Debate histórico bastante previsible

Artículo publicado en el diario Expansión el 15 de junio de 2016

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posando antes de iniciar el debate el 13 de junio de 2016.

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posando antes de iniciar el debate el 13 de junio de 2016.

El debate que se celebró la noche del 13 de junio sólo pasará a la historia de nuestra democracia por ser el primero donde se vieron las caras en la parrilla de salida cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno de España, un país no lo olvidemos que es la cuarta economía de la UE. Allí estaban Rajoy y Sánchez representando a los dos partidos, PSOE y PP, respectivamente, que se han alternado desde 1982  en el gobierno de nuestra todavía muy joven democracia pero que, por distintas razones, llegaban a la cita en horas bajas. Y también estaban Iglesias y Rivera, representando a dos organizaciones políticas –partido es a todas luces un término inapropiado para referirse al conglomerado de siglas, partidos y coaliciones de partidos integrados en Unidos Podemos– relativamente nuevas que lograron irrumpir con fuerza en el Congreso el pasado 20 de diciembre. Iglesias llegó a la política con la intención de finiquitar el ‘régimen’  constitucional de 1978, mientras que Rivera aspira a protagonizar una segunda transición que regenere las instituciones y modernice la economía.

Rajoy y Sánchez saludándose antes de inciar el debate.

Rajoy y Sánchez saludándose antes de inciarse el debate.

Iglesias, Rodríguez y Errejon antes de pasar por la sección de

Iglesias, Rodríguez y Errejon antes de pasar por la sección de blanqueado de imagen.

Iglesias entrando en el Palacio de Congresos antes del debate.

Iglesias entrando en el Palacio de Congresos antes del debate a cuatro.

Lo cierto es que, pese a la presencia de nuevas caras y partidos, el encorsetado formato del debate y el encadenamiento de tantos y tan variados temas sin solución de continuidad impidió hacerse una idea cabal de cuáles eran las posiciones de cada aspirante y la coherencia (o incoherencia) de sus posiciones en conjunto. Si lo que se pretendía con la entrada de los ‘nuevos’ partidos en la escena política era propiciar un debate más vivo que permitiera profundizar y contrastar las propuestas de cada candidato, me temo que el debate fue un fracaso porque cada uno de ellos dispuso de la mitad de tiempo que en ocasiones anteriores, y tuvo que estar más pendiente de lanzar mensajes harto conocidos que de explicarnos las ventajas de sus propuestas y las debilidades de las de sus adversarios. No parece posible suscitar un debate vivo y enriquecedor cuando los candidatos están corriendo contra el crono y los moderadores apenas intervienen o formulan preguntas incisivas.

Debate 26-J, los moderadores

Vallés, Blanco y Piqueras, los tres moderadores del debate.

 

Sánchez posando con su esposa a su llegada al Palacio de Congresos

Sánchez posando con su esposa a su llegada al Palacio de Congresos

Como ocurre a veces con los partidos del siglo, no fue este un debate de gran altura, de ahí que algunos medios lo tachen de estéril y otros sostengan que no tuvo ganador claro. Lo que sí tuvo es un claro perdedor: Sánchez perdió la partida con Rajoy e Iglesias, sus principales adversarios. Rajoy le ganó con facilidad al empecinarse Sánchez en negar la evidencia de la recuperación económica y refugiarse en el ensueño de que cuando sea presidente abolirá la reforma laboral y la Lomce, y aumentará el salario mínimo interprofesional, las pensiones, las prestaciones sanitarias y las ayudas a personas dependientes, y convertirá las becas en un derecho. Por otra parte, las repetidas alusiones de Sánchez a Iglesias, culpabilizándolo una y otra vez de que él no sea ya presidente del Gobierno, trasladaban a los espectadores la impresión de que Sánchez estaba nervioso, agarrotado por el rencor y el implacable peso de las encuestas que apuntan a que su oportunidad se esfumó el 4 de marzo.

Sánchez exponiendo su programa de gobierno en la sesión de investidura.

Sánchez exponiendo su programa de gobierno en la sesión de investidura.

Iglesias con Colau y Domenech, líderes de la divergencia catalana de Podemos

Garzón (IU) con Colau y Domenech, líderes de la divergencia catalana En Comú Podem, e Iglesias, Errejón y Bescansa, líderes de Podemos en Madrid.

Me ha sorprendido que bastantes medios den como ganador a un Iglesias sorprendentemente contenido que consumió menos tiempo que el resto. Mi única explicación es que los miembros de su organización están muy activos en la red y se pasaron la noche votándole. O, al menos eso tengo que suponer tras escuchar la sarta de disparates que propuso de carrerilla para estimular la economía y aumentar la recaudación, y constatar lo malparado que salió de sus encontronazos con Rivera a cuenta de la oscura financiación de Podemos, su posición a favor de elaborar un plan para salir del euro, y el apoyo de los líderes de En Comú Podem a realizar un referéndum de independencia en Cataluña. Fue Rajoy, sin embargo, quien defendió con más rotundidad la unidad de España que garantiza la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Rivera e Iglesias arremangados antes de iniciar un debate hace unos meses.

Rivera e Iglesias arremangados antes de iniciar el debate en la U. Carlos III el 23 de noviembre de 2015.

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias en el debate, 13 junio 2016.

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias posando ante los fotógrafos.

Rajoy cumplió con solvencia y profesionalidad su papel en una cita nada fácil. En el primer bloque, el presidente en funciones explicó cómo sus gobiernos han logrado revertir la desastrosa situación económica que se encontró a finales de 2011 y convertirla en una oportunidad. Más complicado le resultó, como era previsible, esquivar los ataques en el apartado dedicado a reformas institucionales y regeneración democrática. Fue el momento estelar de Rivera que, como ya hizo en el debate de investidura, le propinó con la izquierda varios golpes al hígado mientras blandía con la derecha los papeles de Bárcenas y le marcaba la puerta de salida. Rajoy los encajó mal y achacó a Rivera –quizá su mayor error en el debate– que hubiera reconocido haber pagado facturas sin IVA, a lo que Rivera replicó, riéndose, que eso ocurrió cuando era jovencito. Claro que, como llegó muy joven a presidente de Ciudadanos y diputado, no quedó claro si el fraude se produjo antes o después de convertirse en político profesional. En fin, esperemos que algún día nos lo aclare y cuente con la misma franqueza cómo se financió la campaña de Ciudadanos que lo llevó al Parlament de Cataluña en noviembre de 2006.

Rivera en el cartel electoral de las elecciones autonómicas de noviembre de 2006.

Rivera en el cartel electoral de las elecciones autonómicas de noviembre de 2006.

Sánchez saluda a Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

Sánchez saluda a su socio Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

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3 comentarios

Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

3 Respuestas a “Debate histórico bastante previsible

  1. Agustina de Aragón

    He de reconocer que es el análisis del debate (que solo ví “en diagonal”) más ordenado y menos sectario que he leido, visto y oido; la mayoría me han parecido algo o muy partidistas.

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