La banda de comisionistas

Artículo publicado en Libertad Digital el 23 de julio 2010

A los amos de la Masía Gran (Palau de la Generalitat), la sentencia del Tribunal Constitucional les ha venido como anillo al dedo. Ni en sueños habrían encontrado una mejor excusa para distraer la atención de los ciudadanos de unos hechos que la instrucción del caso Palau está poniendo al descubierto: Convergencia Democrática Catalunya (CDC) se ha financiado ilegalmente durante al menos la última década (1999-2009) cobrando comisiones a empresas a las que adjudicaba obras públicas. De momento, la investigación judicial en curso ha desvelado ya que el partido del Honorable Pujol, Mas, Puig, Pujol (hijo) y compañía recibió al menos 5,8 millones de euros en comisiones ilegales de empresas a las que se adjudicaron obras tan emblemáticas como la reforma del Palau de la Música (1999) o la construcción de la Ciudad de la Justicia (2003), o tan prosaicas como la construcción del pabellón deportivo (PAV-3) de Sant Cugat del Vallés (2003) o una planta para el tratamiento de aguas residuales en La Escala.

En algunos de estos casos, CDC empleó como intermediarios a los Sres. Millet y Montull, los saqueadores confesos del Palau que se encargaban de reclamar a las empresas que recibían adjudicaciones una comisión del 4% del montante de la obra y la repartían entre CDC (2,5%) y Millet y Montull S.L. (1,5%). Entre los apuntes hallados en el ordenador de la secretaria de Millet figuran junto a la palabra “Daniel” las cantidades correspondientes a ese 2,5% que acabaron en la Fundación de CDC o se emplearon por Millet y Montull para pagar las facturas correspondientes a servicios electorales prestados a CDC por algunas empresas dedicadas a la difusión de publicidad (Letter Graphic y New Letter) y presentaciones audiovisuales (Hispart) cuyos trabajadores afirman no haber trabajado nunca para el Palau.

Todo apunta a que el misterioso “Daniel” no es otro que Daniel Osácar, fundador y apoderado de la empresa de rehabilitación Natur System que participó en la reforma del Palau en 1999, secretario personal del Sr. Mas desde el año 2000 y tesorero de CDC y la Fundación Trías Fargas –ahora rebautizada CatDem– desde 2005. Los dirigentes de CDC han seguido la misma táctica que el PP en el caso Gürtel: negarlo todo y acusar al Gobierno de perseguir a la oposición. Pese a la gravedad de los hechos y las responsabilidades que se derivan contra los máximos dirigentes de CDC entre 1999 y 2009, los Sres. Pujol y Mas, CDC ha logrado de momento (con la inestimable colaboración del PSC) que no se hable del expolio de los contribuyentes perpetrado por los políticos convergentes sino de la “irresponsable” sentencia del TC y “de la humillación de Cataluña”. ¿No encuentran contradictorio que el hombre que se conformó con ir arrancando pequeñas concesiones a González y Aznar durante los veintitantos años que estuvo al frente del Gobierno catalán se rasgue ahora las vestiduras y califique de “humillación colectiva” el nuevo Estatut que, pese a los recortes impuestos por el TC, reconoce a Cataluña un nivel de autogobierno superior al existente en los estados federales europeos y americanos?

Que nadie se engañe ante la enésima representación de la pasión de Esparraguera por la compañía de CDC, pues forma parte de un plan premeditado y de largo alcance. Pocos días después de la famosa escena del diván en el palacio de La Moncloa que desatascó la tramitación del Estatut en el Congreso, Mas i Gavarró, desveló la aparentemente contradictoria estrategia seguida en la tramitación del Estatut, primero en el Parlament de Cataluña y a continuación en el Congreso, así como el fin último de la misma:

Cataluña tenía dos opciones: recortarse las alas el 30 de septiembre para acomodar el Estatut al PSOE o subir el listón a lo más alto… De haber optado por rebajar nuestra reivindicación, ahora no tendríamos un imaginario de futuro para Catalunya. Mi objetivo sigue siendo el texto aprobado en el Parlament. No hemos conseguido alcanzarlo de una sola vez, pero sí que podemos hacerlo mediante dos o tres saltos como el que ahora hemos dado (La Vanguardia, 30 de enero de 2006).

En términos muy similares se expresó el Sr. Pujol en la ceremonia en la que se recibió el galardón especial de la XVII edición de los premios Sabino Arana el 29 de enero de 2006 al afirmar que el nuevo Estatut “no será un texto para muchos años ni será para la generación que ahora accede a la política”. Más claro agua: aunque el TC no hubiera tocado el Estatut, el Sr. Mas ya estaría denunciando las limitaciones del nuevo Estatut y preparando el segundo salto (o, mejor, asalto) que ya anunciaba en enero de 2006, varios meses antes de que se aprobara en el Congreso y se ratificara en referéndum.

A quienes de verdad les interese conocer las verdaderas intenciones de CDC, les recomiendo se pasen por las sedes de esta formación y presten atención al mensaje que aparece en unos carteles de grandes dimensiones –¿quién pagará la factura en esta ocasión?– que forman parte de la precampaña electoral de CDC, impresos antes de conocerse la sentencia del TC: “Sí, queremos un Estado propio”. Ni el Estatut aprobado en el Congreso en 2006, ni siquiera el proyecto de Estatut aprobado en el Parlament de Cataluña el 30 de septiembre de 2005, podrían satisfacer esa exigencia, lo que demuestra que la indignación de los líderes de CDC tras los recortes impuestos por el TC es una mera excusa para seguir alimentando el victimismo y el encono en la sociedad catalana y deslegitimando las instituciones del Estado español.

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