¿Quieren los catalanes la independencia?

Artículo publicado en el diario Expansión el 28 de septiembre de 2012

Mas celebrando la aprobación de la resolución a favor de celebrar una consulta sobre la autodeterminación de Cataluña promovida por su partido, CDC, ERC e ICV-EUiALa apuesta independentista que hasta unos años soslayaban con prudencia Pujol, Mas, Homs y compañía –los amos de la masía– ha alcanzado su mayoría de edad tras ponerse el gobierno catalán al frente de la manifestación independentista del 11S, anunciar su presidente Mas la convocatoria de elecciones anticipadas el 25 de noviembre y aprobar una resolución en el último pleno en el Parlament para realizar una consulta sobre la autodeterminación de Cataluña, con o sin la autorización del Estado español. En cuanto al anticipo de las elecciones, la mayoría de los analistas han destacado el incumplimiento de todas sus promesas electorales en los veinte meses que ha gobernado salvo la supresión del impuesto de sucesiones a los más ricos, al tiempo que cerraba quirófanos y centros de atención primaria y mandaba al paro a miles de profesores y empleados públicos. Desacreditado por haber prometido hacer “más con menos” y en realidad haber hecho “menos con Mas”, y acorralado por la abrumadora evidencia que apunta a que CDC se financió ilegalmente durante al menos un década cobrando comisiones a través del Palau, Mas y su gobierno han decidido ponerse al frente del movimiento que impulsó las consultas independentistas y la manifestación del 11S. ¡Curiosa coincidencia que las consultas arrancaran en Arenys de Munt el 13 de septiembre de 2009, dos meses después de que la policía autonómica catalana (“mossos d’esquadra”) irrumpiera con una orden judicial en las oficinas del Palau y se destapara el tinglado convergente!

Mucho ha cambiado Cataluña desde la aprobación de la Constitución en 1978 y el primer Estatut en 1980 merced a la acción de los gobiernos nacionalistas de Pujol (1980-2003) y Mas (2010-2011) y nacional–“socialistas” de Maragall (2003-2006) y Montilla (2006-2010). A pesar de haberse aprobado un nuevo Estatut en 2006 que amplía las competencias del gobierno catalán y un nuevo modelo de financiación autonómica en 2009 que incrementa sus recursos, varios de los partidos que patrocinaron el proyecto de Estatut aprobado en el Parlament en septiembre de 2005 consideran insuficiente lo conseguido: ERC e ICV-EUiA, hace tiempo que reclaman la independencia, y CDC se ha sumado a ellos reclamando el derecho del pueblo catalán a determinar su futuro y proclamar un estado propio. Nunca CDC, ni en el gobierno ni en la oposición, ha desperdiciado una ocasión para achacar a Madrid los males de Cataluña y ahora que el desgobierno y la recesión han aumentado el malestar social no ha dudado en seguir sembrando la insidia entre los catalanes acusando a “los españoles de robarles la cartera”. El contador del “expolio de Cataluña” que CDC exhibe en su página de Internet es un claro ejemplo de la deslealtad institucional y el populismo demagógico del nacionalismo. Guste o no hay que aceptar que la tendencia centrífuga que impidió a la Segunda República afrontar con seriedad y contundencia el alzamiento militar de 1936, ha vuelto a resurgir con fuerza en los últimos años en Cataluña.

El problema está ahí y voy a referirme a tres posibles fórmulas para encararlo. Está, en primer lugar, la posición que podríamos denominar progresista-conciliadora. Cebrián, presidente del grupo PRISA, instaba a Rajoy hace unos días a escuchar las demandas de los cientos de miles de catalanes que se manifestaron el 11S y, como Rubalcaba, propiciaba modificar la Constitución para avanzar hacia un estado federal. Ojalá los nacionalistas catalanes se avinieran a ello, pero me sorprendería que quienes votaron en las consultas independentistas y marcharon el 11S vayan a conformarse con compartir un estado federal porque, entre otras cosas, no conozco ninguno donde los estados miembros “tengan la llave de la caja”, prohíban la enseñanza en la lengua oficial del Estado, se jacten de ignorar las leyes federales e incumplan las sentencias del tribunal supremo. Les recomendaría a ambos que leyeran con atención las intervenciones de Mas y los portavoces de ERC, ICV-EUiA y SI en el último pleno del Parlament de Cataluña, y las confronten con el retrato que nos dejó Azaña de las élites catalanas: “Los que oficialmente representaban a la opinión catalana, solían decir que Cataluña y su gobierno eran atropellados y vejados por el Gobierno de la República, que les arrebataba no sólo las situaciones de hecho conquistadas desde el comienzo de la guerra, sino las facultades que legalmente les confería el régimen autonómico. Miraban en el ejército de la República, reorganizado desde que en mayo del 37 el Estado recuperó el mando militar, ‘un ejército de ocupación’. Consideraban perdida la autonomía y despreciada la aportación de Cataluña a la defensa de la República”. Les recomendaría, por último, que lean con atención el dietario de Amedeu Hurtado, un nacionalista catalán anonadado por las delirantes confidencias del ‘president Companys’, dispuesto a inmolarse –como ahora Mas a ser el “instrumento”– por Cataluña.

La segunda postura es la que ha seguido el gobierno de España y el PP: tirar balones fuera y esperar a que escampe el temporal, mostrando con una mano la zanahoria y con la otra la punta del palo. Rajoy, manifestó en el Congreso –la víspera de su reunión fallida con Mas– su compromiso “como presidente del gobierno a guardar y a hacer guardar la Constitución y las leyes”, pero dejó la puerta abierta a negociar cambios en la financiación autonómica más adelante. Cospedal advirtió que “no es el momento de los desafíos ni las amenazas ni los chantajes”, y recordó a Mas, sin citarlo, que “si quieren pedir un flotador se lo vamos a dar, pero no vamos a permitir que nos hunda el barco”. Esta vía tiene, en mi opinión, tan escaso recorrido como la anterior, ya que ni va a servir para contentar al gobierno catalán que salga de las urnas el 25N –previsiblemente liderado por Mas, con el apoyo de ERC si CiU no alcanza la mayoría absoluta–, ni para detener la creciente insatisfacción en Cataluña. Para el orador que lucía una camiseta “1714” y los manifestantes que le respondían entusiasmados “sí, queremos la independencia” el pasado 11S, no hay zanahoria ni palo que valga.

La tercera posibilidad es aceptar el envite de Mas y organizar un referéndum en Cataluña en 2013 para saber si los catalanes quieren seguir formando parte de España en igualdad de condiciones con el resto de españoles. Obviamente, segregar una parte del territorio es una cuestión muy seria que plantea múltiples problemas y no puede improvisarse en dos días, pero si una mayoría abrumadora de catalanes –digamos más del 80%– así lo desea, sería antidemocrático e inútil empecinarse en llevarles la contraria: sólo produciría mayor frustración y encono. Al PP y al PSOE, siempre reacios a abordar este asunto, les toca sentarse tras el reto de Mas a diseñar la hoja de ruta que permitiría a una Comunidad Autónoma alcanzar la independencia, e introducir los cambios pertinentes en la Constitución. Sólo así conocerán los ciudadanos catalanes –directivos, autónomos, trabajadores, sindicalistas, jubilados, adolescentes y políticos– cuáles son las ventajas e inconvenientes de permanecer en España o crear un Estado propio y podrán votar en consecuencia. Y hasta puede que una vez clarificado el camino algunos independentistas de salón comiencen a apreciar la utilidad de no crear entes innecesarios.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Nacionalismo, Política nacional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s