Una pesada hipoteca

Artículo publicado en Libertad Digital el 20 de diciembre de 2010

La severa derrota del PSC en las elecciones del 28N pone las cosas todavía más difíciles para el PSOE al que aguardan unos meses agónicos hasta las próximas elecciones generales. Perder 225.812 votantes en Cataluña, más de 28 de cada 100 que votaron al partido en 2006, constituye una caída formidable que augura la pérdida de Barcelona y otros muchos ayuntamientos en las próximas elecciones municipales. El desplome de la base electoral del PSC no se explica únicamente por la falta de liderazgo de Montilla, incapaz de coordinar la acción de un gobierno donde cada consejería actuaba en función de los intereses de su partido –o incluso al servicio de una facción del partido al que representaba su titular–, sino a la sensación de que el PSC se había metido, por decisión propia, en un callejón sin salida.

Nunca, al parecer, entendieron sus estrategas que todos sus esfuerzos por avanzar en el autogobierno –Estatut, pacto de financiación autonómica, defensa del Estatut y ataques al Tribunal Constitucional, consecución de nuevas transferencias, etc.– y aparecer enzarzado en polémicas continuas con el gobierno español, lejos de consolidar su posición entre el electorado nacionalista, abría las puertas a CDC que se cuidó muy mucho de dejar siempre claro que ninguno de esos “pactos institucionales con España” satisfacían plenamente sus aspiraciones independentistas. Ni tampoco fueron conscientes de hasta qué punto la asunción del programa nacionalista llevaba aparejada la pérdida de confianza de aquellos catalanes que se sienten españoles, sin más, y que aspiran además a convertirse en ciudadanos de los Estados Unidos de Europa.

Contrasta el desplome del PSC con el notable avance logrado por el PP, el partido que ha acaparado los ataques de todos los demás, con la excepción de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, durante los últimos cuatro años. Lo acusaban de anticatalán por haber recurrido el Estatut ante el Tribunal Constitucional, por haber denunciado (aunque con la boca pequeña) el nuevo modelo de financiación autonómica, y por haber recurrido también la Ley de Educación de Cataluña. Crecer el 21,4% y aumentar en 67.797 el número de votos con esa pesada carga en su mochila demuestra que hacer las cosas que ha hecho el PP durante esta legislatura concita el aplauso de quienes defienden la Constitución y sus instituciones frente a quienes tienen un plan, difuso en cuanto a los tiempos pero firme en su intención, para ir vaciando el Estado central de competencias hasta convertir Cataluña en un estado independiente.

Los nacional-“socialistas” del PSC andan ahora a la gresca enzarzados en dirimir si el partido no ha tenido la suficiente firmeza a la hora de plantear e imponer su programa nacionalista al gobierno español. Ésa es paradójicamente la posición de los consejeros (Castells, Maragall, Tura y Geli) cuyas políticas nacionalistas han determinado la agenda del gobierno de Montilla durante los últimos cuatro años y su reciente fracaso electoral. Ojalá que se decidan a refundar su organización y concurrir como partido independiente –un nombre apropiado podría ser Partit dels NACIONAL-“socialistes” de Catalunya (PNsC)– a las próximas elecciones, pues además de clarificar el panorama político catalán, ello obligaría también al PSOE a sopesar si quiere contar con una base electoral propia en Cataluña o prefiere seguir al albur de las veleidades de los líderes del PSC.

Mucho me temo que los líderes del PSC no tendrán el coraje de dar el paso, y ésa es una mala noticia para el PSOE. Tras la debacle electoral del 28N en Cataluña, concurrir a las elecciones de marzo de 2012 de la mano del PSC constituye un fracaso anunciado. Si aspira a recuperar parte de la credibilidad política perdida en los últimos años, es el PSOE el que tendría que independizarse del PSC y no al contrario. Para empezar, el PSOE debería aceptar que la Constitución no puede reformarse a través de Estatutos -mucho menos aprobando leyes orgánicas ad hoc– y dar por buenas las líneas rojas que estableció la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluña. Asimismo, debería recuperar el concepto de multilateralidad frente al nefasto precedente que supuso la negociación bilateral del nuevo modelo de financiación económica con el gobierno catalán.

El PSOE debería ir incluso más allá y reconducir con firmeza el alocado proceso de reformas estatutarias que impulsó Rodríguez Zapatero para complacer al PSC en la anterior legislatura, pues ni ha servido como ingenuamente creía para contentar a los nacionalistas catalanes y reforzar la estabilidad política ni ha ayudado a poner en marcha las políticas y reformas necesarias para despejar los negros nubarrones que atenazan a la economía española. Resulta urgente reforzar la debilitada unidad de mercado, acelerar el proceso de reformas de una parte del sistema financiero sujeta a interferencias de los gobiernos autónomos y fiscalizar con rigor las cuentas de CCAA, porque como se ha puesto de manifiesto en las recurrentes crisis que han sacudido los mercados financieros desde el pasado mayo, la solución de estos problemas no puede dilatarse por más tiempo. Quien juega con fuego acaba quemándose y el PSC ha empujado al PSOE de Rodríguez Zapatero al centro de la hoguera.

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Archivado bajo Nacionalismo, Política nacional

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