Las mentiras de una nacionalista

Artículo publicado en Libertad Digital el 14 de diciembre de 2009

Cualquier ciudadano que aspiró a vivir tras la dictadura franquista en una sociedad libre y abierta y haya vivido en Cataluña durante las últimas décadas, además de haber visto recortados algunos derechos fundamentales reconocidos por la vigente –¡quién lo diría!– Constitución de 1978, sabe muy bien cuál es el ingrediente esencial del régimen nacionalista que instauró el Sr. Pujol en 1980 y que continuaron sus sucesores, los Sres. Maragall y Montilla, al frente de la Generalitat: maquillar la historia y realidad presente de España y, sobre todo, de Cataluña, para hacer creer a los ciudadanos residentes en esta comunidad –la mayoría, por cierto– venidos de otras partes de España y otros países algo más lejanos, que son víctimas de un expolio perpetrado por los españoles del que únicamente podrán librarse si Cataluña se transforma en un Estado independiente. Y pobre de aquél que no comparta esta mentira y su corolario xenófobo, porque será inmediatamente arrojado a las tinieblas e incluido en la lista de traidores al “pueblo catalán”.

Un artículo publicado por la Sra. Rahola, fundadora y líder del fracasado Partido por la Independencia, sobre el legado del fotógrafo Don Agustí Centelles ilustra de manera paradigmática como razona o, mejor, desvaría, una mente infectada por el virus nacionalista. Comienza la Sra. Rahola su alegato en la tribuna calificando un hecho que debiera contemplarse con total normalidad, la adquisición del legado por el Ministerio de Cultura tras alcanzar un acuerdo con los hijos y herederos del fotógrafo, de “expolio económico” y estafa sonora “a la memoria del propio Agustí Centelles”. He aquí reunidos todos los ingredientes a los que hace un momento me refería: victimismo, expolio y traición de los disidentes, los descendientes del fotógrafo en este caso. Y es que para el corto y nublado entendimiento de una independentista resulta inconcebible que el legado del Sr. Centelles acabe en el Archivo General de Salamanca, el archivo histórico más importante de España y, por tanto, también de Cataluña.

El feroz enseñamiento de la Sra. Rahola con los malos catalanes, los hijos del Sr. Centelles, da una idea de lo que esta señora podría ser capaz de hacer en circunstancias más propicias para la práctica de la violencia totalitaria, como en los felizmente lejanos años de desgobierno que padeció Cataluña durante la Guerra Civil española. A la manifestación que hizo uno de los hijos del fotógrafo “de que nunca permitirían que la Generalitat se lo quedara [el legado], con lo mal que se habían portado”, la heroína nos cuenta haberle respondido que “no se estaban vengando de la Generalitat… sino dejando sin legado al pueblo de Cataluña”. Esta mujer, aunque gritona ya no una niña, parece no haberse percatado todavía de que ese Ebro que desemboca en Tarragona nace en Santoña y de que el Imperio Romano abarcaba el Mare Nostrum, de orilla a orilla, hace dos mil años. Tampoco parece hacerse cargo de que el legado del Sr. Centelles no pertenecía al pueblo de Cataluña sino a sus descendientes legales que han hecho con él lo que les ha parecido más apropiado para su conservación, como haríamos cualquier hijo de vecino, incluida la Sra. Rahola, con el legado de nuestros padres.

Tampoco faltan en la pieza de la Sra. Rahola duras invectivas dirigidas, ¡cómo no!, contra los expoliadores españoles, al frente de los cuales coloca a la Sra. González-Sinde, ministra de Cultura. La ministra, afirma, forma parte de la banda de mentirosos que firmaron “un manifiesto contra el catalán” y denunciaron la “persecución del castellano”, y la acusa de ser incapaz de comprender “la pluralidad cultural del Estado”. ¡Qué inventiva victimista! La ministra no ha firmado ningún manifiesto contra el catalán que yo sepa y si España (no el Estado) es plural en muchos aspectos, incluido el lingüístico, Cataluña resulta ser incluso más plural que España. Pero tan grande es la viga que tiene atravesada en sus ojos la Sra. Rahola que achaca a la Sra. González-Sinde y al Gobierno español lo que es patrimonio personal suyo, del Gobierno catalán y de cualquier nacionalista catalán: la mentira reiterada, la deslealtad permanente hacia el resto de españoles e instituciones comunes reconocidas en la Constitución (Gobierno de España, Cortes Generales y Tribunal Constitucional), la negación de la pluralidad cultural de Cataluña y la violación continuada de derechos fundamentales de quienes residimos en esta comunidad autónoma.

A pesar de la pluralidad incontestable de la sociedad catalana en la actualidad, la mayoría (sí, bien digo, la mayoría) de los españoles que aquí residimos estamos obligados a contribuir con nuestros impuestos a sostener al Gobierno catalán y soportar al mismo tiempo que se excluya nuestra lengua habitual, el castellano (más conocido como español urbi et orbe) dentro de la asfixiante galaxia que forman las administraciones públicas catalanas y su materia oscura: medios de comunicación y empresas públicas y la miríada de asociaciones y fundaciones que flotan en el espacio unidas por un cordón umbilical a los presupuestos públicos. También tenemos que aguantar que la lengua y literatura castellanas reciban el mismo trato que el inglés en la enseñanza primaria y secundaria en Cataluña y que el Gobierno y el Parlamento catalán incumplan con toda impunidad los Reales Decretos de enseñanzas mínimas y las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

¿A que recuerda este régimen nacionalista a otro felizmente ya marchito? A mí, desde luego, al régimen nacional sindicalista del general Franco bajo cuya tutela fui educado pero cuyos postulados e imposiciones siempre rechacé desde mi adolescencia. La misma aspiración a vivir en libertad en una sociedad abierta que me animaba entonces, me impulsa hoy a combatir los mitos e imposiciones totalitarias del régimen nacionalista catalán que preside el Sr. Montilla con la inestimable ayuda de su vicepresidente, Carod-Rovira, el hombre que renunció a su apellido paterno, Pérez, para encubrir sus plurales orígenes a su fraternal prole antiespañolista y antiborbónica 

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1 comentario

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Una respuesta a “Las mentiras de una nacionalista

  1. gonzalo

    Una tarde pegado al ordenador, curando un resfríado…Gracias a este ocio forzado he podido encontrar este magnífico blog y ver que su autor es un aragonés (como yo) educado en un instituto de Calatayud.

    Yo me eduqué en el Goya de Zaragoza en los sesenta y tuve la suerte de tener un gran profesorado seglar y muy competente. El cátedro de Literatura, Sr. Alda, me inculcó, gracias a su devoción a la generación del 98 un definitivo y granítico amor a España que me ha ayudado a sobrellevar sin desmayo mi ya larga estancia en Barcelona que ya supera los 30 años. Que un vasco medular como Unamuno se sintiera realizado en Salamanca, un andaluz como Machado amara de corazón el campo soriano, un levantino como Azorín viviera en Madrid y escribiera las más bellas páginas sobre Castilla, nos debe hacer reflexionar ahora que cada región se va encerrando en sí misma y es cada vez más raro que un profesional aragonés vaya a trabajar a Cataluña o al revés.
    Hay algo que quisiera puntualizar viendo que el valiente autor de este blog llama insistentemente castellano a nuestra lengua común. Me extraña pues en Aragón siempre lo hemos denominado español y seguramente Aragón, Navarra tuvieron tanto que ver en el nacimiento de esta lengua como la vieja Castilla.

    Pero los nacionalistas que participaron en la redacción del la Constitución del 78 colaron el formidable gol de que se denominara castellano en exclusiva y no como la de la República que lo denominaba de las dos maneras. Esto tiene una gran importancia en el extrañamiento progresivo y sin cuartel de la lengua común de amplias zonas de España. Es conocido que poner nombre a las cosas da un gran poder sobre ellas. ¿ qué tiene que hacer algo castellano en Cataluña, por ejemplo? Asi lo tienen más fácil los nacionalistas en esta guerra sin descanso contra nuestra lengua común.
    Un cordial saludo

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