La deriva independentista de Artur Mas

Artículo publicado en el diario Expansión el 23 de diciembre de 2010

El holgado triunfo de la federación Convergencia i Unió (CiU), liderada por Artur Mas, secretario general de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC), en las elecciones autonómicas celebradas el 28 de noviembre, vuelve a poner sobre la mesa la espinosa cuestión del encaje de Cataluña en España. Acababa mi último artículo (Expansión, 22 noviembre) expresando mi escepticismo sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo definitivo sobre este asunto, habida cuenta de la oposición de los líderes de CDC a aceptar cualquier fórmula que limite el “derecho a decidir” del “pueblo” catalán. ¿Exagero?

La renuncia al entendimiento

En una entrevista concedida por Jordi Nadal (Quadern, El País, 4 noviembre 2010), el historiador se mostraba partidario de “renunciar en parte a la idea de un Estado catalán y buscar un mayor entendimiento con España; claro, yo no soy independentista como ve…”. Y cuando el entrevistador le hacía notar que su actitud ya no estaba de moda, respondía:

 “Lo sé, estoy por la solución federal: es más inteligente luchar por aquí; el otro día, el ex-presidente Pujol me decía que Vicens Vives y Espriu ya no eran modelos a seguir en lo que se refiere a la idea de entendimiento con España que proponían. No estoy de acuerdo. Sé que sufriremos, que son ellos los que nos hacen separatistas, que no nos ayudarán nunca, que hace 300 años que no nos entendemos, pero no viene de aquí.”.

Dejando al margen las inevitables dosis de victimismo a futuro (“sé que sufriremos”), escasa objetividad (“son ellos los que nos hacen separatistas” o “no nos ayudarán nunca”) y hasta desprecio hacia el resto de los españoles (“cada vez nos parecemos más a ellos”) que desprenden las palabras del profesor Nadal, me interesa destacar sobre todo que “la idea del entendimiento con España” preconizada por Vicens Vives y Espriu, ya no la comparten –quizás nunca la compartieron– el Sr. Pujol y su criatura: CDC.

La excusa perfecta

Los recortes impuestos por la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) a algunos artículos del Estatut han brindado a los líderes convergentes y parte del empresariado catalán la excusa perfecta para renegar del mismo. Tal vez algún ingenuo crea que si el TC hubiera mantenido sin tocar una coma el texto aprobado en el Congreso se habría resuelto el problema del encaje de Cataluña. Nada más lejos de la realidad. Pocas semanas después de que el presidente del Gobierno y el secretario general de CDC llegaran a un acuerdo para  desatascar la tramitación del Estatut en el Congreso, el Sr. Mas explicaba sin tapujos su jugada:

“Cataluña tenía dos opciones: recortarse las alas el 30 de septiembre para acomodar el Estatut al PSOE o subir el listón a lo más alto… De haber optado por rebajar nuestra reivindicación, ahora no tendríamos un imaginario de futuro para Catalunya. Mi objetivo sigue siendo el texto aprobado en el Parlament. No hemos conseguido alcanzarlo de una sola vez, pero sí que podemos hacerlo mediante dos o tres saltos como el que ahora hemos dado (La Vanguardia, 30 enero 2006).

En el mismo sentido se expresó Jordi Pujol el 29 de enero de 2006 al recoger el galardón especial de la XVII edición de los premios Sabino Arana cuando profetizó que el nuevo Estatut “no será un texto para muchos años ni será para la generación que ahora accede a la política”. En otras palabras, aunque el Estatut aprobado en el Congreso y refrendado por los ciudadanos catalanes no hubiera sido recurrido por el PP ni recortado por la sentencia del TC, Pujol y Mas ya estarían buscando la manera de dar el siguiente salto hacia el Proyecto de Estatut que aprobó el Parlament el 30 de septiembre de 2005.

La falacia del encaje

¿En qué términos plantea el precitado Proyecto el encaje de Cataluña en España? El Preámbulo deja muy clara la aspiración de alcanzar una Cataluña plenamente independiente:

“Pero tanto o más que la memoria, mueve a este Estatut la aspiración, el proyecto y el sueño de una Cataluña sin ningún tipo de obstáculos a la libre y plena interdependencia que una nación necesita hoy. La vocación y el derecho de los ciudadanos de Cataluña de determinar libremente su futuro como pueblo…

Unos párrafos más abajo aclara la naturaleza de la relación que mantendría “la nación catalana” con los pueblos de España:

“El presente Estatuto define las instituciones de la nación catalana y sus relaciones con los pueblos de España en un marco de libre solidaridad con las nacionalidades y pueblos que la conforman, compatible con el desarrollo de un estado plurinacional”.

Si estos párrafos definen las legítimas e irrenunciables aspiraciones que debería recoger “un nuevo acuerdo institucional con España”, constituiría una lamentable pérdida de tiempo sentarse a negociar sobre estas bases, pues si el TC ya encontró inconstitucionales algunos aspectos del Estatut aprobado en el Congreso, el texto que constituye “un imaginario de futuro” para el Sr. Mas resulta inconstitucional en grado superlativo. Planteado en estos términos, el “encaje de Cataluña en España” no tiene solución porque ni el PP ni el PSOE van a apoyar el cambio de modelo de estado que satisfaría las aspiraciones de dos partidos (CDC y ERC) que obtuvieron el 4,2 % de los votos en las elecciones generales de 2008.

El derecho a decidir

La estrategia de CDC coincide con las de ERC y sus satélites en el objetivo final, alcanzar la independencia, aunque los convergentes evitan cuando gobiernan plantear reivindicaciones maximalistas o establecer plazos que podrían acabar volviéndose en contra suya. La difícil situación económica actual y las consecuencias de la instrucción del caso Palau –el fiscal ya ha solicitado la apertura de una causa separada para investigar las presuntas comisiones ilícitas que habría recibido CDC de empresas beneficiadas con adjudicaciones de obras cuando Mas era consejero de Economía (1997-2001) y primer consejero (2001-2003) en los gobiernos de Pujol– permiten suponer que el nuevo gobierno esperará hasta que se presente una situación propicia para negociar “un pacto fiscal en la línea del concierto económico”. Pero que nadie se engañe al respecto: basta con prestar oídos a lo que Mas ha venido repitiendo durante los últimos años, semanas y hasta en el discurso de investidura para darse cuenta que dicho pacto, como el Estatut, son meros objetivos intermedios para “encontrar un nuevo camino en la relación de Catalunya y el resto del Estado” que “pasa por el derecho a decidir”. Más claro agua.

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Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

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