Alternativa de gobierno

Artículo publicado en el diario Expansión el 20 de octubre 2010

En torno a las 18:45 el pasado 16 de septiembre, Monserrat Nebrera anunciaba a los medios de comunicación, convocados ante el monumento dedicado al Timbalero del Bruc a los pies del macizo de Montserrat, su decisión de presentarse con una nueva formación política, “Alternativa de Govern”, a las elecciones autonómicas en Cataluña el próximo 28 de noviembre. Fue un acto austero, sin los despliegues mediáticos al uso. Un micrófono y dos altavoces de maleta, dos pequeños carteles apoyados en el suelo con el logo (n), el nombre (“Altrnativa de Govern”) y la dirección electrónica del partido (www.alternativadegovern.cat), y un tercer cartel donde aparecía el lema del partido, “Liberals de Catalunya”, y se planteaba una inquietante pregunta: “Es posible un altra Catalunya?”.

 En su breve exposición, la ex-diputada del PP aclaró haber elegido para la ocasión un lugar que simboliza el valor y la determinación de quienes armados con las solas armas de su fe y sentido del deber, ignorando riesgos y sacrificios, no dudan en hacer frente a fuerzas mucho más poderosas. Ahí estaba su frágil figura, empequeñecida por la imponente basa de granito sobre la que se asienta la talla del robusto Timbalero, para demostrarlo proclamando a los cuatro vientos que los “enemigos de la libertad no deberían dominar la sociedad”. Aunque reconoció que lanzarse a esta nueva aventura tiene un punto de locura, se confortó recordando la máxima que alienta el espíritu de todo reformador: “la utopía hace la realidad”.

Era una tarde gris que amenazaba lluvia y mientras la montaña iba desapareciendo envuelta en la niebla, habló la Sra. Nebrera de libertad responsable, bien común, igualdad de oportunidades, espíritu de sacrificio y voluntad de servicio, los valores supremos que deberían inspirar la acción política. Reivindicó también la necesidad de romper con “la casta, la caspa y la costra”, las tres ces –olvidó la cuarta: corrupción– que han llevado a los ciudadanos catalanes a alejarse de la vida política y a considerar a sus actores, los políticos catalanes, uno de los principales problemas sociales. Abogó por modificar la injusta ley electoral que penaliza a los partidos pequeños y dificulta la aparición de nuevas fuerzas políticas. Defendió, en fin, la participación de la sociedad civil en la vida pública y se refirió a sus compañeros de Alternativa “como un grupo de voluntarios que quiere fomentar la libertad”.

Quienes consideran que la libertad constituye el pilar esencial de una sociedad abierta, se congratularán de que la Sra. Nebrera haya dado este paso –pocos son en estos tiempos los que abandonan voluntariamente el pesebre por grande que sea el hedor– y se proponga (¡nada más y nada menos!) con su nuevo partido “liberar el sistema político, económico y social de los enemigos de la libertad” para “regenerar la vida política”. Dispone Alternativa de muy pocas semanas para articular un discurso coherente con su declarada vocación liberal y hacer llegar sus propuestas reformistas a un electorado incrédulo y desconfiado. La tarea que les espera es ardua y pocos los cómplices que encontrará en el camino.

También tendrá la nueva formación que perfilar su idea de esa otra Cataluña posible. De momento, las únicas pistas que tenemos son las referencias que hizo la Sra. Nebrera a la necesidad de “liberar una Cataluña que habla otro idioma, no otra lengua” y de construir “una Cataluña sin trincheras”. Quizás no comprendí bien el alcance de sus palabras, pero me desconcertó sobremanera que Cataluña, no sus ciudadanos –el 43 % de los cuáles, por cierto, prefería a comienzos del siglo XXI hablar el mismo (no otro) idioma que el resto de los españoles–, fuera el sujeto protagonista de su discurso.

La sociedad catalana precisa hoy, incluso en mayor medida que la española, recuperar ámbitos de libertad tras tres décadas de inmisericorde intervencionismo de la Generalitat que, so pretexto de garantizar derechos individuales y colectivos, ha cercenado la libertad de elección de las familias, coartado la libertad de empresa, levantado barreras (no trincheras) a la libre circulación de bienes y personas y convertido a las instituciones de la sociedad civil catalana (culturales, deportivas, sindicales, empresariales, cámaras, etc.) en apéndices parasitarios de los presupuestos públicos al servicio de la construcción nacional.

Alternativa va a concurrir a unas elecciones para elegir diputados autonómicos, pero cometerá un grave error estratégico si subordina los principios liberales a los “intereses de Cataluña”, siguiendo la estela del PSC que renunció a los suyos, en su fútil intento por atraer los votos de electores convergentes incómodos con las veleidades independentistas de CDC. No hay sitio en Cataluña para partidos regionalistas.

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Archivado bajo Nacionalismo, Política nacional

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