El rostro amargo del mercado laboral

Artículo publicado en el diario Expansión el 2 de mayo de 2011

Para celebrar el 1 de mayo, las dos sindicales mayoritarias (CC.OO. y UGT) desfilaron por las principales ciudades españolas tras el lema “Empleo con derechos y contra los recortes sociales” que expresa su profundo descontento ante el giro que han supuesto los recortes presupuestarios y las reformas impulsadas por Rodríguez Zapatero durante 2010. Desde el momento en que el Ministro de Trabajo indicó que los datos de la EPA del primer trimestre de 2011 no iban a ser buenos, Fernández Toxo y Méndez no han parado de echar en cara al Gobierno que las reformas no han servido para crear empleo. Aunque el reproche no sea del todo justo (son los empresarios quienes no crean empleo), hay que reconocer que el Gobierno se equivocó al presentar las reformas como una panacea y alimentar falsas esperanzas sobre una pronta recuperación del empleo.

En un artículo titulado “Escalofrío” (Expansión, 15 de mayo 2010) ya me atreví a llevar la contraria al Presidente del Gobierno tras afirmar en el Congreso el pasado 12 de mayo que “el paro ha tocado techo”, e hice la siguiente aseveración sobre la evolución del mercado laboral: “puestos a ejercer de augures, me atrevo a pronosticar que el número de parados va a seguir aumentando durante este año y la tasa de paro superará el listón del 21%, incluso si se cumplen las optimistas previsiones de crecimiento del Gobierno”. Me equivoqué en un trimestre: la tasa de paro quedó a finales de año en el 20,3% y ha habido que esperar al primer trimestre de 2011 para que superase con holgura el listón marcado y alcanzara el 21,3% de la población activa.

La pérdida de 242.500 puestos de trabajo y el aumento en 297.400 personas del número de parados desde el primer trimestre de 2010 constituyen una pésima noticia que sitúa el número de parados (4.910.200) muy cerca de la simbólica cifra de 5 millones, una marca que me atrevo a pronosticar se superará en 2011 incluso si se cumplen las muy optimistas previsiones de crecimiento (1,3%) del Gobierno. Aunque el panorama para las personas que han perdido su trabajo o aspiran a incorporarse al mercado laboral no puede resultar más desalentador, hay que apuntar como datos positivos que la tasa interanual de caída del empleo en el primer trimestre de 2011, 1,3%, se ha mantenido constante, y el crecimiento interanual del número de parados, 6,5%, ha mejorado dos puntos el registro (8,6%) del pasado trimestre.  

Los datos de la última EPA vienen a confirmar que la política de ajuste de las empresas se ha cebado con encarnizamiento en el segmento más joven de nuestra población. En efecto, la cifra de ocupados cayó en 242.500 en el último año, pero el número de jóvenes que perdieron sus puestos de trabajo fue muy superior: 164.400 en el grupo con edades entre 16 y 24 años y 188.400 en el grupo con edades entre 25 y 29 años. En contraste, el número de ocupados mayores de 50 años aumentó en 121.300 personas, un hecho que merece un análisis más detenido. Habida cuenta que las pérdidas de empleo neto se concentraron en Construcción (169.000) e Industria (59.000), dos sectores cuyas perspectivas de crecimiento son poco halagüeñas, el futuro de los jóvenes con edades entre los 16 y 24 años (y cuya tasa de paro ha alcanzado el 45,4% en el primer trimestre de 2011) resulta francamente sombrío. Quizás la única salida para muchos de ellos sea buscar trabajo fuera de España.

A pesar de la ralentización de los procesos de destrucción de empleo y aumento del paro que constata la EPA, no  parece plausible que se produzca una rápida recuperación de la producción y el empleo como ocurrió tras la recesión de 1992-93. No es una mera cuestión de desconfianza hacia el Gobierno y sus políticas como afirman una y otra vez los líderes del PP. El impacto de los recortes en el gasto público aprobados en mayo de 2010, la elevación de los tipos del IVA el 1 julio y la aprobación de unos presupuestos restrictivos para 2011 se ha empezado a notar en la evolución del consumo de bienes duraderos y la demanda de viviendas. Al efecto de esas medidas fiscales, hay que sumar las alzas de los precios del petróleo y otras materias primas y la reciente subida del tipo de interés del BCE que ha arrastrado el euribor y encarecido las hipotecas. De momento, la única buena noticia es que la inestabilidad política en muchos países del norte de África va a seguir desviando hacia España a un importante número de turistas.

A medio plazo, tampoco se puede ser muy optimista sobre la evolución de la producción y las magnitudes laborales. Como apuntaba en otro artículo (Expansión, 3 de febrero de 2011), calma chicha tras la tempestad es lo que nos espera en los próximos tres años mientras se completan los tremendos ajustes presupuestarios que serán necesarios para reducir el déficit de las AAPP al 3% del PIB en 2013 (y continuar recortándolo a partir de ese momento), y el sector privado acaba de digerir los fuertes desequilibrios financiero-inmobiliarios acumulados entre 2000 y 2007, con Aznar y Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno. Resulta difícil que ante circunstancias internas y externas (tipos de interés al alza, un euro fuerte e intensa competencia con los países emergentes) tan adversas, la economía española consiga alcanzar tasas de crecimiento lo suficientemente elevadas como para crear abundantes puestos de trabajo y reducir significativamente la tasa de paro en los próximos tres años.

El diagnóstico que acabo de presentar puede transmitir la impresión de que sólo cabe sentarse y esperar a que la situación mejore. Nada más lejos de la realidad. El Gobierno que ya ha dado algunos tímidos pasos (no siempre bien encaminados) en 2010 tiene que seguir impulsando reformas e iniciativas para erradicar el fraude fiscal y los abusos en la percepción de prestaciones sociales, priorizar el gasto de las AA.PP. atendiendo a criterios económicos, fomentar el turismo internacional  y mejorar la competitividad de las empresas.

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