Ayudando a comprender

Algunas de las personas decentes, para utilizar la expresión empleada por el Sr. Vázquez-Rial, que apoyaron el lanzamiento de Ciudadanos de Cataluña han desaprobado públicamente la última pirueta del partido, Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (C-PC), que ellos ayudaron a crear. Uno de sus más destacados impulsores, el Sr. Espada, ha calificado de grotesco que el partido “aparezca vinculado con la hez del nacionalismo europeo”. Tras meses de intentar encontrar un socio para poder presentarse a las elecciones europeas y ser rechazado por todos, C-PC ha optado por cerrar un acuerdo con Libertas, un partido nacionalista contrario a los ideas ilustradas que defendía ciudadanos frente al nacionalismo catalán. Naturalmente, Libertas camufla ese nacionalismo con una supuesta defensa de las libertades oprimidas por la burocracia europea, exactamente el mismo argumento que exhiben los nacionalistas catalanes (PSC, CiU, ERC, ICV-EUiA) para despotricar contra el centralismo madrileño. ¿No se habrán dado cuenta el Sr. Rivera y toda su pequeña corte de este detalle? Claro que sí, pero, ellos, como la mayoría de los políticos, están en política para labrarse un futuro y ganarse un sueldo, no para defender principios.

El impulso que originó Ciudadanos era loable y el momento político, la aprobación del proyecto de Estatut de Cataluña el 30 de septiembre de 2005, muy acertado. El resultado, sin embargo, fue lamentable desde la constitución del partido el 7 de julio de 2006. Algunas personas entre las que me cuento, abandonamos el Congreso Constituyente pensando que de aquella farsa y burla al espíritu ilustrado y a los principios democráticos no podía salir nada bueno. Un año después, se confirmaron los peores augurios. En el segundo congreso del partido, los delegados aprobaron el 30 de junio de 2007 una enmienda a la totalidad del Ideario adoptado en el Congreso Constituyente. La enmienda fue presentada por el Sr. Carreras y algunos militantes vieron al fin colmado su deseo de que el partido se situara en en el centro-izquierda del espectro político. Y al contrario, otros afiliados se sintieron muy molestos por esa misma razón. Unos y otros parecían no darse cuenta de algo mucho más grave: con este paso, el partido estaba abandonando el compromiso originario de abordar los problemas sociales desde una óptica racional e iba a convertirse en un partido convencional más.

Algunos hicimos entonces las maletas, horrorizados al constatar que nada quedaba del espíritu inicial de Ciudadanos en aquel cascarón vacío. Muchos de los que aprobaron con sus votos la traición al Ideario originario de Ciudadanos, se han opuesto a este ignominioso pacto electoral y hoy también deben estar pensando en hacer las maletas. Ciudadanos es desde su segundo Congreso un partido sin norte ni rumbo. Que nadie busque coherencia ideológica o razones de peso para explicar sus decisiones: un día intenta pactar con el PP del Sr. Zaplana para acudir a las elecciones generales; otro con UPyD o el CDL para acudir a las europeas; y, si nadie acepta, pues con Libertas. Lo importante para el Sr. Rivera y su entorno de buscavidas es estar ahí, formar parte del circo electoral y mediático y prepararse para sobrevivir en el ‘duro’ mundo de la política ahora que se acerca el final de Ciudadanos.

¿Debería Ciudadanos haber optado en esta ocasión, por apoyar al partido de la Sra. Díez, aunque ésta se haya negado a pactar con ellos? Hay quienes creen que sí y aducen razones de oportunidad política. Si le hubiera prestado ese apoyo hoy, pronostican, Ciudadanos habría llegado a ser una fuerza importante dentro de UPyD tras revalidar sus escaños en Cataluña en 2010. Muy optimista encuentro ese cálculo. Me inclino a pensar que, en este caso, se habría acelerado la descomposición de Ciudadanos y así lo ha debido estimar también el Sr. Rivera. Por otra parte, el argumento de la mera oportunidad política no puede convencernos a quienes nos marchamos de Ciudadanos cuando el partido rechazó su Ideario original que abogaba por una aproximación racional a los problemas sociales guiada por los ideales ilustrados (libertad, igualdad de oportunidades y solidaridad) y el respeto escrupuloso a los principios democráticos (división de poderes, aceptación de la voluntad de la mayoría y respeto a las minorías). ¿Cumple UPyD con estos criterios? Tendremos ocasión de volver sobre el tema.

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