Despedida en falso

El pasado 25 de junio participé, como suelo hacer cada los martes cada quince día, en la tertulia sobre política y economía que dirigía el periodista Emilio López Valls.  Al finalizar, solía esperarme Emilio fuera del edificio fumándose un cigarrillo y luego le acercaba al centro de la ciudad. Comentábamos en el trayecto alguna incidencia de la tertulia u otras noticias de interés, me preguntaba a veces por la situación en la Universidad, y cuando llegábamos a su destino, se desabrochaba el cinturón (¡Siempre antes de hora!), me daba recuerdos para la familia y se despedía diciéndome -a modo de recordatorio de nuestra próxima cita- ¡hasta dentro de quince días!. El martes 25 estuvimos un rato más largo del habitual charlando en el aparcamiento exterior de 25tv con David Pérez, contertulio y militante del PSC, comentando la insostenible situación en que se encuentra su partido y la dramática fractura social que ha provocado el independentismo en la sociedad catalana. Nos despedimos, tomamos asiento en el coche y nos dirigimos desde Hospitalet hacia la Diagonal por la avenida de la Constitución y la Ronda del Mig. Había tenido aquel día un cruce de palabras algo subidas de tono con Carles Combarro, concejal de CiU en Santa Coloma, al final de la tertulia, y me pidió Emilio que para la próxima cita llevara la información relativa a las cuentas en Liechtenstein del padre de Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, cuya existencia negaba el edil convergente. Antes de despedirnos, me confirmó que el programa seguiría hasta finales de julio. Salió del coche y lo vi alejarse mientras se encendía un cigarrillo. Eran las 17:30 del martes 25 de junio.

Cuando Carmen de Tienda me llamó el viernes por la mañana para comunicarme el fallecimiento de Emilio, ocurrido el jueves 27, no daba crédito a lo que oía. Sabemos que estas cosas pasan todos los días, pero incluso siendo conscientes de la fragilidad de la vida resulta difícil asumir que ya no podrás cruzar unas palabras con la persona cordial y afable de la que te despediste en plenas facultades pocas horas antes. Asistí a la tertulia que dirigía Emilio (casi) todas las semanas desde que se hizo cargo de la misma y compartí con él muchas horas de intercambio amigable de puntos de vista sobre la situación política y económica de nuestro país y el mundo, dentro y fuera del plató. A pesar de que las discusiones resultaban a veces apasionadas (raramente broncas), Emilio sabía siempre calmarlas haciendo gala de su fina ironía y echando mano del poso de escepticismo que alberga quien ha vivido ya muchas batallas y sabe que a los fuegos sigue el humo y luego la noche limpia. Te echaré de menos, Emilio, sobre todo cuando los martes por la tarde no escuche tus preguntas ni me encuentre con tu rostro al volverme hacia el asiento del pasajero.

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