Presentación oral del Pregón de Ferias y Fiestas de Calatayud de 2015

Queridos bilbilitanos:

Clemente Polo dando el pregón de las Ferias y Fiestas en honor de Nª Sra. la Virgen de la Peña de 2015 desde el balcón del Ayuntamiento de Calatayud.

Clemente Polo dando el pregón de las Ferias y Fiestas en honor de Nª Sra. la Virgen de la Peña de 2015 desde el balcón del Ayuntamiento de Calatayud.

Muchos de ustedes habrán leído ya el pregón que con el título “Entre la nostalgia y la esperanza” aparece en el programa oficial de Ferias y fiestas, y seguramente les aburriría si ahora se lo leyera con puntos y comas. A quienes no lo hayan hecho todavía les invito a hacerlo, cómodamente en su casa, aprovechando algún rato perdido. Así que dedicaré estos minutos a contarles, empleando un tono más coloquial, cómo ha sido mi relación con Calatayud y sus gentes a lo largo de mi ya dilatada vida.

Don Jose Manuel Aranda, alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Calatayud.

Don Jose Manuel Aranda, alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Calatayud.

Empezaré por confesarles que, cuando hace unas semanas me llamó nuestro alcalde, Don José Manuel Aranda, y me propuso ser el pregonero de las Ferias y fiestas en honor de Nª Señora la Virgen de la Peña de este año, me sentí gratamente sorprendido y muy halagado, y acepté sin dudarlo un instante su generoso ofrecimiento. Quiero hacer extensiva mi gratitud a José Sanmiguel, Teniente alcalde, con quien también hablé ese día, y, en general, a todos los concejales del Excmo. Ayuntamiento de Calatayud. Gracias también a todos los bilbilitanos, amigos y visitantes que han tenido la deferencia de venir a escucharme en esta algo fresca tarde.

Nací en el año 1950 en la calle Marcial, en el mismo lugar donde resido cuando ahora vengo a Calatayud, y apenas salí de la ciudad hasta los 17 años. Vivía con mis padres, Consuelo y Clemente, mis dos hermanas, Raquel y Nieves, con la “muchacha”, como entonces se decía, y algún que otro gato. El mundo discurría con gran regularidad, sin apenas sobresaltos, con lentitud y placidez la mayor parte del tiempo. Quizá por eso mismo tengo unos recuerdos tan nítidos y positivos de entonces.

Santuario de la Virgen de la Peña de Calatayud

Santuario de la Virgen de la Peña de Calatayud

La ciudad con sus gentes y sus alrededores, constituían el universo cotidiano de los niños y nuestras únicas ventanas al mundo eran los tebeos, la radio, los periódicos –mi padre estaba suscrito al ABC–, y sobre todo el cine que nos transportaba milagrosamente a otros tiempos y a lugares exóticos, y nos mostraba costumbres para nosotros bastante sorprendentes. No había televisión, ni videojuegos, ni tabletas, y el teléfono era un aparato negro colgado en la pared que sonaba en casa muy de vez en cuando. Se viajaba poco y para que se hagan una idea, les diré que hasta los siete años mi mayor aventura había sido ir un día a Zaragoza para pasarme por El Pilar.

Clemente Polo con el santuario de la Virgen de la Peña y la ermita de San Roque al fondo

Clemente Polo con el santuario de la Virgen de la Peña y la ermita de San Roque al fondo

Los niños y jovenzuelos pasábamos la mayor parte del tiempo que no estábamos en el colegio o el Instituto jugando en la calle, especialmente a la pelota, y huyendo de los guripas que, cuando les daba por ahí, nos echaban de la Plaza del Fuerte, nuestro terreno de juego favorito, y nos obligaban a continuar el partido en otras plazuelas más pequeñas –Marcial, Darío Pérez o San Antón–, frente al Instituto al lado del desaparecido Mercado de Abastos, o en las eras extramuros de la Puerta de Zaragoza.

Comparsa de_gigantes y cabezudos.

Comparsa de_gigantes y cabezudos.

La Navidad y los Reyes Magos, la feria de Marzo de ganado, la Semana Santa, las vaquillas de San Roque, y las Ferias y fiestas de septiembre eran los grandes acontecimientos del año. Sin duda, las ferias y fiestas de septiembre constituían el momento más esperado por todos. Como a tantos niños, me encantaba montar en los caballitos que suben y bajan y apostar a un número en la caseta del reloj para conseguir como premio un coco que luego abríamos con alborozo en casa; y ya de más mayores nos divertíamos correr los cabezudos, montando en la ola y en los autos de choque y enredando con las chicas. Recuerdo que los fuegos se plantaban en postes en la Plaza del Fuerte, y las ruedas y las fuentes (de ocho caños) eran el plato principal. La procesión del Rosario, con su infinidad de faroles y farolillos, la cerraba, como ahora, la carroza con la imagen de la Virgen de la Peña a la que seguían las autoridades y la banda de música. Había bailes populares en torno al kiosco que se instalaba para la banda en un lateral del paseo y también bailes de sociedad en el Casino cuya música se escuchaba lejana desde casa. Las fiestas terminaban, también como ahora, con la tradicional traca.

Tradicional feria de los ajos.

Tradicional feria de los ajos.

Nª Señora la Virgen de la Peña en su santuario

Nª Señora la Virgen de la Peña en su santuario

Calatayud, coso de Margarita.

Calatayud, coso de Margarita.

Mi padre me llevaba también a ver el partido amistoso de fútbol que iniciaba la temporada contra alguno de los grandes rivales del Calatayud de entonces –S. D. Arenas y U. D. Amistad de Zaragoza–; y también a los toros, y a la charlotada que era el día más bullicioso de las fiestas. Recuerdo a algunos jugadores del Calatayud que hicieron época, como el animoso Pascual, el potente Del Río y el habilidoso Rioja; y tuve la suerte de ver a los grandes matadores –Ostos, Puerta, El Viti o Camino– de una época en que se llenaba la plaza de aficionados, y los maestros –fíjense qué novedad– competían en quites durante el primer tercio de las faenas. Quería, ¡cómo no!, ser torero, y aunque practicaba con tesón el toreo de salón en la trastienda del comercio de mis padres no llegué nunca a tener cortijo.

Quizá el haber pasado toda mi infancia, niñez y primera juventud tan inmerso en la ciudad, sus gentes y su entorno, sea la causa de que acabara convirtiéndome con el tiempo en un pueblerino, en el buen sentido de la palabra –que lo tiene–. Y tal vez sea por eso que las imágenes de nuestras esbeltas torres, la vista de los barrios altos agazapados en torno a destartalados castillos y murallas, y el recuerdo de tantas excursiones al cerro de Bámbola con compañeros del Instituto –Quesada, Palacián y otros– para hacer de arqueólogos aficionados, me han acompañado desde entonces allí donde he vivido.

Siento gran afecto por todos los amigos y rivales con los que jugaba al fútbol y organizábamos algún que otro guateque. Alguna foto guardo de aquellos tiempos gloriosos en que el equipo infantil de Calatayud, en el que formaba media con mi amigo González –el esquema era invariablemente 3-2-5 y toda la táctica del entrenador se reducía a ‘vamos parriba’ y ‘balones fuera’–, llegó milagrosamente a la fase final de los campeonatos de España que se celebraron en Huelva en 1966. Nos eliminó el Atlético de Madrid por 1-0 en la prórroga y tengo todavía una diminuta medalla de cobre que nos entregaron como premio de consolación.

Clemente Polo en la puerta del Instituto de Enseñanza Media Miguel Primo de Rivera (ahora Leonardo de Chabacier)

Clemente Polo en la puerta del Instituto de Enseñanza Media Miguel Primo de Rivera (ahora Leonardo de Chabacier)

Guardo también una enorme gratitud hacia mis maestros (la hermana Ester y Don Abundio) y hacia mis profesores del Instituto de Enseñanza Media Miguel Primo de Rivera –¡qué manía, por cierto, tan supersticiosa y absurda ésta de cambiar los nombres para desvirtuar el inamovible pasado!–, algunos de ellos aves de paso como Mañas y Ochoa, Portabella y Mestres, que, no obstante, tuvieron una gran influencia en mí, y otros tan nuestros como el bueno de José María Franco y el severo Don Jacinto Díez. Todos ellos despertaron poco a poco en mí el deseo de aprender.

Era un muchacho muy tímido cuando a los 17 años, con grandes dudas y miedos, dejé Calatayud e inicié en Bilbao la Licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales que completé en la Universidad de Madrid. En esos años conocí a dos catedráticos que fueron determinantes en mi futuro: Felipe Ruiz, un gran historiador económico, y, sobre todo, Luis Ángel Rojo Duque que renovó la enseñanza de la Economía en España, nos dio cobijo a muchos jóvenes en su cátedra, y nos animó a salir al extranjero. Tras pasar varios años en las Universidades de Northwestern y Berkeley en Estados Unidos realizando estudios de doctorado, regresé a la Universidad de Madrid y un año después acepté, con gran disgusto de Rojo, un puesto en la Universidad Autónoma de Barcelona. Obtuve la cátedra en 1992 y allí sigo. Además de mi actividad docente e investigadora, fui Vocal Asesor en el Departamento de Economía del gabinete de la Presidencia del Gobierno entre 1990 y 1993, y Vocal Asesor de la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora entre 2002 y 2005. Desde 2006, escribo también artículos en prensa comentando la actualidad económica y política.

Conferencia de Clemente Polo Cercle d'Economía de Lleida 9 de julio 2015

Conferencia de Clemente Polo Cercle d’Economía de Lleida 9 de julio 2015

Aunque por razones profesionales he pasado casi toda mi vida fuera de Calatayud, he procurado siempre que me ha sido posible pasar aquí unos días en vacaciones y disfrutar sus fiestas. Puestos a enseñar galones, les diré, por ejemplo, que llevo 31 años saliendo en la procesión del Santo Entierro el Viernes Santo. Al principio hacía de extra y sacaba al profeta que me tocaba en suerte; luego salí de Daniel, ya con puesto fijo; y desde que hace unos años mi amigo Calixto Badesa me traspasó la lira y la vara de mando, soy por unas horas el rey David. Y ahora son mis hijos los que han salido de Daniel en los últimos años.

Aquí conocí a Ana, mi mujer, hace ya veintidós años, y aquí bautizamos a Clemente y a Daniel, mis dos hijos. En fin, Calatayud es todavía para mí ese seno materno al que vengo a recargar pilas y a olvidarme de las preocupaciones cotidianas, callejeando por sus barrios, dando paseos por el campo y disfrutando con la familia y los amigos mientras tomamos unos vinos en la barra de algún bar. Aunque hay muchos y muy buenos bares en Calatayud y quizá no sea políticamente correcto hacerlo, quiero enviar hoy un saludo muy especial a Celina y a Pedro, tantos años al frente del insustituible Goya.

Calatayud en fiestas.

Calatayud en fiestas.

Después de evocar con nostalgia tiempos pasados, permítanme dedicar un par de minutos a hablar sobre al futuro de Calatayud, una ciudad vieja y cargada de Historia. Citaba en el texto del pregón dos versos memorables de Jorge Luis Borges

“La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)

puede ser el tiempo de nuestra dicha”.

en los que el poeta nos invita a encarar el futuro con esperanza.

Calatayud Colegiata de Santa María la Mayor

Calatayud Colegiata de Santa María la Mayor

A pesar de que quizá nunca han estado tan cuidados como ahora los monumentos más emblemáticos que han sobrevivido a las excavadoras, soy consciente de que muchos bilbilitanos lo están pasando mal a causa del cierre de algunas empresas en los últimos años y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo. La ciudad tiene que recuperar músculo y expandir su base económica, crear empleo y lograr que desaparezcan tantos carteles de “Se alquila” y “Se vende” como hay ahora.

Imagen panorámica de Conservas Lazaya.

Imagen panorámica de Conservas Lazaya.

Sé, porque así me lo ha dicho nuestro alcalde, Don José Manuel Aranda, que ésta es la principal preocupación del Ayuntamiento, y añado que debería ser también la nuestra, porque a todos, jóvenes y mayores, empresarios y trabajadores, bilbilitanos de todo el año y bilbilitanos vacacionales, nos compete aportar nuestro granito de arena para conseguir un futuro más dichoso. Hay un mural en la pared del frontón de la Ciudad Deportiva con algunas frases –no precisamente de Borges–, y una de ellas me parece muy oportuna: “Sólo el pez muerto –dice– sigue la corriente”. Pues bien, estoy seguro de que los bilbilitanos no están muertos y no van a resignarse a que los arrastre la corriente. En lo que a mi atañe, sepan que estoy a su disposición, y cuenten conmigo si consideran que en algo puedo serles de provecho.

Ya ven ustedes lo peligroso que es darle un micrófono a un profesor en lugar de a Los Gandules (los pregoneros del año pasado): en lugar de cantar y entretener se pone a hablar y no hay quien lo pare. Mi mujer y mis hijos lo saben bien. No se preocupen, acabo ya, reiterando mi agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento, y a su presidente Don José Manuel Aranda por haberme brindado esta oportunidad única de explicarles lo mucho que debo a Calatayud. Y termino ya deseando a todos los bilbilitanos y visitantes que disfruten estas Ferias y fiestas de 2015 con sus familiares y amigos y, sobre todo, que podamos reunirnos de nuevo aquí para celebrarlas el año próximo.

¡Viva la Virgen de la Peña!; ¡Viva Calatayud!; ¡Viva Aragón! ¡Viva España!

Fachada principal del Ayuntamiento de Calatayud

Fachada principal del Ayuntamiento de Calatayud

 

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Presentación oral del Pregón de Ferias y Fiestas de Calatayud de 2015

  1. Manuel Palacios

    Estimado Clemente, me has trasladado también a mi Calatayud que, hace 48 años abandoné.
    Por cierto la semana que viene comeré con MIguel González, Tomás Gallego y Carmelo Sánchez, que lo hacemos casi todos los meses.
    Un abrazo y mi más sincera enhorabuena.
    Manuel Palacios

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