Conjura independentista en Barcelona

Artículo publicado en el diario Expansión el 14 de septiembre de 2012

(Enviado el 12 de septiembre.)

La Diada de Cataluña de 2012 ha constituido la culminación del proceso de consultas promovidas por grupos independentistas que se inició en Arenys de Munt en el verano de 2009 y culminó con la votación celebrada en la ciudad de Barcelona el 10 de abril de 2011. A pesar de que las consultas se realizaron en varias oleadas preparadas cuidadosamente durante meses por los organizadores y contaron con el apoyo de los Ayuntamientos y el propio gobierno de la Generalitat, a pesar de que se permitió votar a todas las personas mayores de 16 años, extranjeros incluidos, durante varios días y los recuentos no estuvieron fiscalizados por personas ajenas a los organizadores, los resultados obtenidos indican que únicamente el 20,5% del “censo” electoral participó en ellas y solamente 812.934 ciudadanos votaron a favor de la independencia. Mas i Gabarró, presidente del gobierno de la Generalitat, como la mayoría de los miembros de su actual gobierno participaron en dichas consultas e hicieron público su apoyo a la independencia. A la vista de estas cifras y el apoyo institucional y mediático que ha recibido la convocatoria, no me sorprende en absoluto que varios cientos de miles de personas –incluidos la mayoría de los líderes y afiliados de los partidos políticos nacionalistas (CDC y UDC) y nacional–“izquierdistas” (ERC e ICV-EUiA), así como los representantes de la  subvencionada sociedad “civil” catalana y algunos líderes y afiliados del partido nacional–“socialista” (PSC)– se manifestaran el 11 de septiembre (11S) clamando por la independencia.

Como demócrata que soy –los independentistas catalanes típicamente no lo son y utilizan la coacción directa e indirecta para excluir política y socialmente a quienes no compartimos sus objetivos de construcción nacional–, considero que un Estado puede proceder a segregar una parte de su territorio cuando una mayoría abrumadora de ciudadanos –digamos en torno al 80%– desea alcanzar la independencia. En consecuencia y  tras la exhibición de músculo por parte de las huestes independentistas el pasado martes en Barcelona, considero conveniente proceder a consultar a los españoles residentes en Cataluña –esa es la definición de catalán recogida en el artículo 7 del Estatut– para conocer a ciencia cierta si hay efectivamente una mayoría abrumadora de catalanes que respalda la independencia de Cataluña. Caso de confirmarse la existencia de tal mayoría, soy también partidario de que el gobierno de España diseñe junto con el gobierno de la Generalitat un plan para transferir todas las competencias a Cataluña y arbitrar mecanismos para compensar a todos los españoles residentes en Cataluña que no desean permanecer en una Cataluña independiente. Es mi caso y tal vez el de cientos de miles o millones, de catalanes más. El 80 por ciento, se me dirá es una cifra muy alta, pero es que incluso poniendo un listón tan elevado resultaría muy complicado y costoso ofrecer una salida digna al 20% de los catalanes contrarios a la segregación.

Una vez solventado el espinoso asunto de establecer compensaciones adecuadas para las personas que quieran marcharse de Cataluña antes de consumarse la escisión, los gobiernos de España y la Generalitat podrían operar como dos estados independientes. He aquí un inventario no exhaustivo de las ventajas que obtendría Cataluña. A partir de ese momento, el gobierno catalán podría establecer su propia red de embajadas y su presidente gozaría del privilegio de participar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Cataluña podría también tener sus cuerpos de seguridad y un sistema judicial propio que, de haber existido en 2009, habría evitado que el presunto expolio perpetrado por los dirigentes de CDC contra los catalanes, el mal llamado caso Palau, saliera a la luz. Cataluña recaudaría, por supuesto, sus impuestos y utilizaría los recursos obtenidos como le viniera en gana, pero los exportadores catalanes podrían exigir a su agencia tributaria la devolución del IVA por sus ventas al resto de España, como ocurre en Alemania o Finlandia. Las empresas catalanas –desde la “Caixa” y Banc de Sabadell a SEAT, Abertis, Gas Natural, Aguas de Barcelona o Gallina Blanca– podrían operar en España pero estableciendo filiales españolas que pagarían el correspondiente impuesto de sociedades en España. En fin, Cataluña podría también tener sus anheladas selecciones deportivas nacionales y enfrentarse al fin a España en torneos internacionales, aunque para ello los equipos catalanes deberían abandonar las ligas españolas,  empezando por el FC Barcelona que se enfrentaría los domingos con el Hospitalet, el Sabadell y el Gimnàstic de Tarragona. Un panorama, sin duda, apasionante.

Hace mal Rajoy en quitarle hierro al asunto calificando de “algarabía” la imponente manifestación independentista del 11S. El gobierno catalán, no contento con pisotear algunos derechos fundamentales de los catalanes e ignorar leyes estatales y sentencias del Tribunal Supremo en materia educativa, ha puesto en marcha un aparato propagandístico formidable para convencer a los catalanes de que están siendo expoliados por los “españoles”. Rajoy debería tomarse muy en serio lo que está ocurriendo en Cataluña y llamar a capítulo a Mas y al resto de miembros de su gobierno que encabezaron la manifestación independentista para dejarles claro cuáles son las reglas del juego, tanto si apuestan por la independencia como si deciden continuar siendo una Comunidad Autónoma. A estas alturas de la película, Rajoy sabe perfectamente que la estrategia de transferir nuevas competencias e inyectar más recursos al gobierno catalán seguida por sus antecesores –González (1993-96), Aznar (1996-2000) y Rodríguez Zapatero (2004-11)– sólo ha servido para elevar la virulencia de la confrontación y debería rechazar de plano, por el bien de los catalanes contrarios a la segregación de Cataluña y el resto de los españoles, la arbitraria exigencia del gobierno nacionalista catalán de formalizar un pacto fiscal que le permitiría recaudar todos los impuestos devengados en Cataluña y negociar después su aportación al sostenimiento de un Estado español del que quiere segregarse.

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2 comentarios

Archivado bajo Nacionalismo, Política nacional

2 Respuestas a “Conjura independentista en Barcelona

  1. Jesús

    Hola Clemente,

    ¿Has visto el vídeo?

    ¡Impresionante!

    Saludos

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