Desvirtuar el pasado

Vivimos tiempos de tanta confusión intelectual que con frecuencia a la deshonrosa tarea de  reescribir la historia para encubrir hechos o presentarlos bajo una luz propicia se la denomina pomposamente recuperación de la memoria histórica. Abundan hoy quienes están interesados en reescribir la historia guiados no por la intención de arrojar nueva luz sobre los hechos del pasado, sino por la de convertirse en protagonistas del presente amparados en la excusa de recuperar la memoria perdida. Me permitiré ilustrar esta perversa inclinación a rescribir la historia con una anécdota de carácter casi personal y dos situaciones extraídas de la actualidad política. Luego, me referiré a lo que a mí entender constituye una legítima y loable recuperación de la memoria histórica, exenta del revanchismo pueril e interesado que hemos vivido en los últimos años en España.

Cursé Bachiller Elemental y Bachiller Superior y Preuniversitario en el Instituto de Enseñanza Media Miguel Primo de Rivera de Calatayud, mi ciudad natal, un centro que inició su andadura en 1930 y hace unos años celebró su septuagésimo quinto aniversario. Las actas de los primeros claustros de profesores a finales de 1930 permiten constatar la resistencia de los docentes a otorgar al Instituto el nombre del dictador que destituido en enero de aquel mismo año, se había exiliado en París y había fallecido dos meses después el 16 de marzo de 1930. Pero el caso es que a pesar de esa resistencia de los docentes, el centro recibió el nombre Miguel Primo de Rivera y así lo hemos llamado la inmensa mayoría de los alumnos que hemos pasado por sus aulas a lo largo de más de siete décadas. Pues bien, a propuesta del Consejo Escolar del Centro, el Boletín Oficial de Aragón publicó el 15 de marzo 2006 una resolución que oficializaba el cambio de denominación del centro, que, a partir de ese momento, pasó a llamarse Instituto de Educación Secundaria Leonardo de Chabacier, nombre artístico del pintor Jusepe Chavaciel y Solimón, nacido en Calatayud en 1601 desde donde se trasladó a Madrid en 1612 para proseguir allí su formación pictórica y su labor artística.

Reescrita esta insignificante esquinita de una página de la historia bilbilitana, pocos serán a partir de ahora los nuevos alumnos del centro que conozcan su anterior denominación y las razones por las que el centro llevó el nombre de Miguel Primo de Rivera desde su creación. Ninguno de los hechos acaecidos entonces se ha alterado un ápice con esta decisión burocrática del Consejo Escolar: ni la petición de crear un centro de enseñanza media elevada por Sr. Bardagí, entonces alcalde de la ciudad, al dictador en su visita de 1927, ni la decisión adoptada un año después por el gobierno que presidía Don Miguel Primo de Rivera de construir el centro, ni la resistencia del claustro de profesores a otorgar al centro el nombre de un prohombre ya caído en desgracia y hasta enterrado en el momento de su inauguración. Resulta evidente que el cambio de denominación del Instituto no tiene otra explicación que la de satisfacer el pueril afán de revancha (¿contra Primo de Rivera?) de algunos miembros del Consejo Escolar que propusieron tan absurda iniciativa, setenta y seis después del fallecimiento del general Primo de Rivera, y consiguieron sacarla adelante con una mayoría exigua: un voto. Muy “zapateril” todo el embrollo.

Entendería que impulsados por la euforia ambiente que rodeó la proclamación de la Segunda República, se hubiera procedido a cambiar el nombre del centro a comienzos de los años 30 del pasado siglo para satisfacer el ansia de los republicanos, enemigos declarados de Primo de Rivera, como comprendo los excesos de algunos iraquíes que, tras la huida del dictador Sadam Hussein, hicieron gala de su bien atesorado valor y salieron a la calle para derribar las estatuas del dictador, una vez, claro está, que éste había huido tras ser derrocado por las tropas estadounidenses. Pero cambiar los nombres de centros educativos, calles y plazas o retirar estatuas de dictadores setenta años después de haberse producido los hechos motivo del oprobio, me parece un ejercicio hipócrita que no busca recuperar la memoria sino reescribir la historia a favor de quienes impulsan estas iniciativas buscando un ramplón beneficio político.

 

Lo ocurrido en mi ciudad tiene, además, otra connotación muy a tono con los nuevos tiempos educativos que corren, donde el localismo se sobrepone a cualquier otra consideración, como muy bien aclara el Proyecto Educativo de Centro que en el ámbito ideológico subraya “los principios de identidad”. ¡Y uno que creía que la educación servía para abrir ventanas al mundo y hacernos conocer los principios de validez general y universal! Tanto progreso desde los años 60 para caer ahora en el localismo más nefasto: el identitario. Ni siquiera en aquellos tiempos en que el Instituto se llamaba Primo de Rivera y vivíamos inmersos en otra dictadura bastante más severa que la que protagonizó el propio general Primo de Rivera, aparecía su nombre en el escudo del centro, donde sí podían verse superpuestos sobre el azul del cielo y la silueta rojiza del castillo de Ayub, la rosa de los vientos y los símbolos de las artes y las ciencias.

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5 comentarios

Archivado bajo Política nacional

5 Respuestas a “Desvirtuar el pasado

  1. Palmario

    Conclusión: Ya vemos a lo que tienen miedo. O irracional pánico, incluso.

  2. Javier

    Yo estudié el bachiller en ese centro y no sabía que le habían cambiado el nombre.
    Tu articulo me evoca recuerdos de adolescente.
    Como asiduo a tu blog me gustaría que de vez en cuando hagas referencia a calat-ayud y comarca: Pasado y presente.
    Gracias. Un abrazo

    • Clemente Polo

      Lo intentaré, amigo. De momento, este pequeño homenaje a nuestro Instituto Primo de Rivera y que conste que nada tengo en favor de Don Miguel y mucho menos en contra de Don Leonardo. Más que uno y otro me conmueve el recuerdo de profesores, bedeles y administrativos, la severidad de la escalera y los techos, el recuerdo del patio donde jugábamos y hacíamos gimnasia, el azul intenso del cielo azul y una valla de piedra que lindaba con el campo abierto y que un día se derribó para ampliar el patio y levantar la nueva nave donde se instalaron los laboratorios. Hace ya años que, todos esos campos, se convirtieron en una urbanización.

  3. Maria José Giménez

    Hola Clemente. Yo también estudié en ese instituto.Fuimos al mismo curso aunque no coincidimos en la misma clase. Recuerdo a mi madre hablando con la tuya en vuestra zapatería donde siempre compró los zapatos de toda la familia.
    También te recuerdo saliendo a defendernos de un chico que nos daba patadas a dos chicas y a mi en la puerta del instituto.
    Yo estudié en Calatayud la carrera de música, piano, y en Barcelona Ciencias de la Comunicación.
    Menudo partido esos de UP yD.!!

    • Hola, María José.Me alegro aunque sea a través del blog me hayas hecho llegar tus tan amables recuerdos. Siempre he sido algo Quijote. Ahora me pregunto si acabarían zurrándome aquellos dos rapazuelos. Espero tener ocasión de volvernos a ver pronto. Un fuerte abrazo de paisanos.

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