La última cena

Artículo publicado en el diario Expansión el 25 de julio 2009

El Sr. Rodríguez Zapatero convocó el miércoles a los dirigentes de las organizaciones sindicales y empresariales a un ágape en el palacio de La Moncloa en un último  intento por acercar posturas en lo que eufemísticamente se denomina diálogo social. Digo eufemísticamente, porque el mal llamado diálogo social se ha convertido en una suerte de escaparate mediático donde los diversos actores exhiben sonrisas, amagan golpes y filtran noticias para aparecer ante su clientela (trabajadores, empresarios y ciudadanos) como los artífices de pactos que justifican su permanente intromisión en nuestras vidas y los nada despreciables emolumentos que perciben por ello. Como cada vez que el Gobierno sienta a las organizaciones sindicales y patronales a negociar, el único resultado seguro que cabe esperar es un nuevo aumento del gasto y, en estos momentos, del déficit público y de la deuda pública.

Resumamos lo que sabemos sobre los prolegómenos. Pocas cosas han trascendido hasta el momento de lo tratado en las numerosas reuniones a tres bandas mantenidas durante el último año. Los medios de comunicación han difundido la información de que la CEOE exige al Gobierno una reducción las contribuciones de los empleadores a la Seguridad Social (SS) que en unas ocasiones se cifró en 3 puntos y en otras en 5 puntos. También se nos ha transmitido que el Gobierno descarta estas exigencias para “no poner en peligro la viabilidad del sistema de la SS”, pero está dispuesto a rebajar con carácter permanente 0,5 puntos en las cuotas por accidentes de trabajo y enfermedades laborales y a recortar transitoriamente 1,0 punto en las aportaciones al régimen general el año próximo. En cuanto a las demandas sindicales, el Gobierno contempla extender durante seis meses las prestaciones a los trabajadores desempleados que han agotado las prestaciones contributivas y no contributivas, la mitad del tiempo demandado por los líderes de las organizaciones sindicales.

En las horas previas a la cena, las informaciones difundidas insistían en la imposibilidad de cerrar acuerdo alguno, al mantenerse diferencias insalvables entre las posiciones del Gobierno y la CEOE que, más allá de una rebaja simbólica o transitoria en las cotizaciones, insiste en mantener abierta una puerta para debatir la reforma del marco laboral (regímenes de contratación, indemnización por despido, validar el despido por absentismo reiterado, reformar el funcionamiento del INEM, etc.) a la vuelta de vacaciones. Las organizaciones sindicales reaccionaron de inmediato y acusaron a la CEOE de boicotear el acuerdo al poner sobre la mesa temas que CCOO y UGT consideran han de mantenerse fuera del diálogo social en estos momentos. Así las cosas, no me sorprendería nada que el Gobierno tire adelante sus planes en los próximos días y proceda a recortar en 0,5 puntos las cotizaciones destinadas a las Mutuas y a extender durante seis meses las prestaciones a los desempleados. Mucho ruido para tan pocas nueces.

En mi artículo “Un mercado laboral enfermo” (Expansión, 13 julio 2009), apuntaba a tres malformaciones indicativas del pésimo funcionamiento del mercado laboral español en las últimas décadas: el elevado número de contratos registrados y la escasa duración de los mismos; las altas tasas de paro y las enormes diferencias existentes entre CCAA; y, en fin, la elevada proporción de asalariados con contratos temporales sobre los que recae casi exclusivamente el ajuste de plantillas en épocas recesivas. Pues bien, ninguna de estas cuestiones se ha abordado en esta nueva entrega del “diálogo” social y la CEOE hace bien en insistir en la necesidad de abordar con rigor los graves y persistentes problemas del mercado laboral.

Recuerda el planteamiento del Gobierno en esta materia, su respuesta al fracaso del sistema educativo: para combatir los magros resultados obtenidos por nuestros estudiantes, el Gobierno propone aumentar el gasto público “para que cada alumno de primaria tenga un ordenador personal, portátil, que sustituya al libro y al cuaderno”. ¿No se le ha ocurrido al Presidente y a sus asesores que un ordenador no es un elixir mágico y que el fracaso escolar era inferior cuando los niños españoles no disponían de tantos ordenadores como ahora? ¿Tampoco que un ordenador puede servir para buscar información y mejorar el nivel de conocimientos, claro está, pero también para pasarse el día chateando con los compañeros de clase y jugando a matar marcianitos? ¿Ni siquiera se les ha pasado por la cabeza que puede haber otros destinos más productivos para ese dinero, tales como aumentar los incentivos de los maestros, aumentar las horas de atención a los alumnos en clases informatizadas o incluso dejarlo en los bolsillos de los sufridos contribuyentes para que decidan ellos a qué desean dedicarlo?

Volviendo al diálogo social. ¿No se le ha ocurrido al Presidente y a las sindicales que extender sin más las prestaciones a los desempleados desincentiva la búsqueda de trabajo y que hay bastantes parados que no tienen la menor intención de buscar empleo hasta que agoten dichas prestaciones? ¿No se han dado cuenta de que los empresarios hacen contratos temporales para eludir el pago de elevadas indemnizaciones por despido y que al aumentar la rotación de las plantillas también crece el número de desempleados y el gasto en prestaciones del INEM? ¿No se les ha ocurrido pensar que al despiezar el INEM o la inspección de trabajo se está rompiendo la unidad de mercado? ¿No han caído en la cuenta de que la mejor y más apropiada formación no es la que se ofrece gratuitamente en programas financiados por las AAPP y la UE a personas que pueden incluso no tener interés alguno en encontrar un puesto de trabajo, sino la formación que cada uno elige libremente y por la que está dispuesto a hacer algún sacrificio monetario?

Dilapidar el dinero público financiando planes incoherentes que no abordan ni resuelven los verdaderos problemas de nuestra economía se ha convertido en la gran diversión del Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero en el último año. Endeudar al Estado para arreglar las aceras de media España, callar la boca al Sr. Montilla endosándole unos miles de millones de euros, o extender las prestaciones a los desempleados se han convertido, al parecer, en el no va más del progresismo. Los generosos Reyes Magos cuentan con gran popularidad entre los niños de corta edad y los padres afrontamos con resignación un día de dispendio para cumplir sus controlados sueños. Algunos han llegado a Presidente del Gobierno sin saber que hacer de Rey Mago todo el año sale muy caro a los contribuyentes presentes y futuros.

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