Elecciones catalanas: una oportunidad para rectificar

Artículo publicado en el diario Expansión el 24 de noviembre de 2012

(Nota al lector: tengo por norma publicar los artículos en el blog al menos un día más tarde de su publicación en el diario. Habida cuenta de que mañana se celebrarán las elecciones en Cataluña he optado por hacerlo hoy mismo.)

El próximo domingo los catalanes tenemos cita con las urnas dos años después de la victoria electoral de CiU el 28 de noviembre de 2010. En lugar de estar discutiendo a estas alturas del año los presupuestos para 2013 en una Comunidad donde el gobierno no puede hacer frente a las nóminas de sus empleados ni a las facturas de sus proveedores sin ayuda del Fondo de Liquidez Autonómica, Mas y Pujol decidieron que tras la multitudinaria manifestación del 11S no era momento de ocuparse de semejantes minucias sino de iniciar el proceso de transición hacia la constitución de un estado propio. Dicho y hecho. En el debate de política general celebrado el 26 de septiembre, Mas, en lugar de hacer balance de su desastrosa gestión al frente del gobierno de la Generalitat, anunció la disolución del Parlament y para distraer al personal presentó el día 27 una resolución conjunta de CiU y ERC que recogía su compromiso de realizar un referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña en la siguiente legislatura. Nada podía satisfacer más a la pseudo-izquierda independentista ICV-EUiA que apoyó la propuesta.

Disolver el Parlament, paralizar la administración durante varios meses, retrasar la aprobación de los presupuestos hasta el próximo año y malgastar los impuestos en una nueva campaña electoral es la última prueba de la frivolidad e incompetencia del gobierno de los “mejores” que ha demostrado su incapacidad para gestionar la recesión y afrontar las graves acusaciones de corrupción que pesan sobre CDC. Al plantear las elecciones legislativas como un plebiscito sobre el ser o no ser de Cataluña, Mas y Pujol han hurtado a los ciudadanos la posibilidad de debatir sobre las causas del incumplimiento de las promesas electorales hechas en 2010 y conocer qué piensan hacer para resolver los problemas que nos preocupan: paro, situación económica y corrupción de la clase política. Todo lo fían a la creación de un estado propio que permitirá al nuevo gobierno reducir los impuestos, elevar las pensiones, atajar el fraude fiscal e incluso aumentar en dos años la esperanza de vida saludable. Quienes conocen la eficacia de la promesa de felicidad en el más allá, saben muy bien lo difícil que resulta a los ciudadanos, sobre todo cuando están pasándolo tan mal, sustraerse a augurios tan atractivos por extravagantes e inalcanzables que sean.

Así planteadas las elecciones, los líderes de los partidos apenas hablan de otros asuntos. Navarro y el PSC, un partido roto por las disensiones internas y la perdida de buena parte de su base electoral tras gobernar junto con ERC durante siete años, aboga por una consulta legal y un estado federal que nadie sabe en qué se diferencia del actual estado autonómico. El PP, único partido de ámbito estatal que concurre a estas elecciones en Cataluña, se manifiesta con rotundidad a  favor de una Cataluña integrada en España, aunque dispuesto a mejorar las condiciones de financiación de Cataluña. Jonqueras y ERC que ya se ven como los nuevos aliados de CiU, se autoproclaman garantes del proceso hacia la independencia y prometen vigilar de cerca a CiU para que no se desvíe “en la primera curva”. Herrera, cabeza visible de ICV-EUiA, apoya la celebración de la consulta para mejorar, dice, el bienestar de los catalanes, toda una prueba de la altura de miras de la nueva ‘izquierda’ nacionalista. Y Rivera y Ciudadanos son los únicos que critican la gestión de Mas y airean los casos de corrupción que afectan a CDC.

Los catalanes que votaremos el próximo domingo tenemos que preguntarnos a dónde puede llevarnos la aventura independentista que patrocinan CiU, ERC e ICV-EUiA. Ningún economista serio otorga credibilidad alguna a las falacias que sobre el déficit y expolio fiscales ha difundido el gobierno catalán para avivar el sentimiento independentista en Cataluña. Como tampoco nadie se fía ya de los burdos intentos de Mas y sus consejeros para minimizar las consecuencias de la independencia. En cuanto a la situación en que quedaría el nuevo estado respecto a la UE, tanto Barroso como Reding,  presidente y vicepresidenta de la Comisión, respectivamente, dejaron claro hace semanas que Cataluña quedaría fuera de la UE, y Sefcovic, vicepresidente de la Comisión, lo ha vuelto a confirmar ante la Eurocámara hace pocas horas. Hasta Mas que afirmó inicialmente que Cataluña reingresaría en la UE en 24 horas se ha visto obligado a retractarse con la boca pequeña.

Aclarado esta crucial cuestión, no resulta difícil extraer las consecuencias negativas que traería la independencia, incluso si fuera posible alcanzarla de  manera civilizada. Para empezar, la exclusión de la UE implicaría también la salida de la Eurozona y las entidades financieras catalanas se verían obligadas a trasladar su domicilio fiscal a España para poder seguir operando como entidades de contrapartida en el Sistema Europeo de Bancos Centrales. Las exportaciones de las empresas catalanas al resto de España quedarían exentas de IVA y todas las exportaciones dirigidas a la UE sujetas al arancel comunitario y a otros costes que soportan los países no miembros. La consiguiente caída de las exportaciones al resto de España podría resultar letal para los sectores más dinámicos de la economía catalana, cuyas exportaciones al resto de España explican entre el 40 y el 70 por ciento de su producción. Tampoco es difícil pronosticar que la salida de la UE induciría a algunas empresas no financieras a dejar Cataluña –algunas a pesar de las advertencias de Mas así lo han anunciado y otras ya lo han hecho sin estruendo– y a los inversores extranjeros a desviar sus inversiones hacia países de la UE.

En las últimas elecciones generales, Duran pedía a los empresarios que votaran “más con la cartera” que “con el corazón”. Pues sí, vale la pena que los ciudadanos hagamos bien las cuentas antes de votar el 25 de noviembre y no nos dejemos embaucar por los cantos de sirena de quienes, con la excusa de llevarnos a Itaca, nos empujan hacia una catástrofe económica.

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Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

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