Suárez, artífice de la democracia

Franco en el balcón del Palacio de OrienteQuienes tenemos cierta edad para saber cómo era la vida en España durante el franquismo y albergábamos la esperanza de que España llegaría a ser un estado democrático algún día lejano, ni por un momento anticipábamos que ese proceso lo iba a pilotar un hombre que había estado al frente del partido único del régimen, el Movimiento Nacional, el órgano del régimen encargado de vertebrar la vida política de la sociedad española durante la dictadura. Tampoco quienes creían entonces que todo estaba atado y bien atado y que el régimen de Franco sobreviviría al dictador muchas décadas, se les pasaba por la cabeza que uno de los suyos estaba destinado a deshacer en un tiempo record la obra política de Franco, cuya pervivencia parecía tan asegurada como el mismo Valle de los Caídos levantado sobre la roca firme para acoger los restos del dictador en la sierra de Guadarrama.Suárez en su época de falangista

Suárez en el Congrso tras aprobarse la Ley de Reforma PolíticaLo cierto es que Adolfo Suárez hizo lo que a todos nos parecía casi imposible con una celeridad que nos pilló también a todos por sorpresa. Quizá fuera la audacia y la rapidez con que ejecutó las reformas, juzgadas poco antes imposibles, lo que impidió a los partidarios del régimen organizarse para detenerlas, y lo que desarmó a quienes aspiraban a implantar la democracia pero estaban convencidos de que, con Juan Carlos y Suárez al frente del Estado, ésta tardaría en llegar. Tras el nombramiento de Suárez, los cambios se produjeron con una rapidez pasmosa y en muy pocos meses España puso fin al régimen tardofranquista, sustentado en el Ejército, el Movimiento Nacional y la Iglesia, y puso los cimientos de un  un régimen  constitucional que reconocía como inalienables la libertad de expresión y asociación, y articulaba la vida política sobre la base de unas instituciones representativas de la voluntad libremente expresada por los ciudadanos.Suárez en la tribuna del Congreso

El mérito de la obra de Suárez cobra incluso mayor relieve cuando se tienen en cuenta las enormes dificultades internas y externas que condicionaron su labor. Para empezar, España no contó con la ayuda de los países democráticos europeos que, como la mayoría de los demócratas españoles, recelaban de Suárez e incluso del Rey. Esta circunstancia, hizo posible que ETA operara con gran impunidad desde Francia y que sus sanguinarios asesinatos y secuestros pusieran en peligro las reformas emprendidas para transformar el Estado en una democracia representativa.  Por si todo ello fuera poco, las crisis del petróleo y la inestabilidad política redujeron drásticamente el crecimiento de la economía española, disparándose la inflación y el paro. Aunque pilotar en esas circunstancias la transición se antojaba una tarea casi imposible, Suárez no desfalleció y llevó a término su ambicioso programa de reformas políticas y económicas en un tiempo record. ETA funeral por el general Sánchez Ramos

Suárez y Gutiérrez Mellado forcejenado con números de la GCHace tiempo ya que incluso muchos que fueron sus adversarios y enemigos políticos -casi todos los políticos de entonces- y lo atacaron sin piedad durante los cuatro años y medio que estuvo al frente del gobierno de España, reconocen su inmenso mérito. El Rey, Fernández Miranda y Adolfo Suárez fueron, sin duda, los protagonistas de la transición política que ha permitido a los españoles convertirse en ciudadanos de una democracia.  Quienes hoy la disfrutamos, sólo podemos sentir inmenso agradecimiento al hombre que con audacia, honradez y tesón expuso su vida y la de su familia para cerrar las heridas de la guerra civil, buscando con buen criterio la reconciliación de las dos Españas.  Larga memoria al protagonista y artífice de las reformas que nos han permitido a los españoles disfrutar en libertad de uno de los períodos más fructíferos de nuestra historia y que su tesón y espíritu de conciliación nos inspiren y sirvan de ejemplo para defender la Constitución que su obra de gobierno nos legó.

P.D. No utilizar el nombre de Suárez en vano

Se ha hablado con poco tacto estos días -siempre hay oportunistas mezquinos dispuestos a pescar en río revuelto- sobre lo que hubiera hecho o dejado de hacer hoy Suárez ante los intentos de los nacional-independentistas catalanes de romper el pacto alcanzado en 1978 por todas las fuerzas políticas de España, un pacto que naturalmente contempla la posibilidad de modificarlo civilizadamente siguiendo las reglas acordadas.

Pues bien, su legado es tan claro que causa sorpresa que algunos se atrevan a poner otras palabras en su boca que no sean la defensa de la Constitución que sintetiza el espíritu de concordia que Suárez mantuvo vivo durante el período que estuvo al frente del gobierno de España. Así que, por favor, pido a quienes sólo buscan el enfrentamiento permanente y la ruptura de la unidad política y económica que España alcanzó en 1714, y que pese a los muchos contratiempos y circunstancias adversas sobrellevadas durante estos tres siglos ha producido consecuencias altamente beneficiosas para todos los españoles, y muy especialmente para aquellos que viven en las Comunidades Autónomas más ricas de España, que dejen de utilizar el nombe de Suárez nombre en vano.

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Archivado bajo Nacionalismo, Política nacional

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