La política del rescate

Articulo publicado en el diario Expansión el 4 de julio de 2012

(Enviado el 29 de junio de 2012)

Tras la salida de Rato de Bankia, los nuevos responsables de la entidad anunciaron sin apenas explicaciones que se requería una inyección de 19.000 millones para capitalizar al BFA, su banco matriz. Pocos días después, el Banco de España cifraba en otros 9.000 millones las necesidades de otros dos grupos de cajas fusionadas, CatalunyaCaixa y Novagalicia Banco, ya nacionalizados. Entretanto, la prima de riesgo volvía a dispararse y aunque Rajoy rechazaba en público la necesidad de un rescate, Guindos negociaba la concesión de un préstamo europeo para cubrir las nuevas necesidades del FROB sin emitir más deuda. Así se llegó a la tarde del sábado 9 de junio cuando el ministro confirmó el anunciado desenlace: el Eurogrupo concedía al gobierno español una línea de crédito de 100.000 millones –equivalente al 9,3 % del PIB– para recapitalizar a algunas entidades financieras en apuros. Lo sorprendente una vez más es que el Eurogrupo y el Gobierno español, pese a la delicada situación actual, anunciaran el ‘acuerdo’ sin explicar los términos del mismo.

De momento lo que ha trascendido es poco, demasiado poco para tranquilizar a los mercados. Altafaj, portavoz del comisario de Economía y  Almunia, comisario de la Competencia, confirmaron que el tipo de interés que pagará el Estado por el préstamo estará entre el 3 y 4 por ciento, varios puntos por debajo de la rentabilidad de las obligaciones a 10 años en estos momentos, y que el Estado percibirá de las entidades capitalizadas “al menos un interés del 8,5%”. Según una información publicada en el El Mundo, no confirmada hasta ahora, el plazo de amortización del préstamo sería de 15 años con un período de carencia de 5 años. En cuanto al impacto de la operación sobre el déficit y la deuda, Eurostat aclaró enseguida que al canalizarse el préstamo al FROB, organismo integrado en la Administración Central, las cuantías dispuestas se contabilizarán como deuda y los intereses devengados como gasto público. También Eurostat confirmó que los fondos inyectados a las entidades financieras se contabilizarán como gasto público salvo cuando el Estado persiga “obtener una rentabilidad de mercado”.

A nadie puede sorprender que tras anuniciarse un ‘acuerdo’ cuyos términos siguen negociándose tres semanas después, se disparara la prima de riesgo hasta los 550 puntos y elevara la rentabilidad del bono español a 10 años por encima del 7,0%, sus mayores niveles desde la creación del euro. El ministro Guindos trató, como es lógico, de restar importancia a las subidas, pero lo cierto es que el anuncio no disipó las dudas de los inversores y su inconcreción llevó a algunos analistas a pronosticar la inevitabilidad de un rescate en toda regla. Ni siquiera las declaraciones tranquilizadoras de los líderes del G-20 en Baja California ni la conjura para salvar al euro escenificada por Merkel, Hollande Monti y Rajoy en Roma han devuelto la tranquilidad a los mercados, como atestigua el repunte de ambos indicadores en los últimos días de junio.

Todo apunta a que tras casi cuatro años de desgobierno, inacción e incumplimientos, los inversores otorgan ya una probabilidad significativa a la desintegración de la Eurozona. ¿Qué otra cosa pueden pensar tras escuchar los contradictorios mensajes de sus líderes? Mientras Draghi, presidente del BCE, señalaba en el Parlamento Europeo que la “Eurozona es insostenible”, descartaba que la emisión de eurobonos fuera una prioridad y urgía a clarificar “como va a gobernarse el área de la moneda única en la próxima década”, Barroso, presidente de la Comisión, continuaba su cruzada a favor de la unión bancaria y los eurobonos, y Rehn, comisario de Economía, seguía abogando por la austeridad  fiscal y las reformas estructurales. Un buen cóctel servido en vísperas de las elecciones griegas que disparó los fundados rumores de que la Eurozona se estaba preparando para la salida de Grecia del euro: el alfa del omega de la UEM. Y por si faltaba una pizca de pimienta, Merkel afirmó hace unos días que “no habrá eurobonos mientras viva”.

En medio de esta ceremonia de la confusión, ¿qué credibilidad pueden otorgar los inversores a un ‘acuerdo’ que ni aclara cuándo estarán disponibles los fondos, cuáles son las instituciones involucradas, los tipos de interés y plazos, etc.? “Si esto es todo a lo que están dispuestos, mejor hacer las maletas”, se habrán dicho con razón algunos inversores. 100.000 millones pueden bastar para recapitalizar a algunas entidades, pero no asegura que las entidades españolas puedan hacer frente a los 716.442 millones de deuda exterior acumulada y de los que casi 400.000 vencen en 2012. Al comparar estas cifras, con los 100.000 millones ‘concedidos’ al Gobierno-FROB, se comprende de inmediato por qué hacen falta medidas mucho más contundentes.

Lagarde, directora del FMI, ha dado un plazo de tres meses a los líderes del Eurogrupo para salvar el euro, y casi todos los expertos están de acuerdo en que ese plan tiene que contemplar una mayor integración de la UEM. He aquí tres elementos imprescindibles para detener la viciosa espiral creada por la necesidad de recapitalizar entidades financieras en apuros y la dificultad de los Estados para financiar esas inyecciones emitiendo deuda. Primero, el BCE debe asumir las funciones de supervisión e inspección de todas las entidades financieras y garantizar los depósitos en la Eurozona. Segundo, el BCE tiene que aceptar los títulos de deuda emitidos por cualquier país de la Eurozona como colateral en sus operaciones sin aplicar penalizaciones, para evitar que países como España o Italia se vean abocados a pagar tipos de interés elevados en beneficio de otros como Alemania que, según cálculos fiables, se ahorrará 19.000 millones en intereses entre 2011 y 2012. Por último, la Eurozona tiene que establecer instituciones permanentes de gobierno y, en particular urge crear una Oficina Presupuestaria Europea, que establezca las líneas maestras de la política fiscal y diseñe planes de consolidación fiscal más realistas para la próxima década.

En mi artículo “Es tiempo de exigir” (Expansión, 19 de mayo) manifestaba que “las turbulencias de los últimos días indican que el enfermo necesita algo más que debatir en junio sobre la combinación de crecimiento y austeridad que conviene aplicarle” y recomendaba a Rajoy hacer valer sus puntos de vista ante Merkel y el más receptivo Hollande, pronosticando que “habrían de escucharle” porque lo que está “en juego [es] la supervivencia del euro”. Las noticias que van llegando de la cumbre indican que Merkel y sus aliados se han visto obligados a flexibilizar su posición sobre las condiciones del préstamo concedido para recapitalizar entidades financieras y la necesidad de adoptar medidas urgentes para aliviar el coste de la deuda. Algo es algo, aunque estemos todavía lejos de haber resuelto los problemas de financiación de los bancos y el Estado.

2 comentarios

Archivado bajo Economía, Política internacional, Política nacional

2 Respuestas a “La política del rescate

  1. Antonio Martín

    ¿Acertará Nostradamus, cuando pronostica la 2ª caída del imperio romano, o sea la UE? El fracaso del Euro sería el preámbulo de la disolución de la Unión Europea. Bromas a parte, pues el futuro no está escrito, si no que se forma con los ladrillos que vamos poniendo día a día. Está claro que los países europeos tienen una visión muy nacionalista de esta unión y de las servidumbres que esta unión comporta, como pérdida de soberanía y visión de conjunto en las políticas a tomar. No es raro por tanto que muchos no crean en el futuro de la UE más allá de un tratado comercial. Si en España, que venimos de una unión centenaria, hay desavenencias entre algunas regiones con el conjunto de la nación, de proceden muchos y donde residen sus hermanos y primos, más difícil será la integración entre países en los que no hay un vínculo afectivo más allá de ser europeos y haber estado en guerra en algún momento histórico, y algunos ni eso. Espero que los políticos europeos estén a la altura de las circunstancias y vayan construyendo unas instituciones que funcionen y poco a poco la UE se vaya poniendo a la altura económica y política que le corresponde en el concierto mundial. Pues si hace cien años, las primeras potencias mundiales eran Alemania y el R.U., cien años después toda UE ya no es la primera potencia y vamos camino de ser la tercera.

    • La construcción de Europa implica efectivamente cesión de soberanía. Pero no hace falta llegar a una plena federación para diseñar mecanismos que permitan a los miembros de una unión monetaria poder afrontar una crisis financiera y una recesión. Con un BCE que operase como un banco central y una oficina presupuestaria que marcase directrices presupuestarias y contara con un presupuesto algo superior al actual podría lograrse. O eso creo.

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