Estado de excepcionalidad

Artículo publicado en el diario Expansión el 1 de febrero de 2014

Mas con Jonqueras y Navarro de covidado de piedraDesde hace muchos años vivimos en Cataluña en permanente estado de excepcionalidad. No me refiero, claro está, al estado de excepción que quienes tenemos ya cierta edad soportamos de manera intermitente durante la dictadura de Franco. En aquellos tiempos, su declaración aparejaba la supresión temporal de los menguados derechos reconocidos a regañadientes por el régimen y que los españoles ejercíamos bajo la siempre atenta tutela de delatores y censores, policías y tribunales especiales. Desde la aprobación de la Constitución y los Estatutos de Autonomía de las Comunidades Autónomas, el recorte de los derechos ha adoptado la apariencia de normalidad democrática, al ser algunos gobiernos y parlamentos autonómicos quienes limitan en la práctica el ejercicio de determinados derechos constitucionales. Para evitar posibles recursos de inconstitucionalidad, las leyes, reglamentos y circulares autonómicos han recurrido a la vieja estratagema, propia de regímenes autoritarios, de imponer al ciudadano la obligación de manifestar al administrador, mediante petición individualizada, su voluntad de ejercer sus derechos.Rigau consejera de Educación del gobierno catalán defendiendo la inmersión

En Cataluña, por ejemplo, el gobierno y el Parlament de Cataluña han conseguido limitar “la libertad de enseñanza” y el derecho de las personas físicas y jurídicas a crear “centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales”, sin aparentemente contravenir la Constitución. El subterfugio empleado por la Ley de Educación de Cataluña consiste en admitir que las “familias o tutores cuya lengua habitual sea el castellano pueden instar, en el momento de la matrícula, y de acuerdo con el procedimiento establecido por el Departamento a que sus hijos reciban atención lingüística individualizada en esta lengua.” (Subrayado mío.) ¿Dónde está la trampa? En que la Consellería d’Educació prevé para estos casos, no que a los niños se les instruya en ambas lenguas oficiales, la opción seguramente preferida por la mayoría de los catalanes, sino que maestros y profesores se dirijan a ellos en castellano “en el curso escolar en que inicien su primera enseñanza”. A esto se reduce la mal llamada “atención lingüística individualizada”. A casi nadie le sorprenderá que sean pocas las familias dispuestas a entrar en este juego y menos todavía las que quieran singularizar a sus hijos dentro del grupo escolar al que se incorpora.

Adoctrinamiento independentista en la escuela catalana

Adoctrinamiento independentista en la escuela catalana

En otras palabras, la perversa ‘solución’ ideada por el gobierno y el Parlament de Cataluña no sólo no garantiza a los padres que así lo deseen que sus hijos serán educados en las dos lenguas oficiales, sino que ni siquiera establece mecanismo alguno para comprobar que los centros cumplen su parte y proporcionan a los niños “atención lingüística individualizada”. Obsérvese, además, que el procedimiento administrativo establecido coloca a los niños en una situación delicada que pudiera incluso ocasionarles su marginación del grupo. Finalmente, tampoco anima a las familias a ejercitar su derecho el constatar que el gobierno catalán ha ignorado y continúa ignorando las sentencias judiciales del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que le ordenan proporcionar enseñanza en castellano a las familias que han llevado sus casos a los tribunales. ¡Hace falta casi ser un héroe para rebelarse contra la normativa restrictiva y discriminatoria del gobierno catalán que para colmo se jacta de incumplir las sentencias judiciales! Cuando el gobierno catalán y las organizaciones nacional-independentistas afirman que la inmersión lingüística en catalán refuerza la cohesión social están sin darse cuenta empleando un argumento que habrían suscrito sin titubear los gobiernos franquistas y las organizaciones nacional-sindicalistas para justificar la exclusión del catalán del sistema educativo. La coincidencia lejos de ser casual pone de manifiesto que el movimiento nacional-independentista, por su concepción tribal de la sociedad y su inclinación a recortar derechos fundamentales, representa la pervivencia del franquismo en la España del siglo XXI.ERC con sus letreritos en inglés en el Congreso

Justamente la actitud opuesta, mezcla de comprensión y connivencia, es lo que caracteriza la disposición de las administraciones públicas catalanas hacia determinadas organizaciones, Omnium Cultural, la Coordinadora de les Consultes per l’independencia o la Assemblea Nacional de Catalunya, cuya misión principal es defender la inmersión lingüística y hacer propaganda a favor de la independencia. Además de recibir generosas subvenciones y ayuda logística de todas las administraciones catalanas y partidos independentistas, y tener a su disposición la totalidad de los medios de comunicación públicos, estas organizaciones invaden la vía pública con sus pancartas y carteles, sin que al parecer el gobierno catalán y los ayuntamientos hayan reparado en que muchos catalanes no comparten sus opiniones. No me remontaré a campañas de hace años o meses (Omnium Cultural a favor de la  inmersión lingüística, la Coordinadora nacional de la Consulta per la Indepedència para realizar consultas en todos los municipios catalanes, y  Omnium y la Assemblea Nacional de Catalunya para organizar las manifestaciones de las dos últimas Diadas) pero sí me referiré a  un caso reciente.Omnium cultural preparativos

En varios puntos estratégicos de la ciudad de Sant Cugat del Vallès (supongo que en otras ciudades de Cataluña ha ocurrido u ocurrirá algo parecido), delante incluso del mismo Ayuntamiento, observé colgadas en la vía pública pancartas de gran tamaño donde podía leerse: “signa un vot per l’independència”. Las firmaba assemblea.cat (Assemblea Nacional de Catalunya) y a ambos lados de la pancarta aparecían las dos versiones de la bandera independentista. Me dirigí al Ayuntamiento y pregunté si las pancartas contaban con permiso del Ayuntamiento, a lo que el empleado que me atendió en recepción me contestó: “si están colgadas, lo tendrán”. Así que le pedí una instancia y escribí: “al constatar la presencia en la ciudad de pancartas de assemblea.cat en las que puede leerse ‘signa un vot per la indepedència’, solicito: Primero, su retirada inmediata. Segundo, se me informe si el Ayuntamiento de Sant Cugat ha autorizado su colocación. Tercero, se exija en caso negativo responsabilidades a assemblea.cat.” Presenté la solicitud el 14 de enero y cuando escribo estas líneas (24 de enero) no he recibido respuesta alguna del Ayuntamiento –galardonado, por cierto, como el más transparente de España–, aunque tengo que reconocer que las pancartas han desaparecido.La urna en que votó el President Artur Mas en la consulta soberanista

Al comparar la actitud belicosa e intolerante del gobierno y los ayuntamientos catalanes hacia las organizaciones partidarias de que el castellano sea lengua vehicular en la enseñanza (¡esto es lo que cualquier persona razonable entiende por bilingüísmo!) con la deferencia y tolerancia que muestran hacia organizaciones que promueven la independencia, no puedo evitar preguntarme cómo sería la vida por estos pagos si Cataluña alcanzara la independencia y Junqueras, Forcadell, Mas, Homs, Casals, etc. tuvieran las manos libres para esculpir su “nuevo país para todos” (los que piensan como ellos, se entiende). Las imposiciones actuales (inmersión lingüística, multas lingüísticas, cuotas a distribuidoras cinematográficas, exigencia del nivel C de catalán para acceder a empleos públicos, conocimiento de catalán para solicitar permiso de residencia, interferencias del gobierno catalán en el sistema judicial, etc.) serán una broma de comparadas con las que traerá la independencia. ¡Ya veo a los niños uniformados con camisetas ‘cuatrobarradas’ cantando ‘Els segadors’ todas las mañanas en el patio del colegio y al gobierno catalán sopesando el ardor patriótico de los ciudadanos y expidiendo certificados de conducta ‘normalizada’!

Mas acompañado por el orfeó independentista en septiembre de 2012

Mas acompañado por el orfeó independentista en septiembre de 2012

Rajoy dijo que tiene un plan para Cataluña. Espero que ese plan, más allá de reiterar que la soberanía de cualquier parte del territorio es asunto de todos los españoles, contemple poner fin al actual estado de excepcionalidad para que los ciudadanos puedan ejercer con libertad sus derechos constitucionales en Cataluña. Y eso pasa por respaldar plenamente las reivindicaciones de los ciudadanos sojuzgados y por obligar al gobierno catalán a cumplir la ley.Rajoy con Mas en La Moncloa pacto fiscal

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