El paro va al Congreso

Artículo publicado en el diario Expansión el 19 de noviembre 2010

A petición de CiU y otros grupos de la Cámara como el PNV y el PP, se celebró ayer en el Congreso un debate monográfico sobre el paro. Para el Gobierno se trataba de una dura prueba y es que la evolución de las principales magnitudes laborales de la EPA durante los últimos tres años es un hueso indigerible. Desde el idílico tercer trimestre de 2007 hasta el horribilis tercer  trimestre de 2010 se han destruido 1,96 millones de empleos, el número de parados ha aumentado en 2,78 millones y la tasa de paro ha pasado del 8,07 % al 19,97 %, un aumento de 11,75 puntos porcentuales. La tasa de paro se acerca al 30 % en algunas CCAA y supera el 40 % entre los jóvenes menores de 24 años. Ni siquiera tras la recesión de 1992-93, el segundo episodio más duro de las últimas cinco décadas, el mercado laboral había registrado un deterioro tan intenso.

El presidente dividió su presentación en tres partes. En primer lugar, valoró positivamente las décimas de crecimiento del PIB en los tres últimos trimestres pues, aunque muy insuficientes para generar empleo y reducir el paro, han contenido la hemorragia de 2009. Aunque se están corrigiendo con rapidez tanto el desequilibrio externo y los excesos financieros acumulados en los años de bonanza como el déficit público que creció con gran rapidez al caer la recaudación y aumentar el gasto durante la recesión, el Presidente reconoció que la tarea que nos espera es ardua. La segunda parte la dedicó a repasar las medidas adoptadas en 2008-09 para apoyar a las instituciones financieras y otros sectores productivos en dificultades, aumentar el crédito y proteger a los más perjudicados, los parados, etc. y las adoptadas en 2010 para recortar “un déficit público insostenible déficit público y reformar  el mercado laboral. El último tercio lo dedicó a desgranar las múltiples iniciativas que su Gobierno piensa poner en marcha durante los próximos quince meses para desarrollar reformas ya iniciadas, como la del mercado laboral, o impulsar nuevas reformas en el ámbito económico (sistema financiero, amortización inversiones, pensiones, negociación colectiva, políticas activas de empleo,  el servicio público de empleo, el mercado energético, etc.) y social (cohesión social, regulaciones administrativas, sistema educativo, judicial, etc.). Sobraron iniciativas, algunas apenas esbozadas, y se echó en falta la existencia de un plan preciso y articulado, aunque el Presidente (tampoco esto es nuevo) prometió aprobarlo en Consejo de Ministros el próximo viernes y dar cuenta regularmente de su cumplimiento.

Terminada su intervención, Rajoy tomó la palabra y contrapuso con sarcasmo las crudas cifras del mercado laboral a las fallidas promesas y previsiones realizadas por el Presidente desde la primavera de 2008 hasta hoy. Inconsistencias que para el líder de la oposición demuestran la ineficacia de unas políticas que sólo han generado “paro, déficit y crecimiento de la deuda” y nos han instalado en la incredulidad “porque son ya muchas veces las que nos ha engañado”. Con un tono vibrante y verbo fluido pero más pausado que en otras ocasiones, el líder de la oposición acusó al Presidente de no haber abordado con decisión ni la reducción del gasto público, ni la reforma del mercado laboral, ni la fragmentación de los mercados ni la reforma de la energía. En estos momentos, su presencia al frente del gobierno –le espetó– genera desconfianza y “lo único serio sería hacer un punto y aparte” y convocar elecciones generales. Y no me diga que se perderán unos meses, concluyó Rajoy, porque la alternativa es perder dos años más.

Rodríguez Zapatero afrontó el debate relajado tras la aprobación de los presupuestos, contestó educadamente las críticas, asumió algunos errores y transmitió la impresión de que, aunque con cierto retraso y tras haber dilapidado algunas decenas de millones, los terremotos que han sacudido los mercados financieros durante los últimos meses le han devuelto (al menos parcialmente, como a Quijano) la razón. Rajoy está en lo cierto al acusar al Presidente de irresponsable y negligente, porque sin duda lo fueron algunas de sus iniciativas. Y posiblemente también tiene razón al sospechar que hay demasiados cadáveres bajo las alfombras y falta decisión a la hora de emprender las reformas. Pero hay que reconocer que el discurso de Rodríguez Zapatero ha cambiado radicalmente y ha incorporado a su vocabulario palabras como eficacia en el gasto, control del déficit, sostenibilidad de la deuda, etc. Rajoy, en cambio, sigue instalado en el pasado, esperando que caiga la manzana del árbol. Es posible que a Zapatero nadie le crea ya, pero poco favorece a Rajoy que casi nadie sepa lo que piensa.

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Archivado bajo Economía, Política nacional

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