Divorcio, emancipación y el festival de Eurovisión

Artículo publicado en el diario Expansión el 1 de noviembre de 2012

Quizás al leer el título piensen los lectores que me he vuelto chaveta, pero no es a mí a quien se le han reblandecido los sesos sino a Mas, presidente del gobierno catalán, y a Mas-Colell, su consejero de Economía, que han empleado estos términos para justificar la secesión de Cataluña y minimizar sus consecuencias. Imputado Osàcar, secretario personal de Mas entre 2000 y 2005 y tesorero de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) entre 2005 y 2011, por haber presuntamente financiado al partido con las comisiones cobradas a empresas a las que los gobiernos presididos por Jordi Pujol habían adjudicado obras públicas multimillonarias; implicado el ‘hereu’ Oriol Pujol, secretario general de CDC, en una trama urdida para amañar concesiones en el servicio de inspección técnica de vehículos en Cataluña; desacreditado su gobierno de los ‘mejores’ que ha dejado a Cataluña al borde de la quiebra, no me sorprende nada que Mas haya optado por abortar la legislatura para emular a Companys –su antecesor en el cargo que proclamó el Estado Catalán– y convertir, enfundado en la señera, las elecciones del 25 de noviembre en la primera vuelta de la consulta sobre la independencia.

¿Les suena el caso Banca Catalana, verdad? La oleada de consultas soberanistas que se iniciaron, casualidades de la vida, en Arenys de Munt, apenas dos meses después de que la policía autonómica irrumpiera con una orden judicial en el Palau de la Música en julio de 2009, y culminaron en la manifestación del pasado 11 de septiembre alentada por Mas y sus consejeros, constituye un caldo de cultivo ideal para obtener una amplia mayoría en las urnas que CDC no podría obtener sin recurrir a las habituales coartadas: Madrid no nos entiende, Madrid nos ningunea, Madrid nos roba. La intención táctica es clara, lo que sorprende es la fragilidad de los argumentos que han expuesto los líderes de CDC para justificar su deriva  independentista, exagerando los beneficios esperados (eliminación del déficit fiscal) y minimizando los costes que lleva aparejada la independencia clásica.

El propio Mas reveló con cierta candidez la frivolidad de su proyecto al equiparar la secesión de Cataluña, primero, con el divorcio civilizado de una pareja y, más tarde, con la emancipación amistosa de su hija que ha dejado el hogar familiar para vivir con su prometido. Ya saben, ley de vida: las hijas se emancipan y las parejas se divorcian. No se quedó a la zaga Mas-Colell, su consejero de Economía, quien en una conferencia impartida en el Círculo Ecuestre de Barcelona sólo se le ocurrió confortar a su desasosegada concurrencia recordándoles que, aunque las relaciones entre los pueblos pueden pasar por “momentos más o menos difíciles”, al final se superan como demuestra que “los croatas votaron a favor de los serbios” en el último festival de Eurovisión. Desafortunada referencia donde la haya, habida cuenta de la cruenta y despiadada guerra que arrasó a Croacia. ¡Ojalá que el proceso de independencia de Cataluña fuera tan simple como la emancipación de la hija de Mas y al año que viene España estuviera en disposición de votar “Catalonia is not Spain”, o “La vaig matar perque no era meva”! Mucho me temo que la cosa se asemeja más a un agrio divorcio que a una emancipación acordada.

Resulta llamativo que Mas no haya reparado en que incluso actos cuyas consecuencias se circunscriben normalmente al ámbito familiar, como el divorcio o la emancipación, están contemplados en el derecho. Los cónyuges que han pasado por un proceso de divorcio saben muy bien que son las leyes y los jueces quienes determinan en última instancia a quién se asigna la custodia de los hijos y cómo se reparten los bienes comunes. A buen seguro que el propio Mas habría recurrido a los tribunales si su hija, en lugar de marcharse con su prometido, hubiera cambiado la cerradura del piso familiar y ocupado el dormitorio de sus padres. Mas-Colell pasó también por alto los efectos negativos que el divorcio tendría en las relaciones comerciales y el turismo, y olvidó mencionar los costes que ocasionaría a las empresas operar en dos Estados con sistemas fiscales distintos, uno de ellos, Cataluña, fuera de la UE HASTA 2020. Y uno y otro han minimizado las declaraciones de algunos empresarios –y el notorio silencio de otros– que ya han manifestado su disposición a trasladar más pronto que tarde sus sedes a Cuenca, Madrid o Zaragoza, camino que con toda seguridad seguirían también multitud de funcionarios del Estado residentes en Cataluña si la secesión se consumara.

Dejando al margen las inconveniencias, quiebra de confianza y otros costes que acarrearía a las empresas y familias el divorcio de Cataluña con España, hay otra cuestión sobre la que Mas y su consejero de Economía han guardado intencionadamente silencio, a saber, cómo se repartirán los bienes comunes, el capital público acumulado en Cataluña con el esfuerzo de todos los españoles durante más de 500 años de historia. Supongo que como buenos nacionalistas dan por sentado que puertos y aeropuertos, infraestructuras hidráulicas y de distribución de agua, redes ferroviarias y viarias, centros sanitarios, instalaciones deportivas y culturales, etc., de titularidad pública, pasarán automáticamente a la Generalitat de Cataluña tras crearse el Estado catalán, una intención que quizás explica la machacona insistencia con la que los nacionalistas reclamaban al gobierno español mayores inversiones en Cataluña en los últimos años.

Ahora bien, ni el derecho ni la historia avalan su pretensión de apropiarse sin más del capital de titularidad pública acumulado en Cataluña pero financiado con los impuestos de todos los españoles, incluidos los de los catalanes contrarios a la independencia de Cataluña. Puesto que además dicho capital público forma parte de una red diseñada desde una concepción unitaria del Estado –sólo así se explica, por ejemplo, que el Estado español esté invirtiendo cientos de millones en perforar túneles para que el AVE atraviese el subsuelo de Barcelona en lugar de perforar un túnel en el Pirineo, o que dé prioridad a la construcción del corredor ferroviario del Mediterráneo frente al corredor central–, indispensable para el buen funcionamiento de la economía española en su conjunto, resulta de todo punto imposible que el Estado español ceda sin más su titularidad a un hipotético estado catalán independiente. La independencia como el divorcio sin mutuo acuerdo y con bienes comunes de difícil reparto no puede tratarse con la frivolidad con que lo han hecho Mas, sus consejeros  y CDC desde que accedieron al gobierno a finales de 2010. Su irresponsabilidad nos aboca a un conflicto de imposible solución –Rajoy ha acusado a Mas de llevar “a un dilema imposible a los catalanes”– que sólo servirá para añadir más zozobra e incertidumbre en un momento muy delicado para nuestra economía.

Escribía el nacionalista Amedeo Hurtado el 8 de junio de 1934 (Abans del six d´octubre, Quaderns Crema, 2008, 2ª edició) que “Cataluña no ha producido, ni por ahora puede producir, ningún otro tipo político que el agitador propenso a la protesta y diestro en aprovechar cualquier motivo de orden sentimental para dar miedo al adversario mientras dure la llamarada. Desde la Liga hasta el sindicalismo, la historia política de Cataluña se ha desarrollado siempre con este mismo patrón y al mismo ritmo. Puede ser que no valga la pena empeñarse en cambiarlo. Pero esta vez parecía que por el hecho de tener el Gobierno de una Cataluña autónoma se había de ir con más cuidado porque la política tradicional ha de traer como consecuencia dar al pueblo la sensación de que la República, a pesar de haber reconocido la autonomía catalana, es tan odiable como la monarquía, y eso además de injusto, puede ser funesto”. Si Don Amedeo levantara la cabeza se quedaría pasmado al constatar lo poco que han cambiado las cosas con el gobierno de los “mejores” de CDC.

 

Deja un comentario

Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s