Cocapitalidad: una inciativa anacrónica e ineficaz

Artículo publicado en Crónica Global el 2 de diciembre de 2014

Edificio del Senado de España en Madrid

Edificio del Senado de España en Madrid

La agencia Bloomberg informó hace unos días que el gobierno español está estudiando la posibilidad de trasladar el Senado y el Tribunal Constitucional (TC) a Barcelona para demostrar al gobierno de la Generalitat lo mucho que se aprecia a Cataluña allende el Ebro. No sé a quién se le ha podido ocurrir que los independentistas catalanes quieren recibir una prueba de amor de los ignotos habitantes de los territorios que la televisión pública catalana presenta como un páramo inerte sin accidentes geográficos ni ciudades.

TV3

TV3

¿Acaso no han caído en la cuenta de que para ellos nada existe ni importa fuera del triángulo ilusorio de los ‘países catalanes’, un sintagma inventado por los independentistas para referirse a las tierras que van desde Salses a Guardamar y desde Fraga a Mahó, tierras que conformaron otrora el Reino de Aragón, el Condado de Barcelona y los Reinos de Valencia y Mallorca, y forman parte de España y Francia desde hace 350 años?

Los inexistentes Països Catalans

Los inexistentes Països Catalans

Confirman mi diagnóstico la indiferencia y el rechazo teñido de desprecio con que han acogido la propuesta los líderes de los partidos independentistas, a los que supuestamente se pretendía engatusar con la propuesta, y que la hayan hecho suya Collboni, el candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, y Bosch, presidente de Societat Civil Catalana, que la considera una iniciativa inteligente con la que “conseguiríamos desde el punto de vista sentimental que los catalanes sintiéramos realmente la presencia del Estado”.Collboni, candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, reclama la cocapitalida de Barcelona

 

 

Hay varias razones por la que la bienintencionada iniciativa se me antoja anacrónica, ineficiente e inútil. Cuando un joven Estado tiene que decidir la sede de su capital se ha recurrido en ocasiones a elegir una ciudad poco notoria como sucedió cuando Felipe II trasladó a Madrid la Corte allá por 1561, a fin de evitar las suspicacias que habría levantado la elección de Valladolid, Toledo o Sevilla,

Dibujo de Madrid en el reinado de Felipe II

Dibujo de Madrid en el reinado de Felipe II

o incluso a fundar la capital y dotarla de un status propio, como ocurrió con Washington D. C., para evitar tener que decantarse por alguna de las ciudades hegemónicas de las trece colonias recién independizadas. Pero no creo equivocarme si afirmo que se tildaría de insensato a cualquiera que hoy sugiriera trasladar el Congreso o el Senado de los EE. UU. a Nueva York, Chicago, San Francisco o Dallas para demostrar el afecto que sienten los americanos por Nueva York, Illinois, California o Tejas. Y ése mismo argumento aplica también al caso español. Por otra parte, en un sistema parlamentario bicameral como el nuestro, resulta mucho más eficiente que las sedes del Congreso y el Senado estén en la misma ciudad donde está también la sede del Gobierno de todos los españoles. Madrid, salvo para quienes pretenden romper España, es hoy patrimonio común, y así debe seguir siéndolo.

Senado de los Estados Unidos

Capitolio de los Estados Unidos, sede del Congreso y el Senado

arlamento de Italia en Roma

arlamento de Italia en Roma

 

 

 

 

 

 

Es verdad que la subsiguiente concentración de instituciones administrativas en Madrid ha levantado con frecuencia recelos, adobados interesadamente con acusaciones de dispendio, e indiferencia y hasta maltrato hacia Cataluña. El mismo tipo de alegatos, por cierto, que se escuchan también contra la burocracia y las interferencias de Washington, París, Londres o Roma, donde se concentran las más altas instancias políticas y administrativas de sus respectivos Estados. Lo curioso del caso español es que las quejas y la desafección de Cataluña han ido en aumento a medida que la Administración Central del Estado cedía más y más competencias a la Generalitat de Cataluña desde la aprobación del Estatut en 1980, convertida ya hoy en un desafiante miniestado, cuyos gobernantes se jactan de incumplir la Constitución y otras leyes del Estado, desacatar las sentencias de los tribunales y apropiarse de competencias del Gobierno español.

Parlament de Cataluña en Barcelona

Parlament de Cataluña en Barcelona

Resulta igualmente paradójico que a los líderes del PSC que hoy abogan por la cocapitalidad de Barcelona como fórmula deseable para aliviar agravios reales o imaginarios a Cataluña, no se les haya ocurrido adoptar una iniciativa similar en la Comunidad Autónoma de Cataluña (CAC) cuando gobernaban. Porque si la concentración de instituciones políticas y administrativas en Madrid resulta tan nociva e injusta para el resto del territorio sobre el que tienen competencias, España, sorprende sobremanera que la mayoría de las instituciones políticas y administrativas en Cataluña (gobierno autónomo, consejerías, Parlament, e infinidad de organismos administrativos) tengan su sede en Barcelona, y a ningún gobernante o parlamentario catalán se le haya ocurrido proponer en los últimos 34 años que la sede de la Consejería de Empresa esté en Sabadell, la de Territorio en Gerona, la de Interior en Tarrasa, la de Bienestar en Hospitalet, y la de Agricultura en Lérida, por ejemplo, o que el Parlament de Cataluña se instale en Manresa. Tampoco me consta que el gobierno catalán se haya reunido en consejo una sola vez fuera de Barcelona, o que alguien lo haya propuesto siquiera.

Estatua de Augusto y torre del Pretorio en Tarragona

Estatua de Augusto y torre del Pretorio en Tarragona

Mas presentando su plan exprés hacia la independencia en 18 meses

Mas presentando su plan exprés hacia la independencia en 18 meses

La cocapitalidad de Barcelona es una ocurrencia más que ni está justificada por consideraciones históricas o de eficiencia administrativa, ni serviría tampoco para reconducir la deriva independentista. La voluntad expresada por una fracción minoritaria de los catalanes en la consulta-farsa del 9-N, y concretada por Mas, presidente de los independentistas, en la hoja de ruta que presentó hace unos días para conseguir la independencia en 18 meses, no guarda relación alguna con el hecho de que Barcelona y Madrid compartan la capitalidad de España. Quienes de verdad quieran impedir lo que cada día se perfila con mayor claridad como un golpe de Estado en toda regla, harían bien en poner a punto su estrategia para hace frente a la batalla ideológica y otras guerras que se avecinan, e impedir que los independentistas se apropien ilícitamente de una de las Comunidades más prósperas de España, levantada con el esfuerzo de todos los españoles durante los últimos 300 años.

Planta de SEAT en Martorell

Planta de SEAT en Martorell

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2 comentarios

Archivado bajo Nacionalismo, Política nacional

2 Respuestas a “Cocapitalidad: una inciativa anacrónica e ineficaz

  1. Carlos Úria Belmonte

    Qué opinión le merece esto:

    http://www.vilaweb.cat/noticia/4222728/20141205/millor-units.html

    Gracias.

    Saludos.

    • Me preguntas mi opinión sobre el artículo. Empezaré por decierte que ese día estaba yo en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Zaragoza debatiendo con Elisenda Palazui, decana de la Facultad homóloga de la UB, sobre las consecuencias económicas de la independencia. Si hubiera estado en Barcelona, seguramente habría asistido al acto, aunque no sé si en las primeras filas o en el gallinero, por utilizar el lenguaje del articulista. En todo caso, me habría parecido descortés e impropio silbar a ninguno de los asistentes. Si asistes voluntariamente, aceptas el acto como está diseñado; en otro caso, es mejor quedarse en casa. Otra cuestión distinta es que aunque asistas no te te parezca apropiado que estuvieran allí algunas personas, a la vista de su trayectoria política.

      En cuanto al articulista, se nota su mala leche. Prácticamente no dice nada sobre los argumentos que presentaron los intervinientes, más allá de mencionar que algunos defendieron la inmersión lingüística. A mi, la inmersión me parece el franquismo redivivo y en mi blog puedes encontrar un artículo así titulado: “Inmersión lingüística: el franquismo redivivo”. Me parecía una aberración cuando el catalán se excluía como lengua vehicular en la enseñanza durante el franquismo, y me lo sigue pareciendo bajo el régimen nacional-independentista actual. No se entiende que en una sociedad donde más del 57 por ciento de la población considera el castellano su lengua materna, el Parlament y el gobierno catalán impongan la inmersión en catalán en lugar de amparar y cuidar el uso equilibrado de ambas lenguas con total naturalidad. Lo que aquí llaman ‘país normal’ es en realidad un ‘país anormal’ y amoral.

      En mi opinión, también sobraban algunas personas en el acto. El PSC fue el autor intelectual y material del proyecto de Estatut de 2005, causa de casi todos los problemas posteriores que padecemos. También durante los gobiernos tripartitos que presidían Maragall y Montilla se hizo caso omiso y se incumplieron los decretos de enseñanzas mínimas de 2006, unas normas tímidas que simplemente pretendían que se destinaran tres horas semanales a la enseñanza de la Lengua y la literatura castellanas en los ciclos de Primaria. Asimismo, se aprobaron durante esos años leyes para sancionar a los establecimientos que no rotularan en catalán y se permitió que algunas Universidades catalanas, como la UB, exijan el nivel C a los candidatos para poder concursar a plazas, impidiendo que el resto de españoles pueda competir en igualdad de condiciones. Montilla tiene en su debe también el haber promovido una campaña feroz para desacreditar al Tribunal Constitucional antes de emitir su sentencia sobre el Estatut y haber patrocinado y organizado la manifestación en contra de dicho Tribunal tras publicarse la sentencia que confirmaba lo que a muchos nos parecía obvio: que algunos artículos del Estatut de 2006 eran inconstitucionales. Además, el PSC ha demandado o exigido una financiación asimétrica -inconcebible en un partido que se dice socialista-, ha defendido el derecho a decidir y pretende promover una consulta negociada con el Gobierno español para decidir si Cataluña quiere o no seguir formando parte de España. Finalmente, Montilla se ha hecho valedor de Mas tras el 9-N. Todos estos disparates han provocado una fractura en la sociedad catalana y dentro del propio partido, hoy una sombra de lo que fue. Como socialdemócrata, no pienso volverle a votar mientras sus dirigentes no se retracten de las barbaridades que hicieron en los siete años de gobierno tripartito y destierren de su ideario el blindaje de competencias, la financiación asimétrica y la realización de una consulta. Si es para esto para lo que quieren su estado federal, me tendrán enfrente.

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