El coste de la secesión de Cataluña

Artículo publicado en la revista TEMAS para el debate, nº 230-231, enero-febrero 2014, pp. 41-43.

Artur Mas calmando su sed de independenciaEstamos cerca ya de que el reto de la Generalitat al Estado español, a propósito del derecho a decidir y la convocatoria de una consulta para preguntar a los catalanes si quieren que Cataluña sea un estado independiente, lleve a aquélla a adoptar decisiones inconstitucionales que obligarán al Gobierno y a las Cortes Generales a responder con otras medidas para restablecer el orden constitucional. A. Guerra (2006, Reformas Territoriales. Jornadas de Sigüenza) ya advirtió del peligro que entrañaba reformar la Constitución para denominar nación a una Comunidad Autónoma: “por un lado, de aceptarse esa definición se rompería el pacto logrado en el debate constitucional…; y, por otro lado, constituiría el inicio de una reivindicación posterior que en pocos años llevaría a algunos a defender que toda nación (jurídicamente reconocida como tal) ha de tener un Estado”. A pesar de que no se consumó la reforma constitucional encubierta que llevaba implícita el proyecto de Estatut de 2005, lo cierto es hoy nos encontramos en la encrucijada que Guerra anticipaba.Mas recibido por destacados nacionalistas a la vuelta de Madrid el 20S

Ofrece la Historia numerosos ejemplos que muestran qué suele ocurrir cuando los estados miembros, las comunidades étnico-religiosas, etc., de un Estado cuestionan primero y desacatan después las normas que regulan la convivencia: el Estado se adentra por una senda de conflictividad e ingobernabilidad creciente que suele desembocar en insurrecciones y enfrentamientos armados con consecuencias desastrosas para la sociedad, la actividad económica y el bienestar de los ciudadanos. Estos conflictos se resuelven cuando una de las partes reinstaura la legalidad preexistente, como ocurrió en los Estados Unidos (1861-65), o  una fuerza de intervención acaba creando varios Estados independientes, como en Yugoslavia (1991-2000). Resulta, por ello, harto paradójico, que los líderes políticos (Mas, Junqueras, Pujol, etc.) y los economistas catalanes (con Mas-Colell a la cabeza) que apoyan el proceso de transición nacional de Cataluña, lo presenten no como una aventura arriesgada y potencialmente catastrófica, sino como una transición idílica, como la panacea que permitirá mejorar el nivel de vida de los ciudadanos catalanes a corto plazo.Mas con Jonqueras y Navarro de covidado de piedra

Lo cierto es que su mensaje ha calado y son muchos los ciudadanos en Cataluña que se han dejado convencer tras escuchar a sus líderes repetir ad nauseam que están siendo expoliados por el resto de los españoles y que en sus manos está convertirse en la Holanda del sur de Europa. En este artículo, examino las consecuencias económicas de la independencia, asumiendo (y me excuso por hacer una hipótesis tan irrealista) que la independencia puede alcanzarse sin provocar una grave fractura social y desencadenar un conflicto de impredecibles consecuencias. También por razones de espacio hablaré únicamente de las consecuencias comerciales de la independencia dejando para otra ocasión las consecuencias de la ‘eurización’ de Cataluña.

Cataluña fábrica de España

Colonias textiles en el LlobregatAntes de nada conviene recordar el papel esencial que ha desempeñado el mercado español en el desarrollo económico de Cataluña desde al menos 1850, circunstancia que llevó al historiador Nadal a caracterizar a Cataluña como “la fábrica de España”. La economía catalana es hoy lo que es gracias a la unión política que posibilitó la creación a lo largo de los siglos XVIII y XIX del mercado único español donde se colocaban los productos fabriles e industriales producidos en Cataluña, merced a la elevada protección (arancelaria y no arancelaria) de que disfrutaron desde al menos 1850 hasta 1992. Cataluña se benefició, además, de decisiones políticas de carácter discrecional y subvenciones que permitieron desarrollar y renovar sectores industriales tanto bajo el franquismo como durante la reconversión industrial en los años 80 del pasado siglo, e incluso en las reformas del sistema financiero a comienzos del siglo XXI.Seat 5 octubre 1955 Franco inaugura fabrica en Martorell

Si Cataluña no hubiera formado parte de España, ni sus empresas se hubieran beneficiado de la protección aduanera de que gozaron ni recibido las ayudas y subvenciones que aportó el Estado español, nadie sabe a ciencia cierta lo que sería hoy Cataluña, quizá la Holanda del sur que algunos anhelan, o tal vez Rumanía, o un departamento francés. Lo que sí está fuera de toda duda es que el capital físico, humano y empresarial con que cuenta hoy Cataluña no se habría acumulado si sus empresas no hubieran contado con el mercado del resto de España (RDE). Pese a la diversificación de las exportaciones que se ha producido tras la entrada de España en la CEE en 1986, la puesta en marcha del Mercado Único europeo en 1992, y la adopción del euro en 1999, las ventas al RDE continúan teniendo hoy un peso decisivo en los sectores más dinámicos de la economía catalana.la Caixa foto

Según la última tabla input-output de Cataluña (TIOCAT) en 2005, las exportaciones de bienes y servicios de Cataluña al RDE alcanzaron 62.654,4 millones y las exportaciones al resto del mundo 42.294,4 millones. Estas cifras suponen el 38,6 y 28,5 por ciento, respectivamente, del valor añadido bruto (VAB) generado en Cataluña (162.430,3 millones). Para apreciar su importancia, basta con recordar que las exportaciones de Cataluña a Francia y Alemania fueron 10.050 y 6.674,9 millones, respectivamente, en 2012. Cataluña es, por tanto, una economía abierta cuyo bienestar depende en gran medida de las exportaciones y, muy en particular, de las exportaciones al RDE, su principal mercado.Borges sede en Tárrega

El modelo input-output (MIO) especificado con la TIOCAT permite calcular con mayor precisión la fracción de la producción, el VAB y el empleo que generan las exportaciones al RDE en las ramas de la economía catalana. Se han simulado dos escenarios. El primero considera únicamente la producción directa e indirecta requerida para producir las exportaciones al RDE, mientras que el segundo incluye también los efectos inducidos sobre el consumo de los hogares por las rentas generadas. Los resultados obtenidos indican que las exportaciones al RDE explican el 26,23 % de la producción, 21,64 % del VAB y el 20,22 % del  empleo, en el primer caso, y el 36,29 % de la producción, el 33,57 % del VAB y el 33,0 % del empleo en el segundo escenario, más realista pues tiene en cuenta que quienes reciben las rentas generadas por las exportaciones al RDE demandan bienes y servicios en Cataluña.Seat

Consecuencias de la secesión

¿Cómo se verían afectadas las exportaciones al RDE si Cataluña declarase unilateralmente la independencia? Para empezar, las exportaciones al RDE tendrían que salir de Cataluña netas de IVA como ocurre ahora con las exportaciones a Francia o Italia y sería la Agencia Tributaria, no la Agencia Tributaria de Catalunya, la que recaudaría el IVA y los impuestos especiales correspondientes. El segundo hecho incontrovertible es que Cataluña quedaría excluida de la UE y los precios de sus exportaciones sujetos al arancel comunitario aumentarían en torno al 8,5 % según la OCDE, a causa del arancel comunitario y otros costes no arancelarios. Hay otras circunstancias sobre las que sólo podemos hacer conjeturas razonables. Cabe esperar que las empresas y consumidores españoles reduzcan sus compras de bienes y servicios producidos en Cataluña, no a causa de un hipotético boicot sino como resultado de la ‘normalización’ de los intercambios comerciales al disolverse el mercado único español. También parece razonable suponer que se contraigan los flujos turísticos, tanto por motivo negocios como vacacional, y hasta que algunos españoles trasladen su segunda residencia a CC. AA. que compartan el mismo ordenamiento jurídico y sistema judicial. Finalmente, resulta bastante probable que empresas que tienen al RDE o Iberoamérica como sus principales mercados trasladen sus sedes y centros de producción a España.

Rosell ante la asamblea de compromisarios

Rosell ante la asamblea de compromisarios

Para cuantificar las consecuencias de la secesión de Cataluña, propongo un escenario conservador donde las exportaciones de bienes y servicios no turísticos al RDE se acercan a las exportaciones a Francia o Alemania, dos países miembros de la UE cuyo PIB duplica y triplica, respectivamente, el español. En concreto, supongo que la normalización de los intercambios reduce a la mitad las exportaciones de Cataluña al RDE en 5 años. Lejos de ser una hipótesis catastrofista, la caída es similar a las observadas en varios episodios recientes de desintegración en Europa, incluso aquéllos fruto del mutuo acuerdo. Obsérvese que las exportaciones de Cataluña al RDE en este escenario (31.327,4 millones) todavía triplicarían y cuadriplicarían holgadamente las exportaciones a Francia y a Alemania en 2012. Los resultados del MIO indican que la producción, el VAB y el empleo se reducirían en torno al 24 % en los sectores agropecuario, pesquero e industriales y al 19 % en los servicios privados. En algunos sectores industriales, el impacto sería bastante mayor y pocas empresas podrían soportar caídas de esta magnitud.

Conclusión

Mas acompañado por el orfeó independentista en septiembre de 2012

Mas acompañado por el orfeó independentista en septiembre de 2012

Quienes defienden la independencia como una vía hacia el progreso han hecho esfuerzos denodados por ocultar la dependencia de la economía catalana. Al principio, negaron que Cataluña pudiera quedar excluida de la UE; luego, mantuvieron que la UE haría una excepción y que España facilitaría su entrada; y cuando se han visto obligados a aceptar la realidad, han asumido que las empresas reducirán sus precios para compensar la pérdida del mercado español. La economía catalana depende hoy menos de las exportaciones al RDE que en 1900, 1975 o 1992, cierto, pero continúa siendo su principal mercado y la pérdida de una fracción significativa en pocos años tendría consecuencias irreversibles sobre la actividad económica, el empleo, la recaudación impositiva y el bienestar de los catalanes. A ello habría que sumar los efectos de la caída de las exportaciones al resto de la UE, la diversión del turismo a Cataluña, la deslocalización de empresas y el recorte del gasto público por la más que probable caída de la recaudación impositiva. La independencia es una apuesta con graves riesgos, no la panacea.Edificio editorial planeta

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4 comentarios

Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

4 Respuestas a “El coste de la secesión de Cataluña

  1. Me ha parecido interesantísimo. Le voy a mandar nuestro estudio, sobre el mismo tema y va en la misma dirección

  2. Tenemos una nueva humillación. Rajoy, llevará al Parlamento Europeo a la Rigau. No es errata el apearle “señora”.

    • El primer argumento es incorrecto. Los productos españoles podrían pasar por Cataluña y llegar a la UE sin pagar aranceles aunque atravesaran por territorio de un Estado que no pertence a la UE. El segundo argumento que das ya lo presentó Sala i Martín hace bastante tiempo: España -dijo- sería el Estado más interesado en que Cataluña estuviera en la UE porque, en otro caso, Cataluña podría bloquear el paso de los productos españoles hacia Francia. Si lo hiciera, violaría todos los tratados de libre comercio y se expondría a represalias. Ésta última cuestión me lleva a hacer la siguiente consideración: si Cataluña es tan vital para la economía española, el gobierno español no puede permitirse, por razones estrictamente económicas, que se independice. Cataluña no se va a independizar precisamente porque la economía española no puede quedar a merced de chantajistas ni tampoco de un Estado (Cataluña) que no puede comprar la fraccion de la deuda pública que le corresponde antes de proclamar su independencia.

  3. Pablo

    Catalunya nunca quedaría fuera de la UE y es muy sencillo de comprender , si la secesión se hace por las buenas todos saldríamos ganando si se hace por las malas Catalunya saldría mal parada pero España y Europa también y por eso lo logico y normal es que se llegara a un consenso. Para empezar es que es fácil suponer que tanto habría aranceles para los productos catalanes como para los productos europeos que quisieran entrar o pasar por Cataluña, incluidos los del resto de España, por aquello de la reciprocidad.

    El segundo recae en la posición geográfica del territorio catalán y la falta de infraestructuras que, de momento, substituyan a las que pasan por Cataluña; en pocas palabras, no hay alternativa plausible para el comercio por carretera o tren que no pase por territorio catalán. No es difícil pensar que las trabas al comercio catalán llevaran a trabas al comercio en el corredor mediterráneo hasta que se construyeran nuevas infraestructuras que evitaran el territorio catalán, que prácticamente no existen en este momento y que éstas, además, fueran continuadas por los vecinos franceses, pues no vale aquello de quedarse en la frontera y basta. Tengamos en cuenta el coste que ello supondría para España y para Francia y no olvidemos que Francia está entrando en recesión; es decir, que las consecuencias negativas las viviría toda Europa.

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