Recesión, crisis y recuperación I

El pasado 26 de enero participé como invitado en la cena coloquio organizada por el Foro España. Aunque han aparecido algunos datos nuevos y la estimación de crecimiento para el cuarto trimestre de 2009 del Banco de España he mantenido sin modificar el texto de la conferencia cuyas tres primeras partes pueden leer a continuación.

1.      Introducción

El 23 de enero de 2009 publiqué en Libertad Digital un artículo titulado “¿Por qué la recesión será severa y larga?” en el que resumía otro artículo más extenso titulado “Mala gestión: recesión y crisis” que envié a un diario económico el 5 de noviembre de 2008 pero nunca llegó a publicarse. El título del primer artículo apunta a la inadecuada gestión realizada por los Gobiernos de España durante el período de bonanza 1996-2008 que precedió al estallido de la crisis financiera el 15 de septiembre 2008, cuando el  banco de inversión estadounidense Lehman Brothers presentó la quiebra en un juzgado ‘neoyorkino’. Como puede deducirse del orden en que aparecen las otras dos palabras del título, recesión y crisis, otorgaba mayor importancia a la inevitable recesión en ciernes que a la crisis financiera y advertía que “se avecinan tiempos muy duros para la economía española” abocada a “un período de contracción, primero, seguido por un período de bajo crecimiento, después, más en línea con lo ocurrido durante la década negra (1976-1985) de la economía española que en la recesión de 1992-93”.

Justificaba mi diagnóstico tan pesimista de la economía española apuntando a tres hechos incontrovertibles: primero, los fuertes desequilibrios financieros y productivos acumulados durante los años de bonanza (1996-2007) reflejados en el endeudamiento creciente de los residentes con el resto del mundo; segundo, la imposibilidad de devaluar la moneda para restablecer la competitividad de nuestros bienes y servicios y de modular la política monetaria, en manos del BCE desde enero de 1999, a nuestras necesidades; y tercero, la ausencia de impulsos externos favorables a diferencia de lo que ocurrió al entrar en la CEE en 1986 y durante el período de convergencia para acceder a la UEM entre 1995 y 1998. Hace unas semanas publiqué un artículo (Expansión, 4 de enero de 2010) cuyo título, “Solos ante el peligro”, llamaba la atención sobre la circunstancia de que, por primera vez desde 1986, tenemos que enfrentarnos a una situación económica muy complicada sin contar con los instrumentos empleados para afrontar situaciones similares en el pasado ni con el favorable viento de popa que nos ha impulsado en otros momentos de nuestra reciente historia económica.

Con frecuencia, escuchamos a los políticos, tanto en el Gobierno como en la oposición, expresar su confianza en la capacidad de los españoles para salir (incluso fortalecidos) de la actual recesión y para convencernos nos recuerdan que ‘de otras situaciones peores hemos salido’. Dejando al margen la retórica, lo cierto es que los últimos 50 años de nuestra historia (1960-2010) ejemplifican lo que los economistas llamamos un milagro económico: la renta per capita de los españoles se ha multiplicado por 5,3 en cinco décadas y los españoles se han hecho visibles en el mundo en todos los campos (empresarial, científico, técnico, artístico, deportivo, etc.) dejando atrás varias centurias de ensimismamiento y atraso.

Pero sería una frivolidad creer que los éxitos pasados garantizan los futuros. Lo logrado hasta hoy es un buen punto de partida, pero los resultados que obtengamos en el futuro dependen en buena parte de que adoptemos las decisiones colectivas e individuales apropiadas para competir en un mundo cada día más globalizado y afrontar con seriedad los problemas que plantea la gestión del estado de bienestar en una sociedad madura. A corto y medio plazo nos esperan unos años complicados: ni hay agua milagrosa que pueda quitarnos de encima el cáliz de paro, déficit público y déficit exterior en los próximos años, ni nadie va a regalarnos nada de aquí en adelante.

2.      Desequilibrios productivos y financieros e irrupción de la crisis

Como he dicho en la Introducción, durante el período de bonanza (1996-2007) se fueron acumulando fuertes desequilibrios productivos y financieros en la economía española.

A. Desequilibrios productivos

En el ámbito productivo, los desequilibrios productivos tenían una doble naturaleza. Por una parte, los bajos tipos de interés y las facilidades otorgadas por las entidades financieras dispararon la demanda interna de consumo e inversión y, dentro de esta última categoría, la demanda de inmuebles y otras construcciones. El sector Construcción fue engordando año tras año hasta adquirir unas dimensiones sencillamente aberrantes en 2007, tanto en términos de participación en el PIB (10.61 %) como el empleo (13,25 %). Y lo que resultaba incluso más preocupante: la inversión en Vivienda (97.517 millones) y Otras Construcciones (90.084 millones) absorbió el 57,99 % de la inversión total (323.521) ese año. Para cualquiera que quisiera verlo, la Construcción se había convertido en un agujero negro que engullía casi el 60 por ciento de la inversión de la economía. Por otra parte, una fracción creciente de la demanda de consumo e inversión se satisfacía no con bienes y servicios procedentes de empresas localizadas en España sino con importaciones. Es verdad que también las exportaciones crecían pero la brecha entre exportaciones e importaciones alcanzó la asombrosa cifra que ya del 10,02 % del PIB. Si España hubiera tenido una moneda propia y control sobre su política monetaria, las autoridades habrían elevado los tipos de interés y devaluado la moneda como muy tarde en 2002.

B. Desequilibrios financieros

Durante esos años felices, las familias, empresas no financieras y entidades financieras se endeudaron alegremente para financiar sus compras corrientes (consumo) y adquirir activos, financieros y no financieros, especialmente suelo e inmuebles cuyos precios se dispararon entre 2001 y 2007. En última instancia, el crecimiento del crédito interno que alimentaba la expansión del consumo y la inversión se sustentaba en el creciente endeudamiento de las entidades financieras y grandes empresas no financieras en el exterior y su refinanciación dependía en buena medida de la existencia de liquidez internacional y de la confianza de los inversores extranjeros en nuestra economía. En 2007, la diferencia entre la inversión bruta en el territorio y el ahorro bruto de los residentes alcanzó su record histórico, 10,02 del PIB, casi triplicando los valores más elevados registrados en los años finales (1974 y 1991) de otros períodos de expansión.

Como indiqué en un artículo titulado “Ahorro, inversión y saldo de operaciones corrientes” publicado en mayo de 2005, tres años antes de que se hablara de crisis financiera y se iniciara la actual recesión, “en ausencia de financiación exterior neta, la participación de la formación bruta de capital en el PIB sufrirá un recorte que afectará a los niveles y a la distribución de la inversión realizada por las distintas ramas de la economía. Cuanto más se concentre la caída en el sector de Actividades inmobiliarias, mayor será su impacto sobre la Construcción pero menor sobre el resto de sectores y sobre la productividad de las ramas exportadoras. Por ello, es importante que se modere la evolución de los precios del suelo y la vivienda para eliminar las rentas extraordinarias que atraen recursos al sector. Lo que seguramente es inevitable es una ralentización del crecimiento y una elevación de la tasa de paro en los próximos años”.

C. Irrupcion de la crisis internacional y respuesta

Pues bien la liquidez y la confianza internacional se esfumaron en el último cuatrimestre de 2008 y las vergüenzas de la economía española quedaron expuestas a la vista de todos. Si bien se habían producido algunas sacudidas en el sistema financiero internacional en 2007 y el primer semestre de 2008 (Bear Sterns, por ejemplo, fue adquirida por JP Morgan en marzo), fue a raíz de la quiebra de Lehman Brothers y la intervención de la aseguradora AIF cuando se derrumbó la confianza en el sistema financiero a ambos lados del Atlántico. Ya no había ninguna duda de que el valor de los activos de muchas entidades era inferior al de sus pasivos y de que la brecha sólo podía ensancharse a medida que las caídas de la producción y el empleo en los siguientes trimestres aumentasen la morosidad. Muchas entidades financieras, empresas no financieras y familias estaban ya (o iban a estar pronto) técnicamente en quiebra y el crédito dejó de fluir tanto entre entidades financieras (mercado interbancario) como entre éstas y sus clientes, las empresas no financieras y las familias.

Para evitar el hundimiento del sistema financiero (y con él del sistema productivo) en los países desarrollados, la Reserva Federal, el BCE y otros Bancos Centrales redujeron los tipos de interés a mínimos históricos (0-1 por ciento) y, contraviniendo sus propias reglas de funcionamiento, ampliaron los plazos y aceptaron activos distintos a los habituales a precios sobrevalorados como garantía para suministrar liquidez a las entidades en apuros. Los Gobiernos de la UE (EE.UU.), por su parte, elevaron a 100.000 € (200.000 $)  por entidad la cobertura de los depósitos para tranquilizar a los depositantes y crearon fondos para adquirir activos en subastas y avalar la refinanciación de las deudas de las entidades financieras

D. Medidas del Gobierno para apuntalar el sistema financiero y productivo

Por su parte, el Gobierno español creó en noviembre de 2008 varios fondos para suministrar liquidez a las entidades financieras y empresas. El  Fondo de adquisición de activos  financieros (FAAF)  se dotó con 30.000 millones (ampliable a 50.000 millones) para adquirir activos en subastas activos de máxima calidad de las entidades financieras. El Gobierno también dotó un fondo con 100.000 millones para avalar la refinanciación de la deuda exterior de las entidades financieras hasta junio 2010. Finalmente, abrió una línea especial de 10.000 millones  en el ICO para facilitar la financiación a pequeñas y medianas empresas y aumentó los techos de otras líneas ya existentes. También creó en junio de 2009 el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) dotado con 10.000 millones (2.250 millones, 2.250 procedentes del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) y 6.750 de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y la posibilidad de utilizar los remanentes del FAAF y emitir deuda avalada para financiar la reconversión del sector financiero.

En diciembre de 2008, el Gobierno creó el Fondo de Inversión Local dotado con 8.000 millones para realizar obras públicas de menor entidad (hasta 4 millones) en varios miles de Ayuntamientos de toda España. . El Gobierno adoptó también en 2009 otras medidas de menor entidad (recortes impositivos, ampliación de plazos fiscales y ayudas a familias y sectores específicos, etc.) dirigidas a facilitar el cumplimiento de las obligaciones fiscales, favorecer la contratación de trabajadores, contener la morosidad de familias y empresas, estimular la demanda de automóviles, subvencionar la inversión en algunos sectores, etc. Según la Oficina Económica del Presidente, las operaciones líneas ICO por todos estos conceptos alcanzaron 18.990 millones. En junio, el Gobierno aprobó también un crédito extraordinario de 16.773 millones en junio para poder abonar las prestaciones a los desempleados que alcanzarán la imponente cifra de 33.000 millones y para cuyo pago el Gobierno ya ha presupuestado 32.000 millones en 2010. Asimismo, puso en marcha dos planes de inversión local por una cuantía de 8.000 millones

3.      ¿Dónde estamos?

Las medidas adoptadas han impedido el desplome del sistema financiero en los países desarrollados y los tímidos aumentos del PIB en Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia en los dos últimos trimestres apuntan a que el riesgo de padecer una gran depresión se ha conjurado. No obstante y pese a la vuelta a los beneficios, la morosidad ha aumentado y la situación de bastantes entidades financieras continúa siendo delicada, especialmente en aquellos países donde el auge inmobiliario fue más intenso. Gracias a los bajos tipos de interés, las familias con hipotecas indiciadas han visto aliviada su carga, no así las empresas y consumidores que pagan tipos mucho más elevados y han de evaluar con más rigor las oportunidades de inversión. Algo, por cierto, deseable. A pesar de la laxa política monetaria y los paquetes de estímulos puestos en marcha, en la mayoría de los países se sigue destruyendo empleo, el paro continúa aumentando y el déficit público ha alcanzado niveles record en tiempos de paz.

A. La economía real se ha desplomado en 2009, aunque la caída se está moderando

En España, a pesar del aumento del consumo, la inversión y las transferencias públicas, las empresas que no han desaparecido están operando muy por debajo de su capacidad. El PIB caerá oficialmente en torno al 4% en 2009, si bien hay razones fundadas para pensar que la recesión está siendo mucho más dura de lo que se reconoce. En las estadísticas oficiales, las mayores caídas en el valor añadido bruto (índices de volumen) se han registrado en la Industria (entre el 13 y el 21 por ciento), Energía (entre el 5 y 11 por ciento) y Construcción (en torno al 7 %). Desde el punto de vista de la demanda, la recesión se refleja en caídas del consumo privado notables (-6,9, -7,5 y -4,2 por ciento en tasas interanuales) y el derrumbe  de la inversión privada (-14,6, -18,2 y -13,2 por ciento en tasas interanuales) en los tres primeros trimestres de 2009. Estamos, sin duda, ante la mayor recesión que ha registrado la economía española desde que disponemos de datos medianamente fiables. En mi artículo “¿Es más dura la recesión de lo que nos dicen?” (Expansión, 1 diciembre 2009), explico por qué la caída ha sido probablemente bastante más dura de lo que sugieren las cifras oficiales.

Las tasas interanuales de destrucción de empleo han rondado el 7 % (6,42, 7,25 y 7,26 por ciento) en los tres primeros trimestres de 2009 y desde el III trimestre de 2007 se han perdido 148.100 puestos de trabajo en Agricultura, 539.900 en Industria, 867.200 en Construcción y 85.700 en Servicios. El número de parados ha crecido a tasas espeluznantes (84,47, 73,73 y 58,67 por ciento) en los tres primeros trimestres de 2009 y la tasa de paro del tercer trimestre alcanzó el 18,04 %, 6,67 puntos más que en el tercer trimestre de 2008 y 9,96 puntos más que en el tercer trimestre de 2007 (8,08 %). Estamos pendientes de las cifras del cuarto trimestre, pero la Comisión de la UE ya ha avanzado que la tasa de paro en España supera el 19,0%.

B. El sector financiero ha resistido, aunque hay serios problemas irresueltos por falta de decisión del Gobierno y del BdE

En España, las entidades financieras han resistido aceptablemente 2009 a pesar del fuerte aumento de la morosidad que ha alcanzado el 5,06 % en noviembre, la cifra más alta desde 1996. Los mayores problemas se concentran en un segmento relativamente pequeño, los Establecimientos Financieros de Crédito (EFC), cuya tasa de morosidad alcanzó el 9,79 %. Le siguen las Cajas de Ahorros con una tasa de morosidad del  5,26 %, medio punto superior a la de los bancos (4,70 %). A pesar de los aumentos en dotaciones del conjunto del sector (140.000 millones), la mitad de las Cajas tienen niveles de capital inferiores al óptimo (7 %) y una de cada cuatro dificultades para financiarse emitiendo cédulas por falta de créditos de calidad en su activo que las respalden. Hasta el momento, las Cajas han sido las grandes beneficiarias del FAAF (19.302 millones) y del fondo creado por el Gobierno para avalar emisiones de deuda: casi 42.000 sobre un total de 48.875 millones. A pesar de todas las ayudas, el volumen de créditos vivos en noviembre de 2009 fue de 1,83 billones,  1,06% menos que un año antes.

A pesar de ser conocidas las dificultades que atravesaban (y atraviesan) bastantes entidades financieras, principalmente Cajas de Ahorro, reconocidas por el propio BdE, el organismo supervisor y el Gobierno han mostrado una preocupante pasividad desde septiembre de 2008. Hasta el 29 de marzo de 2009, el BE no intervino a CCLM, cuando la situación de la entidad resultaba ya insostenible y hasta el 3 de noviembre no se adoptó la decisión de fusionarla con Cajastur a cambio de 1.300 millones destinados a suscribir participaciones preferentes (400) y cuotas participativas (900) y 2.475 millones adicionales para avalar créditos fallidos de CCM. La fusión de Caja Sur (400 millones de pérdidas previstos en 2009) con Unicaja todavía no se ha materializado, siendo las cifras comprometidas en este caso por ambos conceptos 450 y 500 millones, respectivamente. Las cifras involucradas sólo en estas dos operaciones exceden ampliamente los 2.975,3 millones del FGD de las Cajas a finales de 2009.

Por otra parte, el FROB, aprobado el 26 de junio de 2009 por el Gobierno con una dotación de 10.000 millones para facilitar la reconversión del conjunto del sector financiero, continúa en el limbo, al no haber presentado el Gobierno español a la Comisión Europea su propuesta hasta el 2l de enero de 2010, casi año y medio después del estallido de la crisis. La posibilidad de obtener fondos públicos (hasta un 2 % de los activos con riesgo contempla la propuesta enviada por el Gobierno a Bruselas) ha impulsado a algunas entidades, como Caixa Cataluña, a iniciar procesos de fusión con el beneplácito del gobierno catalán. En otras CCAA, como Castilla y León, Galicia, etc., los intereses locales están dificultando el proceso de fusión. Hay razones fundadas para pensar que la reconversión del sector se está dilatando y mediatizando por las interferencias de los gobiernos de las CCAA y las CCLL que consideran a las Cajas meros instrumentos para promover sus ‘proyectos’ y ‘apuestas’ locales.

C. Las finanzas públicas se han  desfondado y tenemos déficit para bastantes años

La reducción de los ingresos públicos del Estado, achacable a la caída actividad y aumento del fraude apreciable en 2008, se ha convertido en una verdadera sangría en 2009. Los recursos no financieros se han desplomado (22,24 %), impulsados por la fuerte caída (23,03 %) de la recaudación impositiva. Esta circunstancia, unida al fuerte incremento de los empleos no financieros (21,53 %) han provocado un aumento descomunal del déficit público del Estado y del conjunto de las AAPP. La necesidad de financiación del Estado que en 2008 fue 30.248 millones (2,78 % del PIB) alcanzó a finales de noviembre la cifras de 71.572 millones (6,85 % PIB) y, para el conjunto de las AAPP, el déficit ha pasado de 44.203 millones en 2008 (4,06 % del PIB) y superará los 100.000 millones en 2009 (10 % del PIB).

A la vista de estas cifras desoladoras, el Gobierno elevó en junio de 2009 los tipos de los impuestos especiales que gravan los productos energéticos, el alcohol y el tabaco muy considerables.[1] En los PGE para 2010, se contempla también subidas de los tipos de IVA que pasan del 7 al 8 por ciento para el reducido y del 16 al 18 por ciento en el general a partir del 1 de julio de 2010.[2] Por otra parte, los PGE contemplan también elevar el gravamen sobre rendimientos del capital,[3] eliminar el crédito de 400 euros, una de las promesas con las que engatusó al electorado el Sr. Rodríguez Zapatero en la campaña electoral de 2008 (5.700 millones), y suprimir las desgravaciones por compra de primera vivienda en el IRPF. En sentido contrario, el Gobierno reduce el impuesto de sociedades para algunas PYMES y autónomos.[4] El impacto anual de todas estas medidas se estima en torno a 11.000 millones de los que 6.500 se harán efectivos en 2010. Por el lado del gasto, los PGE contemplan una reducción de 2.600 millones el gasto de los distintos departamentos gubernamentales.

Para financiar el enorme déficit y las amortizaciones de la deuda viva, el gobierno ha inundando el mercado con emisiones nuevas en magnitudes y frecuencia nunca vistas: 219.782 millones en 2008 y otros 211.500 millones según las previsiones de los PGE para 2010. La deuda total en circulación sobre el PIB que alcanzó un mínimo (36,2 %) en 2007, se situará posiblemente en torno al 58 % a finales de 2009. De momento en enero, se han emitido ya 19.900 millones en enero y en la última subasta celebrada el 21 de enero el Estado únicamente pudo obtener 1.259 millones a 20 años a un interés del 4,856 %, con un premio de 85 centésimas sobre títulos similares emitidos por el Tesoro alemán; en el caso de las obligaciones a 10 años ese diferencial ha superado ya los 100 puntos básicos.

¿Quién está adquiriendo la deuda? En gran medida las entidades financieras que utilizan la liquidez obtenida del BCE al 1% para comprar deuda a tipos mucho más elevados y obtener una considerable rentabilidad. Entre septiembre de 2007 y septiembre de 2008, las entidades financieras adquirieron el 50.19 % de los 115.855 millones de deuda emitidos por el Tesoro. Al absorber estas compras la liquidez inyectada por el BCE,  las empresas y las familias continúan encontrando dificultades para financiarse y han de pagar tipos bastante más elevados que el Tesoro. En algunos casos, las empresas no financieras están recurriendo a emitir obligaciones convertibles como fórmula para captar recursos.

D. Conclusión

Nos encontramos todavía inmersos en una recesión que ha sido muy severa (la más intensa desde que tenemos registros estadísticos medianamente fiables), que ha producido una fuerte destrucción de empleo y un aumento brutal del número de parados y de la tasa de paro. La contracción de la actividad, las rentas y el empleo ha diezmado los ingresos públicos y disparado las ayudas y el gasto del Gobierno para ayudar a sectores en apuros (entidades financieras, empresas de construcción, trabajadores en paro, distribución automóviles, etc.). ¿El resultado? Un aumento sin precedentes del déficit público que este año superará el 10 % del PIB


[1] El Gobierno elevó 2,9 céntimos por litro los impuestos de la gasolina y el gasóleo para usos no profesionales. Asimismo, pasó el impuesto mínimo de 70,0 a 91,3 € por cada 1.000 cigarrillos y creó un impuesto mínimo de 50 € por kilo de picadura; los tipos proporcionales se mantuvieron inalterados (57 % para los cigarrillos y 41,5 % para la picadura); y los tipos específicos aumentaron de 8,2 a 10,2 euros por cada 1.000 cigarrillos y se introdujo un gravamen de 6 € por kilo la picadura. El tipo proporcional sobre cigarros y cigarritos pasó del 13,5 al 14,5 por ciento y el del resto de labores de tabaco del 25 al 26 por ciento sobre el valor de venta.

[2] El Estado estima un incremento en la recaudación de 5.150 millones.

[3] Se crea un gravamen con dos tipos: 19 % para los primeros 6.000 euros y 21 % para el resto. El gravamen existente era del 18 %. El Estado espera recaudar 800 millones más.

[4] Para PYMES con menos de 25 trabajadores y una facturación inferior a 5 millones que hayan mantenido el empleo se reduce temporalmente el tipo de sociedades del 30 al 25 por ciento. En el IRPF, se adopta una medida similar para los empleadores autónomos. El coste de esta medida se cifra en 700 millones.

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1 comentario

Archivado bajo Economía

Una respuesta a “Recesión, crisis y recuperación I

  1. Vicente Carbona

    Excelente análisis. Tenemos un serio problema, y parece que los que tienen las manos en el timón no saben pilotar en aguas globales. La situación es, francamente, deprimente. Y los especuladores están apostanto miles de millones contra el euro. Tormenta a la vista. Better batten down the hatches.

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