Un abismo

Artículo publicado en Factual el 3 de abril de 2010

Los dirigentes del PP, principal partido de la oposición, han descalificado una y otra vez las medidas adoptadas por el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero para afrontar la crisis financiera y la recesión económica, aunque en no pocas ocasiones (creación de diversos fondos para ayudar a entidades financieras, ampliación de las prestaciones a los parados y establecimiento de nuevas líneas de crédito del ICO) las han apoyado. No han sido muy explícitos, sin embargo, a la hora de explicarnos cómo hemos llegado a la situación en que nos encontramos a comienzos de 2010 y qué medidas habrían tomado para sacarnos del atolladero.

Al escucharles, da la impresión de que si ellos hubieran gobernado ni la crisis ni la recesión habrían llegado y que si ahora pasaran a gobernar podrían sacarnos en un santiamén del pozo: bastaría –dicen– con dar un giro de 180 grados a la política económica del Gobierno, imponiendo austeridad en el gasto y recortando los impuestos, para obrar de nuevo el milagro que ya protagonizamos al hacernos cargo del gobierno en mayo de 1996. ¡Ojalá fuera tan sencillo! En mi opinión andan algo extraviados los responsables económicos del PP si creen que la situación actual guarda parecido alguno con la que heredaron entonces de Felipe González. He aquí un inventario no exhaustivo de las diferencias más notables que separan 2009 de 1996.

1996

En primer lugar, los elevados tipos de interés durante el período de bonanza 1986-1991 hizo que las entidades financieras, las empresas no financieras y las familias fueran mucho más selectivas al decidir sus inversiones y afrontaran la recesión de 1992-93 con una deuda muy inferior a la actual. En segundo lugar, las reducciones de tipos de interés a partir de 1992 y las cuatro devaluaciones realizadas entre septiembre de 1992 y mayo de 1995 hicieron posible que el PIB y el empleo crecieran ya el 2.4 y 2,6 por ciento, respectivamente, en 1996 y los intercambios corrientes con el resto del mundo registraran un superávit del 0,79 % del PIB ese año. En tercer lugar, las medidas adoptadas en 1995 por el último Gobierno del Sr. González redujeron el déficit público del 6,6 % del PIB en 1995 al 5,0 % en 2006, dejándolo 2 puntos por encima del 3 % requerido por el tratado de Maastricht para participar en la UEM. En cuarto lugar, el Banco de España continuó reduciendo el tipo de interés hasta el 3 % para alinearlo con el alemán a finales de 1998, una política que además de añadir más combustible a la demanda de activos, viviendas y bienes de consumo duradero, permitió a las Administraciones Públicas reducir 1,0 punto el peso de los intereses de la deuda sobre el PIB entre 1996 y 1998. Por último, España resultaba todavía un lugar atractivo donde invertir para los países centrales de la UE en 1996 y se había convertido, además, en el principal beneficiario de las generosas ayudas corrientes y de capital de la UE.

2009

¡Qué panorama tan distinto al que presenta la economía española en 2009! El PIB y empleo han caído el 4 y 7 por ciento, respectivamente, las cifras más altas de las que tenemos registros medianamente fiables. El déficit exterior, en plena recesión, se sitúa en torno al 5,6 % y la deuda externa se estima ha alcanzado el 167,5 % del PIB. Los tipos de interés del BCE están en el 1 % y solamente pueden repuntar en los próximos semestres, haciendo más gravoso el pago de los intereses de las deudas privada y pública. El déficit público ha alcanzado el 11,2 % del PIB y la deuda de las AAPP, incluso si se cumpliera el plan de consolidación fiscal del Gobierno, superará el 80 % del PIB en 2013. Para hacer algo más sombrío el panorama, recordaré que la UE cuenta ahora con 27 miembros y España ha dejado de ser tanto un lugar atractivo para los inversores como el principal beneficiario de los presupuestos comunitarios.

Espero que tras de este repaso a nuestra historia reciente, los lectores se habrán convencido de que la economía española en 1996 era una perita en dulce y que hasta el ministro de economía más inepto podría haber cosechado éxitos notables.

Conclusión

Resulta imposible diseñar buenas políticas sin haber hecho previamente un buen diagnóstico de la situación. A estas alturas, pocos analistas (salvo algunos en nómina) se atreverían a mantener que el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero hizo un buen diagnóstico de la situación de nuestra economía en el primer semestre de 2008, ni antes ni después de las elecciones generales del 7 de marzo, o que las medidas que han ido adoptando sus diversos gobiernos desde entonces hayan servido, no ya para detener la destrucción de empleo y aumento del paro (algo imposible e indeseable), sino para trasladar a los inversores y mercados financieros señales inequívocas de que saben lo que están haciendo.

El PP tiene razón cuando acusa al Gobierno de improvisar medidas, despilfarrar varias decenas de miles de millones y no afrontar los grandes retos de nuestra economía. Pero seguimos sin conocer su diagnóstico de la situación –por qué hemos llegado a esta situación– y las reformas financieras, fiscales, laborales y del sistema de la SS que consideran necesarias para alcanzar un crecimiento que no genere los mismos desequilibrios que nos han llevado a dónde estamos. Entre 1996 y 2010 hay un abismo y mientras se limiten a decirnos: “nosotros ya lo hicimos”, los ciudadanos tenemos todo el derecho a ser escépticos.

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