La economía política de las pensiones

Artículo publicado en el diario Expansión el 26 de marzo de 2011

(Enviado el 17 de febrero de 2011)

En mi artículo “El recorte de las pensiones” (Expansión, 1 de marzo), examinaba la reforma del sistema de pensiones aprobada por el gobierno de Rodríguez Zapatero, con el aval de las organizaciones sindicales y la renovada CEOE. Aunque la sostenibilidad de las pensiones no sea el problema más acuciante de nuestra economía, las especiales circunstancias e incertidumbres presentes en la actual coyuntura aconsejaban que el Gobierno empezara a dar  pasos en la dirección adecuada. Y la dirección correcta, si atendemos a la previsible evolución del sistema a largo plazo, pasa por  recortar las pensiones o buscar fórmulas alternativas de financiación para contrarrestar los efectos del previsible envejecimiento de la población y aumento en la esperanza de vida en las próximas décadas.   

Sostenibilidad del sistema de pensiones a largo plazo

La mayoría de los expertos coincide en señalar que el envejecimiento y aumento de la esperanza de vida provocarán una reducción del ratio de cotizantes a pensionistas que harán inasumible el aumento del gasto en pensiones, cuyo peso sobre el PIB podría aumentar 7-8 puntos. Empleando las proyecciones demográficas del INE hasta 2049, se puede afirmar que la reforma acordada permitirá sostener el sistema con holgura hasta 2029 si la tasa de empleo de la economía se sitúa en el entorno del 65%, su nivel en el tercer trimestre de 2007, pero que entrará en crisis a partir de 2035. En otras palabras, si las proyecciones demográficas se confirman, de aquí a 20 años habrá que volver a revisar a la baja las pensiones o buscar fuentes de financiación alternativas.

¿Acaso no cabe seguir financiando las pensiones contributivas con cotizaciones como se ha hecho hasta ahora? La respuesta es que no. En el libro La Seguridad Social: análisis institucional, modelización y simulación de políticas (Barcelona: Fundación “la Caixa”, 2009) escrito en colaboración con el profesor R. Viejo, se constata una vez más los perjudiciales efectos que tendría una elevación de las cotizaciones sociales para intentar sostener el sistema de la Seguridad Social (SS): la medida elevaría los costes de producción y los precios y disminuiría la demanda de trabajo y la competitividad de las empresas. Además, el gobierno vería reducida su recaudación por otros impuestos al tiempo que se engrosaba la factura de prestaciones a los desempleados. En otras palabras: habrá que volver a reducir las pensiones en un par de décadas a menos que se busquen alternativas para financiarlas

Fuentes de financiación alternativas

Resulta interesante constatar que nadie se haya atrevido durante las últimas semanas a cuestionar la financiación del sistema de SS, un asunto capital que también se analiza en nuestro libro. En concreto, se simula el impacto de reducir las cotizaciones sociales compensando la posible pérdida de recaudación con elevaciones de los tipos del IVA o IRPF para mantener inalterado el déficit público. Hay que decir que países como Dinamarca, con un sistema de prestaciones mucho más generoso que el nuestro, apenas gravan con impuestos la contratación de trabajo. Los resultados presentados en el libro indican que un cambio en esta dirección tendría efectos muy beneficiosos sobre el empleo y la competitividad de nuestras empresas, algo a tener muy en cuenta cuando la tasa de paro supera el 20% y la economía presenta un déficit por cuenta corriente crónico.

¿Por qué suscita tantos recelos la reforma de la financiación de las prestaciones de la SS? Las sindicales se oponen frontalmente a reducir las cotizaciones porque ven la medida como la antesala de mayores recortes en las prestaciones. Por su parte, los empresarios prefieren no abrir nuevas vías de financiación al sistema, circunstancia que consideran podría animar al gobierno a mejorar las prestaciones o combatir con mayor decisión el extendido fraude fiscal en IVA e IRPF. Dos semanas después de presentar nuestro libro en la sede de la Fundación “La Caixa”, una organización patronal me solicitó un resumen para publicarlo en su revista. Se lo envié unos días después y, tras una espera razonable, llamé para interesarme por la fecha de publicación. El texto –me dijeron– no podía publicarse si no eliminaba (cosa que no hice) el párrafo donde afirmaba que los empresarios se equivocaban una vez más al solicitar una reducción temporal de las cotizaciones sociales –aprovechando que el sistema de la SS presentaba en 2009 un ligero superávit que, como se ha comprobado, era transitorio– en lugar de apostar por una reducción de las cotizaciones compensada con incrementos del IVA o IRPF.

Conclusión

Es en este escenario anquilosado –cohabitado por sindicales atrincheradas en defensa de las magras (797,92 euros) pensiones actuales, patronales obsesionadas con reducir las cotizaciones a los empleadores a cambio de nada, y partidos políticos acostumbrados a cabalgar a la grupa del “todo gratis” y “yo más – donde hay que situar el recorte de las pensiones que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha planteado y logrado sacar adelante para asegurar la pervivencia del sistema durante los próximos veinte años. Esperemos que el mayor sosiego que traerá el acuerdo permita abordar sin prejuicios otras reformas más ambiciosas del sistema que contemplen cambios en la financiación de las prestaciones y una apuesta decidida por erradicar el rampante fraude fiscal en IVA e IRPF. En otro caso, nos veremos abocados a aprobar nuevos recortes dentro de un par de décadas, porque lo que resultará de todo punto imposible es mantener las pensiones elevando las ya altísimas cotizaciones sociales.

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1 comentario

Archivado bajo Economía

Una respuesta a “La economía política de las pensiones

  1. José Antonio Gómez Yáñez

    Me parece muy puesta en razón la idea de reducir las cotizaciones sociales, tener un sistema de SEguridad Social que se financia con un “impuesto” al empleo es una aberración. Lo de financiarlo vía IVA o IRPF, teniendo en cuenta sus tasas de fraude, me parece más arriesgado. ¿POdemos pensar en sustituir paulatinamente cotizaciones sociales por impuestos ambientales?, es decir, por impuesto que graven el deterioro del medio ambiente: emisiones de CO2 a la atmósfera, vertidos a los cauces de los ríos o los mares, impuestos sobre automóviles insostenibles (lo 4×4 que constituyen una plaga, y nadie dirá que reflejan sensibilidad por la contaminación), el consumo de combustibles, etc. Los instrumentos de análisis económico para estimar razonablemente el coste económico de distintos tipos de contaminación están disponibles, y sólo se trataría de imputar sus rendimientos a la disminución de cotizaciones sociales.

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