Urge aumentar la recaudación con tino

Artículo publicado en el diario Expansión el 17 de agosto de 2012

Tras siete meses al frente del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas (MINHAP), la figura de Montoro se ha empequeñecido con más celeridad incluso que las de Solbes y Salgado, sus predecesores socialistas al frente de Hacienda. Lejos quedan ya los tiempos en la oposición cuando el portavoz económico del PP descalificaba desde la barrera las ‘ocurrencias’ de los gobiernos socialistas –sobrepasados por la magnitud de la recesión económica y la crisis bancaria más grave que ha sacudido España desde 1950– y se permitía susurrar al oído de Oramas deja “que caiga España que ya la levantaremos nosotros”. Erraron Montoro y su partido al creer que una vez ‘caída’ España iba a resultar sencillo levantarla con sus simplistas recetas: recortar gastos superfluos, eliminar duplicidades en las Administraciones Públicas y reducir los tipos impositivos.

Obcecados en magnificar los errores del gobierno de Rodríguez Zapatero para asegurarse el triunfo electoral, los líderes del PP minimizaron la gravedad de la situación económica y llegaron al Gobierno sin planes definidos para afrontar la difícil situación en que se encontraban algunas entidades financieras, lastradas por las enormes deudas contraídas y sus arriesgadas inversiones inmobiliarias, y reducir el insostenible déficit público originado por el simultáneo crecimiento del gasto y desplome de los ingresos públicos entre 2007 y 2009. De dos años completos dispuso Montoro para diseñar las reformas del sistema fiscal y la Administración Pública que pondría en marcha al llegar al gobierno, y, sin embargo, los resultados en el ámbito fiscal de estos siete primeros meses al frente del MINHAP son decepcionantes: recortes del gasto y subidas de tipos, ya ensayados por Zapatero, adobados con una inaceptable e injusta amnistía fiscal. Por ello, Montoro carece de autoridad moral para presentarse en el Congreso y confesar que “no hay dinero en las arcas para pagar los servicios públicos”, porque es él y nadie más el responsable de recaudarlo.

Hace tiempo que vengo llamando la atención sobre la urgencia de aumentar la recaudación. En “Dos agujeros negros en las cuentas públicas” (Expansión, 21 de octubre 2012) planteaba la necesidad de “adoptar nuevas medidas para aumentar la capacidad recaudatoria de un sistema fiscal muy dependiente de las transacciones inmobiliarias y el consumo de bienes duraderos en la última década”, y advertía a los entonces candidatos a presidir el Gobierno de España –Rajoy y Pérez Rubalcaba– que “el debate fiscal de los próximos trimestres no va a ser si se recortan los gastos o se suben los ingresos, sino qué gastos se recortan y qué impuestos se elevan”. Y añadía que “se equivocará el nuevo gobierno si, acuciado por la necesidad de aumentar los ingresos, se limita a volver a aumentar los tipos del IRPF e IVA. Además de ahondar el ya injusto reparto de la carga fiscal, el efecto recaudatorio de tales medidas será muy limitado si no van acompañadas de otras acciones dirigidas a hacer emerger las actividades opacas al fisco, poner cerco a los paraísos fiscales siguiendo el ejemplo de Estados Unidos (véase mi artículo, “Estados Unidos pone cerco a los bancos suizos”, Expansión, 25 de febrero 2009) y gravar con tipos efectivos más elevados las rentas no salariales cuya participación en el PIB ha crecido 2 puntos porcentuales entre 2007 y 2010”.

En otro artículo “Fin de la primera etapa” (Expansión, 21 de diciembre 2012), escrito tras escuchar el idílico discurso de investidura desgranado por Rajoy en el Congreso, volví a advertir al ya Presidente “que se equivocará si carga todo el peso del ajuste sobre el gasto público en 2012 –¡y luego en 2013 y 2014!–, al mismo tiempo que bonifica la contratación, reduce los ingresos del IRPF recuperando la desgravación por compra de primera vivienda, e introduce nuevas deducciones en el impuesto de sociedades. Hay que recuperar también la recaudación que se desplomó entre 2007 y 2009 si se quiere repartir con equidad las cargas del ajuste en las próximas etapas de la carrera”. Quizás Rajoy quiso rendir un último tributo a su ilusorio programa electoral que, en el apartado 1.6 (“Reforma fiscal para el crecimiento y la equidad” p.42-44) no incluía ni una sola medida para aumentar la recaudación, más allá de una vaga alusión a modernizar “los procedimientos tributarios… y concentrar las actuaciones en los grandes focos de fraude fiscal” y adecuar “la legislación sancionadora a la actuación de tramas organizadas de defraudación, la utilización de paraísos fiscales y otros delitos complejos contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social”. ¡Quiero pensar que tales actuaciones y adecuaciones no eran la amnistía fiscal que aprobó el PP tres meses después!

A pesar de los recortes en servicios públicos e inversión y las subidas de impuestos acordadas por los gobiernos de Rodríguez Zapatero a partir de mayo de 2010, las cuentas públicas arrojaban un saldo insostenible a finales de 2011: el déficit público superaba el 8,0% del PIB y el porcentaje de recursos no financieros de todas las Administraciones Públicas sobre el PIB, 35,13%, era casi idéntico al de 2009 (35,09%) y 6,0 puntos inferior al de 2007 (41,13%), equivalente a una pérdida de 56.124 millones. Rajoy tardó sólo una semana en olvidar su programa y aprobar las primeras elevaciones de impuestos (IRPF e IBI) que abrieron el camino a otras medidas fiscales (impuesto de sociedades, amnistía fiscal y gravamen temporal IRPF) y recortes en el gasto recogidas en los Presupuestos Generales del Estado de 2012. A ellas hay que sumar el nuevo Plan Presupuestario 2013-14 enviado a Bruselas el 4 de agosto que contempla un ajuste de 102.149 millones distribuido en tres años: 13.118 millones adicionales en 2012, 38.956 en 2013 y 50.075 en 2014. Puesto que el MINHAP estima el aumento de la recaudación (neto de cotizaciones sociales) en 31.948 millones en los tres años, el 31,3% de 102.149 millones, los restantes 70.201 millones corresponden a recortes adicionales en el gasto: 8.073 en 2012, 24.927 en 2103 y 37.302 en 2014.

Estamos ante las mismas políticas que aplicó Rodríguez Zapatero a partir de mayo de 2010 sólo que Rajoy pretende incrementar, por exigencia de Berlín y el BCE, elevar las dosis de recortes del gasto y subidas de impuestos aplicadas al enfermo. La magnitud de los ajustes para 2013 y 2014 es de tal calibre que de llevarse a cabo no sólo hará peligrar la mayoría de los programas sociales tal y como los conocemos hoy sino que agudizará la recesión en 2012 y 2013, como acaba de reconocer el FMI que ha rebajado la caída  del PIB hasta el 1,2% en 2013 y el aumento a sólo el 0,6% en 2014. En comparación, el cuadro macroeconómico del Gobierno “que refleja una leve caída del PIB del 0,5% en 2013 que se tornará en un crecimiento de la economía del PIB en 2014 del orden del 1,2%” transpira un optimismo que arroja serias dudas sobre sus estimaciones de ingresos. Incluso las asociaciones de inspectores y técnicos de Hacienda consideran inefectivas e injustas las medidas tributarias adoptadas por sus superiores para cuadrar las cuentas y pronostican un aumento del fraude fiscal.

Urge aumentar la recaudación, desde luego, pero hay que hacerlo con tino. Si como indican las cifras del INE el PIB nominal es hoy prácticamente el mismo que en 2007, y si como reconoce Montoro “si el IVA lo pagaran más quienes lo tienen que pagar no habría que subirlo tanto”, lo lógico sería poner en marcha sin más dilaciones una reforma fiscal de calado para elevar varios puntos la recaudación, haciendo aflorar las transacciones y rentas opacas y gravando las rentas no salariales a tipos efectivos similares a los que soportan las rentas del trabajo. Y para ello, resulta indispensable dotar con más medios e independencia a la Agencia Tributaria y la Oficina Antifraude –lo contrario de lo que están haciendo Rajoy y Montoro–, a fin de multiplicar las inspecciones y agilizar la tramitación de los expedientes incoados. Sólo así resultará creíble el programa de consolidación fiscal y se evitará desmantelar importantes servicios públicos y seguir recortando inversiones.

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Archivado bajo Economía, Política nacional

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