Crisis nuclear

Artículo publicado en Libertad Digital el 17 de marzo de 2011

El terremoto que sacudió el nordeste de Japón el pasado 11 de marzo y el subsiguiente tsunami que asoló la costa japonesa han provocado ingentes pérdidas humanas y económicas y desencadenado una crisis muy grave en las instalaciones nucleares Fukushima Daiichi de la empresa TEPCO (Tokyo Electric Power Corporation) cuyas consecuencias últimas podrían ser catastróficas. Pese a los intensos esfuerzos desplegados por los trabajadores de TEPCO, las empresas subcontratistas y el servicio civil y militar del Gobierno japonés, las instalaciones que incluyen seis unidades operativas han registrado diversas explosiones en las unidades 1-4 que han abierto fisuras en las cámaras de contención y liberado nubes de humo blanco radioactivo a la atmósfera. Las informaciones proporcionadas por TEPCO, aunque escasas, incompletas, contradictorias y redactadas en un inglés poco inteligible, permiten hacerse una idea de la magnitud del desastre.

A las 3:36 p.m. del día 12 de marzo, se produjo una primera explosión en la unidad 1 que hirió a 4 trabajadores y provocó la salida de humo blanco, procediéndose a continuación a inyectar agua marina y acido bórico a partir de las 8:20 p.m. A las 6:50 a.m. del día 14, mientras se realizaban operaciones de inyección de agua en el reactor de la unidad 3, se elevó la presión en la vasija que contiene el reactor y hacia las 11:01 a.m. se produjo una explosión que causó la emisión de humo blanco e hirió a 11 trabajadores que fueron hospitalizados. A la 1:25 p.m. del día 14 se detectó también un fallo en el sistema de refrigeración del núcleo del reactor de la unidad 2 y aunque a las 5:17 p.m. de ese mismo día se consiguió reiniciar la inyección de agua y cubrir las barras más elevadas de combustible, a las 6:14 a.m del día 15 se produjo un “sonido anormal cerca de la cámara de contención” y una caída posterior de la presión en el interior de la cámara, decidiéndose desalojar a todos los trabajadores no involucrados en las tareas de refrigeración. Finalmente, “hacia las 5:45 a.m del día 15 un empleado de TEPCO descubrió un fuego en la esquina noroeste del edificio” que aloja el reactor número 4 y hacia las 6:00 a.m. se produjo una explosión que causó daños en el techo del quinto piso del edificio, que habría registrado otro incendio detectado a las 9:38 en el cuarto piso y habría quedado extinguido hacia las 11:00 a.m.

Según las ultimas informaciones difundidas por TEPCO, a las 6:15 a.m. del 17 de marzo, se ha producido una nueva subida de presión en la cámara de contención del reactor de la unidad 3 que ha llevado a las 9:48 a.m. a rociar el edificio con agua arrojada desde helicópteros de la Fuerza de Auto-defensa Aérea de Japón para intentar enfriar la piscina donde están depositadas las barras de combustible ya utilizado que, en el caso de la unidad 3, son de plutonio. Según TEPCO, se planea extender el rociado a otras unidades de la central. De acuerdo con la información suministrada por la IAEA (International Atomic Energy Agency), la temperatura de las piscinas de combustible nuclear ya utilizado que en circunstancias normales alcanza los 25º habría alcanzado 84º el día 15 en la unidad 4, 62,7º el día 16 en la unidad 5 y 60º el día 16 en la unidad 6. La IAEA no proporciona información alguna sobre las temperaturas alcanzadas en las unidades 1, 2 y 3, las más dañadas según la información publicada.

Aunque, por fortuna, las cifras que proporciona la IAEA sobre número de personas desaparecidas u hospitalizadas a causa de las explosiones o por exposición a la radiactividad en la central de Fukushima Daiichi no superan unas pocas decenas, la deliberada falta de información sobre lo acaecido (y lo que está ocurriendo) en la central y la exposición extrema a la que están siendo sometidos los equipos de trabajadores encargados de las tareas de refrigeración hace pensar que el número de afectados será bastante mayor, incluso si –recemos para que así sea– la situación en algunos reactores no se agrava en las próximas horas, circunstancia que ninguna persona razonable puede descartar hoy. A la vista de lo ocurrido en las centrales Three Mile Island (Estados Unidos), Chernobil (Unión Soviética) y Fukushima (Japón), ¿qué credibilidad merecen quienes, como la Sra. Esteva Bolea, afirman desde un cómodo sillón estar plenamente convencidos de que “las centrales nucleares son seguras”? Volveré sobre esta cuestión en una próxima entrega.

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