Don Carnal vence a Doña Cuaresma

Artículo publicado en Libertad Digital el 23 de febrero de 2011

Hemos asistido en las últimas semanas a un anticipo del carnaval a cuenta de las primarias entre los dos aspirantes del PSC a la alcaldía de Barcelona. Al final, el Sr. Hereu ha ganado a la Sra. Tura a los puntos sin que las semanas de duelo hayan dejado una sola idea digna de ser recordada por los potenciales votantes barceloneses. Sus visiones contrapuestas entre una Barcelona centrada en lo que la ciudad necesita, quiere y aspira y una ciudad  que interacciona con el entorno metropolitano demuestran hasta qué punto la vaciedad se adueñado de sus cabezas. Una de las joyas que nos dejó la Sra. Tura fue su propuesta de hacer aparcamientos a la entrada de la ciudad –sin decir, claro está, dónde– a la que el Sr. Hereu respondió proponiendo que los aparcamientos se hicieran en los puntos de origen del tráfico rodado. ¡Lástima que los gobiernos de la Generalitat de los que formó parte la Sra. Tura hicieran tan poco durante los últimos años a favor una u otra alternativa!

Una de las cosas más sorprendentes de estas primarias es que la rival del Sr. Hereu fuera la  Sra. Tura. Esta testaruda nacional-“socialista” había encabezado junto con Montilla la lista por la  circunscripción de Barcelona en las elecciones del 28 de noviembre y cosechado en la ciudad una derrota histórica: perdió el PSC 46.449 votos,  el 26,9 % de los obtenidos en 2006. ¿Cómo –se preguntarán los ciudadanos– puede una política que acaba de sufrir un rechazo tan contundente aspirar a convertirse en la alcaldesa de esos mismos ciudadanos que le han dicho que se vaya a su casa? La única explicación que se ha ofrecido a tal disparate es que la dirección del PSC veía a la Sra. Tura como un rival con más posibilidades para enfrentarse al nacionalista Trías. A la vista de lo que ha dicho durante las primarias, tengo serias dudas de que la Sra. Tura pudiera haber hecho siquiera una campaña digna.

El Sr. Hereu, por otra parte, va a terminar su mandato con más pena que gloria. Ha seguido una trayectoria descendente pareja a la del propio PSC desde que el partido decidió aliarse con ERC e intentar ilusamente ponerse al frente del nacionalismo catalán. Tocado por algún que otro escándalo que ha emergido en los dos últimos años y el fallido intento de involucrar a los ciudadanos en la remodelación de la Diagonal, su imagen pública (aunque cada día más oronda) se ha ido desvaneciendo como humo de traca. Que un solo hombre armado con un plano y un lápiz diseñara el ambicioso plan del ensanche que transformó Barcelona hace 150 años y que el Sr. Hereu necesitara gastarse una millonada para preguntar si había que remodelar o no una sola calle de dicho ensanche, da una idea del grado de lucidez y eficiencia de esta lumbrera política.

Lo peor de este remedo de pugna entre los dos gallitos sin cresta del corral de Nicaragua –representantes de no se sabe muy bien qué dos líneas alternativas del nacional-“socialismo” catalán (PSC) –, es que al vencedor sólo le aguarda una sonada derrota el próximo 22 de mayo. Hace unos días tuve ocasión de ver y escuchar al Sr. Trías, su contrincante, en una cadena de televisión no autonómica y tuve la sensación de encontrarme ante un hombre falto de recursos. Sus temblorosas manos transmiten una preocupante inseguridad y el fluir de sus palabras una inquietante torpeza: ni siquiera fue capaz de responder con cierta soltura a las previsibles preguntas que le hicieron los periodistas sobre la financiación irregular de CDC o la ayuda institucional que la administración autonómica va a prestar a la realización de la próxima consulta independentista en Barcelona.Que este hombre que ha perdido ya en dos ocasiones las elecciones a la alcaldía de Barcelona pueda acabar cosechando una aplastante victoria el próximo 22 de mayo da una idea del grado de descomposición interna que ha alcanzado el nacional-“socialismo” catalán.

En mi artículo “Aparceros y convidados de piedra”, publicado en Libertad Digital el pasado 27 de junio, cinco meses antes de las elecciones autonómicas celebradas el 27 de noviembre en Cataluña, hice el siguiente pronóstico: “El PSC será el gran perdedor en las próximas elecciones autonómicas y pienso que una vez desalojado de la Generalitat no levantará cabeza en una o dos décadas”. Perdido el gobierno de la Generalitat ahora le toca el turno a la plaza fuerte de Barcelona. En mi opinión, la única posibilidad de evitar otra derrota histórica pasa por abandonar el discurso oficial que ha cultivado el aparato nacional-“socialista” del PSC –Montilla, Tura, Nadal, Castells y Maragall– durante los últimos años y apostar por una Barcelona abierta a España, a Europa y al mundo, contrapuesta a la estrecha visión de “país” y a los planteamientos secesionistas que impulsan la acción política del Sr. Trías y CDC. Dudo mucho que el Sr. Hereu tenga el coraje de apostar por esta cambio de rumbo y todo apunta a que el PSC también perderá y por muchos años el Ayuntamiento de Barcelona.

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