El poder de los presupuestos

Artículo publicado en Factual con el título “Votos a crédito” el 16 de abril de 2010

Es muy pronto para plantearse qué ocurrirá en las próximas elecciones generales de aquí a dos años. Por no saber -se me dirá- ni siquiera podemos estar seguros de que habrá elecciones en 2012 ni de que serán Rodríguez Zapatero y Rajoy, los actuales líderes de los dos partidos con opciones de gobierno, quienes encabezarán las listas de sus respectivas formaciones llegado el momento. Todo ello es verdad. Sin embargo, resulta innegable que el deterioro de la situación económica que se inició en el segundo semestre de 2008 ha jugado un papel importante en el vuelco que se ha producido en la expectativa de voto de ambos partidos, PSOE y PP, desde las elecciones generales celebradas el 7 de marzo de 2008 y todo apunta a que asuntos tan prosaicos como la evolución de la producción, el empleo y la tasa de paro durante el próximo año y medio van a pesar mucho en el ánimo de los electores cuando éstos vuelvan a verse en el brete de depositar su voto en las urnas para elegir a los diputados en el Congreso e, indirectamente, al presidente de Gobierno de España.

El severo y rápido deterioro que registró la situación económica tras las elecciones de 2008 ha dejado al presidente Rodríguez Zapatero en cueros ante unos ciudadanos cuya irritación ha ido en aumento al ver cómo su principal promesa electoral, esto es, el pleno empleo, quedaba sepultada bajo una pesada losa de casi 2 millones de puestos de trabajo destruidos y una tasa de paro cercana al 19 %. Los barómetros del CIS ponen de manifiesto que, al tiempo que el paro y los problemas de índole económica se convertían en las principales preocupaciones de los ciudadanos, se desplomaba la intención de voto hacia el PSOE, que ha pasado del 36,9 % en abril de 2008 al 24,6 % en enero de 2010. Resulta muy significativo, sin embargo, que el severo castigo al partido en el Gobierno no haya ido acompañado por un avance de similar magnitud del PP, principal partido de la oposición, cuya intención de voto registra un aumento del 20,9 % al 25,3 %.  Aunque el PP saca una ventaja mínima al PSOE, lo cierto es que la mayoría de los ciudadanos que han retirado su confianza a los socialistas han ido a engrosar los grupos de indecisos (no saben), desencantados (abstención) y contestatarios (en blanco).

El precio que está pagando ahora el Gobierno es el fruto maduro de la mala gestión económica que ha realizado desde 2004. Ni aprovechó los años de bonanza para impulsar reformas que mejoraran la competitividad de nuestras empresas y contuvieran el endeudamiento externo, ni anticipó la severidad de la recesión que se nos venía encima en 2008. Tras negar primero su existencia y minusvalorar luego su impacto, Rodríguez Zapatero, haciendo gala de un cinismo superlativo, justificó la salida del Sr. Solbes y varios ministros de su Gobierno invocando la necesidad de impulsar políticas para “vencer la crisis” y “preparar la recuperación”, cuando en realidad lo que buscaba era allanar el camino para pactar con los nacionalistas y ganar tiempo. Lo dije entonces y así lo confirman las concesiones que ha hecho a los nacionalistas para sacar adelante los Presupuestos Generales de 2009 y 2010, reformar el sistema de financiación autonómica o aprobar el paquete de medidas al que ha quedado reducido el ambicioso “acuerdo político para la recuperación del crecimiento económico y la recuperación del empleo” presentado con gran pompa en la pasarela Zurbano.

¿Cómo se explica que el PP no se haya beneficiado en mayor medida del desplome de la economía y de los errores del Gobierno? En mi anterior artículo en Factual repasé las importantes diferencias que separan la actual situación económica de la de 1996 y concluí que no basta con repetir una y otra vez “nosotros ya lo hicimos” para convencer a los electores indecisos o desencantados. Hace falta proyectar una imagen de solvencia intelectual (sabemos lo que hay que hacer) y transparencia (somos de fiar) para atraer a quienes no tienen decidido su voto. El Sr. Pizarro, por ejemplo, estuvo más acertado que el ministro Solbes, al pronosticar una recesión económica en un trascendental debate, pero no logró trasladar a los electores la sensación de que era un profesional solvente. En cuanto a la transparencia, el Sr. Rajoy se ha equivocado al defender en público y mantener en sus puestos a personas a las que se les imputan delitos muy graves y a otras que aunque no están imputadas desempeñaron un papel muy activo en dos tramas de corrupción política que la inmensa mayoría de los ciudadanos condena. En un artículo que escribí hace algo más de un año, me atreví a sugerir que el PP haría bien una vez concluidas las elecciones autonómicas gallegas y vascas “en poner fin a su angustiosa agonía y renovar a fondo sus cuadros y estrategias para afrontar con garantías las próximas elecciones generales”. Naturalmente, el PP ignoró el consejo y así les ha ido. Agazapado en la sede de Génova y acosado por la prensa, la imagen de Rajoy ha perdido muchos enteros.

¿Qué ocurrirá de aquí a las próximas elecciones? Si no se producen graves perturbaciones, la economía española tocará suelo en los próximos trimestres e iniciara una tímida recuperación a finales de 2010 o comienzos de 2011. En ese cambio de tendencia de la economía, en la irresistible capacidad de los presupuestos para comprar voluntades y en los éxitos de la lucha contra ETA tiene puestas todas sus esperanzas Rodríguez Zapatero para empezar a remontar en las encuestas. Cuenta, pues, con algunos ases y bastante tiempo por delante, pero bien pudiera ocurrirle lo que le sucedió a González, que perdió las elecciones de 1996 cuando la recuperación económica estaba ya en marcha. Cuestión de confianza. Por su parte, Rajoy y su equipo deberían reflexionar sobre el hecho de que con la economía inmersa en una recesión, Aznar perdió las elecciones generales en 1993. Cuestión, en este caso, de solvencia. En mi opinión, aunque Rodríguez Zapatero haya gestionado bastante mal la economía y perdido buena parte de su credibilidad por ello, para ganar las próximas elecciones Rajoy tendrá que convencer a los ciudadanos abstencionistas, indecisos y contestatarios de que tiene la casa limpia y sabe lo que hay que hacer.

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Archivado bajo Economía, Política nacional

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