Un plan de ruta frente al independentismo catalán

Artículo publicado en el diario Expansión el 27 de noviembre de 2012

Los resultados de las elecciones autonómicas catalanas han asestado un severo varapalo a Mas y a CDC que han perdido 12 diputados en el intento de capitalizar la manifestación independentista del 11S para gobernar con mayoría absoluta. Contra lo que pronosticaban las encuestas, los ciudadanos han expresado su desconfianza en un político errático que un día fue al notario para registrar su compromiso de que no gobernaría con apoyo del PP, cuatro años después y sin visitar previamente al notario gobernó con el PP, y en los últimos tiempos se ha apuntado a la aventura de crear un estado propio sin otra hoja de ruta que la promesa de realizar una consulta para que los catalanes digan si quieren un estado independiente dentro de la UE. Poco tardó la UE en hacerle notar que la pregunta era superflua porque si Cataluña se independiza dejará de pertenecer a la UE y la Eurozona. Con estos datos en la mano, los catalanes independentistas debieron pensar que para este viaje a ninguna parte mejor confiar en ERC, un partido que aboga sin dobleces por la independencia.

Como expresaba en mi anterior artículo, se ha parado la primera embestida pero el órdago independentista sigue sobre la mesa. ERC habrá extraído la conclusión de que lo suyo no es gobernar sino agitar conciencias, y seguirán cada día recordando, aunque sea falso, que Cataluña tiene un enorme déficit fiscal, y explicando a los ciudadanos golpeados por la crisis las maravillas que podrían hacerse en Cataluña con los impuestos que Madrid les roba. Lo más preocupante de los resultados electorales del 25N no ha sido, sin embargo, el ascenso de ERC, nutrido principalmente con votantes que habrían respaldado a CDC en otras circunstancias, sino el hecho de que entre los partidos que obtuvieron escaños, sólo el PP está implantado en todas las Comunidades Autónomas. No resulta difícil entender que los partidos centrados en una Comunidad tienden casi de manera natural a mirar por los intereses particulares y raramente plantean cuestiones y defienden puntos de vista que afectan al conjunto.

Resulta una tarea urgente que, PP y PSOE, los dos partidos con capacidad para vertebrar la sociedad española, tengan mayor presencia en Cataluña y el País Vasco para contrarrestar la influencia de los partidos y medios de comunicación locales. El PP ha jugado hasta ahora un papel marginal en Cataluña y el PSOE ni siquiera constituye una opción política a la que los catalanes pueden votar desde que aceptó subsumirse dentro del PSC. En estas elecciones, el PP ha registrado un ligero ascenso en términos absolutos y relativos, pero representar al 15,2 % de los votantes no es para echar las campanas al vuelo. El fracaso cosechado por el PSC, muchos de cuyos votantes han optado por respaldar a Ciudadanos e ICV-EUiA en esta cita, debería hacer meditar a Rubalcaba: el PSOE tiene que estar presente con sus siglas en todo el territorio español antes de que sea demasiado tarde y quede reducido a un partido andalucista. Rubalcaba parecía tenerlo claro cuando presentó su candidatura a la secretaría general del PSOE hace no tantos meses: quería un partido nacional que vertebrara España y hablara con una sola voz. Convendría que refrescara su memoria.

A la vista de la importancia creciente de las fuerzas centrífugas en Cataluña (y también en el País Vasco) empieza a resultar urgente que el PP y el PSOE lleguen a acuerdos para afrontar el reto del independentismo catalán y vasco. Fueron capaces de hacerlo para enfrentarse al terrorismo en la década de los noventa, y ahora toca responder al movimiento independentista, que, aunque menos cruento, constituye una amenaza incluso más seria. España ya es de hecho un estado federal y resulta esencial cerrar la Constitución fijando las competencias de las CC. AA. y CC. LL., asignando competencias fiscales claras a cada escalón de la administración. En mi opinión, sería incluso conveniente regular el proceso por el que una Comunidad Autónoma podría alcanzar la independencia cuando la inmensa mayoría de sus ciudadanos lo demandase.

También resulta imprescindible que los dos partidos se respalden mutuamente para exigir el cumplimiento de las leyes y normas estatales y las sentencias de los tribunales. El Estado no puede estar ausente en ninguna Comunidad Autónoma, como casi ya ocurre en algunas, ni hacer la vista gorda cuando los gobiernos y parlamentos autónomos (e incluso algunos Ayuntamientos) ignoran, y hasta se jactan de ello, las normas estatales, e incumplen sentencias firmes de los tribunales. Y  deberían evitar cuidadosamente cualquier confrontación entre PP y PSOE cuando los tribunales tienen que decantar las responsabilidades penales en que han podido incurrir los líderes de partidos nacionalistas. No se persiguen opciones ideológicas sino presuntos delitos cuando un juez instruye un caso como el del Palau de la Música en el que está implicado Osàcar, secretario personal de Mas (2000-05) y tesorero de CDC y la Fundación Trías Fargas-CatDem (2005-2011).

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Archivado bajo Nacionalismo, Política nacional

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