¿De dónde salen tantos parados?

Artículo publicado en Expansión el 25 de abril de 2009

La publicación de los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al primer trimestre de 2009 ha venido a constatar el rápido deterioro de las magnitudes del mercado laboral español. El número total de parados alcanza ya 4,01 millones de personas, una cifra que el Gobierno dijo no se iba a alcanzar este año, el número de ocupados se ha reducido en más de 1,3 millones y la tasa de paro se sitúa en el 17,4%, muy cerca ya del 18% que algunos pronosticamos se superaría este año. El número de parados ha crecido desde el primer trimestre de 2008 a una tasa que produce escalofríos, 84,5% y la caída de la ocupación ha sido igualmente brutal, 6,43%.

En la conferencia de prensa mantenida con ocasión de la visita del Presidente Medvédev a España, el presidente del Gobierno afirmó que la evolución del paro en los próximos meses dependerá de la evolución de la población activa que, según el Sr. Rodríguez Zapatero, está registrando un fuerte crecimiento a causa de la “importante incorporación de personas que demandan empleo por primera vez”. Respondía así a la pregunta formulada por un periodista el mismo día en que se había conocido el aumento del número de parados registrados en febrero (154.058 nuevos parados), a los que el mes de marzo sumó otros 136.000 parados más. ¿Estaba en lo cierto el Presidente?

Veamos que nos dicen los datos disponibles de la EPA para 2008 y 2009. La población activa, es verdad, ha crecido a tasas (interanuales) elevadas en los tres últimos trimestres: 2,88%, 1,21% y 2,33%. En el tercer trimestre de 2008, el número de parados aumentó en 806.900 y el empleo se redujo en 164.300 trabajadores, con un incremento de la población activa de 642,600. En el cuarto trimestre, la cifra de parados aumentó en 1.280.300, el número de ocupados cayó en 620.100 y la población activa aumentó en 660.200. Y, en el primer trimestre de 2009, los parados aumentaron en 1.836.500, los ocupados cayeron en 1.311.500 y el aumento de los activos ha caído hasta 525.000.

Estas cifras dejan muy claro que el aumento del número de parados se explica principalmente por la fuerte destrucción de empleo, aunque también es verdad que un buen número de los nuevos parados no son ocupados que perdieron su trabajo. De hecho, por cada puesto de trabajo perdido aparecieron 5 parados nuevos en el tercer trimestre de 2008. La situación se ha invertido significativamente y en el primer trimestre de 2009 por cada 3 ocupados menos hay 4 parados adicionales. Pero todavía el aumento de parados excede en 525.000 la reducción del número de ocupados.

¿Dependerá, como afirmó el Presidente, la evolución del paro en los próximos trimestres de la evolución de la población activa impulsada por “la importante incorporación de personas que demandan empleo por primera vez”? La respuesta es no. En primer lugar, la destrucción de puestos de trabajo, no el aumento de la población activa, es la principal causa del incremento del paro. En segundo, lugar el desglose que hace la EPA del número de parados por sector económico desmiente la afirmación de que sea la “importante incorporación” de personas que buscan primer empleo la causa del aumento del paro: únicamente 101.700 personas, el 5,54% del incremento de parados, responden a ese perfil. Descartada pues esta posibilidad, hay que preguntarse de dónde han salido tantos parados que no han perdido su puesto de trabajo. Una fracción sustancial, 159.100, son personas que han decidido abandonar la inactividad y regresar al mercado laboral; y el resto, 365.900, corresponden al aumento de la población mayor de 16 años impulsada por el aumento (277.200) de la población de origen extranjero.

¿Cómo evolucionarán los tres componentes que están propulsando el aumento del paro en los próximos trimestres? A pesar de las medidas de estímulo adoptadas, la destrucción de puestos de trabajo va a continuar en los próximos trimestres a buen ritmo y no se puede descartar que acabemos el año con 5 millones de parados. En cuanto a los otros dos componentes, cabe pensar que se atenuará el flujo de llegadas a pesar del diferencial que separa la renta media de España de la renta de muchos de los países de origen. Poco puede hacer el Gobierno para detener la llegada de inmigrantes procedentes de otros países de la UE, pero sí debería establecer controles más eficaces y selectivos para impedir la entrada a inmigrantes no comunitarios mientras continúe destruyéndose empleo.

Sorprende que, en plena recesión, se estén produciendo trasvases tan notables desde la población inactiva, cuando cabría esperar exactamente lo contrario. El Gobierno debería, en este caso, prestar más atención a los efectos perversos que pueden originar algunas de sus bienintencionadas iniciativas. Ofrecer subvenciones a las empresas para contratar a parados o exigir a los municipios que los 8.000 millones del fondo de “inversión” se destinen a obras que empleen a parados, invita a los empresarios a sustituir a sus actuales empleados por desocupados para así cobrar las subvenciones u obtener las adjudicaciones. Tampoco prolongar las prestaciones a los desempleados aumentará los incentivos para encontrar trabajo ni detendrá el trasvase de inactivos. No todas las políticas que relucen ayudan a reducir el paro.

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