Cuéntame cómo pasó: la tregua de 1998.

Ya sé que la popular serie de TVE anda ahora por 1980; pero a la vista de los éxitos cosechados en el pasado y la audiencia que sigue concitando en el presente, bien pudiera ser que algún día llegue a contarnos lo que ocurrió en 1998. Este podría ser el trasfondo histórico de uno de los capítulos.

Cuéntame la tregua de 1998

El terrorismo de ETA continuaba haciendo estragos en la sociedad española. Dos concejales del PP y la esposa de uno de ellos habían sido brutalmente asesinados en Enero. Sin embargo, el 3 de mayo, el Sr. Aznar, presidente del Gobierno español, declaraba para sorpresa de casi todos que “en  España, un diálogo sería posible si los que matan dejan de matar y los que amparan a los que matan modifican su posición”, y justificaba su disposición a negociar con los terroristas argumentando que “merecería la pena hacer el esfuerzo de la generosidad si con ello conseguimos la paz”. El 6 de mayo ETA asesinaba a un concejal de UPN, el 8 de mayo a un subteniente de la Guardia Civil y el 25 de junio a otro concejal del PP. Tras un verano en calma y cuatro días después de la declaración de Estella, auspiciada por los partidos dos nacionalistas vascos, PNV y EA, Herri Batasuna, con Otegui a la cabeza, e Izquierda Unida, ETA sorprendía a los ciudadanos de a pie declarando un alto el fuego “total e indefinido” el 16 de septiembre.

Aznar anuncia la tregua de 1998

Pocas semanas después, el 3 de noviembre de 1998, el Presidente “movía ficha” y desvelaba que “el Gobierno y yo personalmente he autorizado contactos con el entorno del movimiento vasco de liberación…”. En sus declaraciones agradecía de antemano la colaboración entusiasta que le iban a prestar los ciudadanos para poder conducir las conversaciones con discreción y reserva. Un comunicado posterior de Presidencia confirmaba la disposición del Gobierno a entablar contactos con el MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) y Aznar designaba al Sr. Zarzalejos, secretario general de la Presidencia, para llevar el peso de las conversaciones. El ejecutivo de Aznar también apuntaba al entonces líder de Herri Batasuna, Arnaldo Otegui –sí, sí, el mismo hombre que hoy está encarcelado por diversos delitos de colaboración con la banda ETA–, como la persona apropiada para hacer de interlocutor político de la banda.

La noticia se recogió con una explosión generalizada de júbilo contenido en la sociedad española. Mientras el diario El Mundo, nada sospechoso de connivencia con la banda terrorista, calificaba en su principal pieza editorial del 4 de noviembre la iniciativa del Gobierno como “otro valiente paso de Aznar hacia la paz”, el diario ABC la presentaba como un “horizonte de esperanza”. Para El Mundo se trataba de “un giro fundamental en los acontecimientos, que afecta hasta el lenguaje: nunca el Gobierno se había dirigido al MLNV utilizando esas siglas”, un cambio que a los responsables de El Mundo les parecía admirable. Por su parte, ABC tras señalar “que sólo el Gobierno de la Nación tiene en sus manos la única contrapartida a la que la banda puede aspirar: la indulgencia”, creía llegada la hora de “tener grandeza de miras” para apostar por el “consenso”, y se comprometía “consciente de la importancia de lo que está en juego… a no perjudicar el proceso mediante un muy prudente y sereno ejercicio de nuestro derecho a informar y opinar”.

Aunque los líderes del  PSOE, se mostraron molestos con el presidente Aznar y el ministro del Interior Mayor Oreja –por no comunicarles su decisión antes de hacerla pública ni haber buscado el consenso con el principal partido de la oposición en un asunto tan delicado–, reaccionaron con suma prudencia: juzgaron “inevitable los contactos anunciados” por el Gobierno de Aznar y no cuestionaron el fondo del asunto, el inicio de contactos con los terroristas. Incluso la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) cuyos miembros habían sufrido más directamente las consecuencias de la barbarie terrorista durante tres décadas –el último asesinato insisto en recordar, lo habían perpetrado el 25 de junio– manifestaba su disposición “a cerrar los ojos en aras de la paz”.

Antes y durante la tregua, Mayor Oreja –sí, sí, el mismo que acuñó el concepto “tregua trampa” para desacreditar al PSOE años después– acercó al País Vasco a varios centenares de presos de ETA entre 1996 y 1999, incluidos algunos de los más sanguinarios, y concedió decenas de terceros grados para favorecer primero el entendimiento con el PNV, y luego crear un clima favorable para el desarrollo de las conversaciones con ETA. Según se desprende de las actas de dichas conversaciones, el 21 de mayo de 1999 el Sr. Arriola, uno de los representantes del Gobierno, reconocía ante Antza, jefe de la banda, que “si Aznar no admitiera la existencia de un conflicto que es evidente no hay más que ver la historia y las hemerotecas, no estaríamos aquí”; y el Sr. Zarzalejos, le aseguraba que “… no venimos a la derrota de ETA”. ETA anunció la ruptura de la tregua el 21 de noviembre de 1999 y durante el año 2000 retomó con renovado ímpetu su sangrienta trayectoria. Pero la crónica de estos sucesos corresponde ya a otros capítulos de la serie.

Una aclaración  (para los actores más jóvenes)

No me sorprendería que quienes recuerdan el recelo con que acogió la plana mayor del PP la moción que presentó Rodríguez Zapatero en el Congreso para iniciar conversaciones con la banda terrorista ETA el 17 de mayo de 2005, tras casi tres años sin víctimas mortales; que quienes vieron como ese escepticismo se tornaba en una agresiva campaña tras anunciar el Presidente el inicio de conversaciones formales con la dirección de la banda el 29 de junio de 2006, tres meses después de que ETA declarara un “alto el fuego permanente” el 22 de marzo; que quienes constataron el nerviosismo de los líderes del PP cuando ETA hizo pública su intención de “no llevar a cabo acciones armadas ofensivas” el 5 de septiembre de 2010, más patente si cabe tras declarar la banda “un alto el fuego permanente y de carácter general” el 8 de enero de 2011; y que quienes, en fin, han comprobado el escaso entusiasmo, rayano en la impostura, con que acogió la plana mayor del PP el anuncio del “cese definitivo de las acciones armadas” el pasado 20 de octubre, a pocas semanas de las elecciones generales del 20 de noviembre; no me sorprendería, digo, que quienes sólo tienen recuerdos de lo acontecido en los seis últimos años, se pregunten si en mi esbozo de guión no habré cambiado torticeramente los nombres de los líderes políticos, alterado dolosamente los nombres de los diarios y hasta puesto en boca de los rectísimos dirigentes de la AVT palabras que éstos nunca pronunciaron en 1998. ¿Tendremos que esperar a que “Cuéntame como pasó” llegue a 1998 para que la verdad empiece a salir a la luz? ¡Carlitos será ya para entonces todo un hombre!

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