y nación”, a costa, eso sí, de pisotear los derechos constitucionales de los ciudadanos y contribuyentes. Le aseguro que habría muy pocos catalanes que si tuvieran la opción de elegir entre que sus hijos recibieran una educación bilingüe seria o inmersión pura y dura en catalán, como ocurre ahora, elegirían esta última opción. Y, si no estoy en lo cierto, ¿por qué se niegan los partidos nacionalistas catalanes a permitirnos elegir? Miedo a la libertad y opresión de los derechos individuales, esa es la materia prima de la que se nutren las políticas nacionalistas.

Soy español Sr. Millás -eso dice al menos mi pasaporte-, pero vivo en una Comunidad Autónoma donde mis hijos no pueden recibir una educación decente en lengua y literatura castellanas y donde se les niega la posibilidad de conocer la terminología de las ciencias y las artes en español. Esos defectos formativos puede ser que muchos los arrastren de por vida. La única posibilidad de evitarles estos perjuicios objetivos sería educarlos en un colegio de élite donde, por cierto, tantos líderes nacionalistas catalanes, como el propio Sr. Montilla, educan a sus hijos. Pero, entonces, ¿para qué pago impuestos? ¿Para financiar la inmersión lingüística de otros niños? Infórmese Sr. Millás antes de expresar opiniones con tanta ligereza sobre una cuestión que limita los derechos constitucionales de muchos conciudadanos suyos y no haga de taxista del diablo aunque el diablo esté borracho.

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