Ganar perdiendo: la ‘nueva’ pinza

Artículo publicado en el diario Expansión el 25 de junio de 2016

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias en el debate, 13 junio 2016.

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias en el debate celebrado el 13 junio 2016.

Dice Sánchez que sale a ganar las elecciones del 26-J pero la propuesta que presentó Sevilla, responsable económico de su gabinete en la sombra, hace unos días revela más bien lo contrario que el PSOE las da ya por perdidas y confía en reeditar el pacto con Ciudadanos. En unas declaraciones de las que se han hecho eco casi  todos los medios de comunicación, Sevilla propone que “para evitar terceras elecciones, si no hay mayorías, debería dejarse gobernar al candidato que consiga mayor apoyo parlamentario”. Por si algún despistado no lo había entendido el mensaje, Sevilla lo explicó con todo detalle. En caso de que el resultado electoral sea similar al del 20-D –PP: 123 escaños en el Congreso y 122 senadores; PSOE 82 diputados y 47 senadores; PSC 8 diputados y ningún senador; y, Ciudadanos: 40 diputados y ningún senador–, el PP debería abstenerse y permitir que gobiernen los 130 diputados y 47 senadores de la coalición PSOE-PSC-Ciudadanos.

Salgado, Sevilla y Solbes con otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

Sevilla, al lado de Solbes, junto a otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

Pinza ‘ciudadana’ al PP

Rajoy con Rivera en el Palacio de La Moncloa charlando tras el 20-D.

Rajoy con Rivera  conversando en el palacio de La Moncloa tras el 20-D.

La maniquea posición de Ciudadanos se ha ido perfilando con el paso del tiempo. Tras las elecciones del 20-D, Rajoy ofreció formar un gobierno de coalición abierto a Ciudadanos, y Rivera le contestó que no apoyaría su investidura ni participaría en ningún gobierno que no presidiera él mismo. Rajoy, al no contar siquiera con el apoyo de Ciudadanos, declinó el dudoso honor de convertir la sesión de investidura en una farsa. Rivera, sin embargo, no tuvo reparos en iniciar una negociación con el PSOE-PSC para investir a Sánchez, a sabiendas de que la iniciativa no tenía probabilidad alguna de prosperar y posponía varios meses la convocatoria de nuevas elecciones.

Sánchez saluda a Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

Sánchez saluda a Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso.

Entonces, ¿qué perseguían Sánchez y Rivera retrasando las inevitables elecciones? En primer lugar, ningunear a Rajoy y al PP; y, en segundo lugar, acaparar temporalmente toda la atención mediática al convertirse en protagonistas de una sesión de investidura que podía reforzar su imagen presidencial. No puede sostenerse en serio que el propósito del acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos fuera acometer reformas institucionales de calado y modernizar nuestra economía, porque para ello tendrían que haber contado con el partido que tenía 123 diputados en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado. Y no lo hicieron. Más bien todo el montaje fue una estratagema de Sánchez y Rivera que ha alargado innecesariamente el impasse político que supone mantener un gobierno en funciones y ha aumentado la incertidumbre que gravita sobre nuestra economía.

Rivera en la sesión de investidura de Sánchez el 3 marzo 2016.

Rivera en la sesión de investidura de Sánchez el 3 marzo 2016.

Tampoco en su afán por desacreditar a Rajoy, le ha importado a Rivera exagerar con tintes sombríos la situación económica. Alguno de sus brillantes asesores tendría que apuntarle al oído que España es, según el ranking del Banco Mundial, la decimocuarta potencia económica del Mundo, ocupa una posición destacada en el Índice de Innovación Global, y los españoles tenemos una esperanza de vida similar a las de economías con rentas per cápita bastante más elevadas. Ni la economía española está tan mal ni la política económica ha sido tan inoperante como insinúa Rivera para desacreditar la gestión de los gobiernos de Rajoy. Quizá debiera prestar más de atención a las 200 medidas que contempla su acuerdo con el PSOE-PSC porque la mayoría de ellas implican más gastos y menos ingresos para las AA. PP., y eso cuadra mal con sus promesas de bajar los impuestos y eliminar el déficit público.

Garicano (Ciudadanos) y Sevilla y Serrano (PSOE) celebrando el acuerdo.

Garicano (Ciudadanos) y Sevilla y Serrano (PSOE) celebrando el acuerdo de investidura de Sánchez.

Perspectiva postelectoral incierta

Encuestas electorales 26-J El Mundo mediasLos resultados de las encuestas electorales sobre el 26-J indican que la composición del nuevo Congreso será similar a la anterior, salvo por el ascenso de la coalición Unidos Podemos que, al sumar los votos de Izquierda Unida, podría superar al PSOE-PSC en escaños y votos. Rajoy, el único político que reconoció el 21 de diciembre que con semejante fragmentación del Congreso resulta inviable gobernar en solitario, sigue manteniendo su oferta de coalición con el PSOE, a abierta a Ciudadanos, para asegurar la estabilidad institucional y apoyar la recuperación económica. Sánchez, secretario general del PSOE, ya ha manifestado que no está por la labor, y que su partido no hará, ni por acción u omisión, presidente a Rajoy ni a ningún otro candidato del PP. Rivera se ha sumado al coro socialista del NO y ha advertido que no va “a apoyar un Gobierno de Mariano Rajoy”, aunque ha dejado abierta la puerta a apoyar a otro candidato del PP.

Rivera dice que no hará presidente a Rajoy.

Rivera dice que no hará presidente a Rajoy.

Rivera, Sánchez e Iglesias en campaña.

Rivera, Sánchez e Iglesias en campaña.

Todo apunta a que salvo que se produzca un improbable vuelco electoral que altere drásticamente la composición de las cámaras, Sánchez y Rivera quedarán en tercera y cuarta posición, respectivamente, y volverán a desempolvar su acuerdo ‘progresista’ para cambiar España. ¿Acaso resulta tan difícil comprender que con 120-130 escaños en el Congreso y cuarenta y tantos senadores PSOE-PSC y Ciudadanos no pueden aprobar siquiera los Presupuestos Generales del Estado, mucho menos impulsar pactos de estado para mejorar la sanidad y la educación, apuntalar el sistema de pensiones, combatir el terrorismo, hacer frente a las amenazas secesionistas, o abordar reformas constitucionales cuya aprobación exige contar con mayorías cualificadas? ¿Acaso no entiende Rivera que ni él ni ningún otro político profesional pueden erigirse en juez y pedir la cabeza del líder de otro partido político? Creo que lo sabe perfectamente pero como Rivera, a diferencia de Iglesias con Sánchez, no tiene ninguna probabilidad de superar a Rajoy en las urnas, ha optado por intentar desprestigiarlo públicamente, y dinamitar cualquier posibilidad de acuerdo con el PP al exigir la cabeza de su líder.

Sánchez y Rivera, la nueva pinza.

Sánchez y Rivera, la ‘nueva’ pinza.

Interés general y altura de miras

Las actitudes y manifestaciones reiteradas de los líderes del PSOE, PSC y Ciudadanos hacia Rajoy y el PP no invitan al optimismo. Si Sánchez y Rivera antepusieran el interés general de los españoles a sus intereses personales y de partido, se mostrarían mucho más predispuestos a aceptar el veredicto de las urnas y a sentarse a negociar con el partido más votado el 26-J. Ni la lógica política ni la aritmética parlamentaria avalan la pretensión de Sánchez y Rivera de imponer su acuerdo, respaldado por algo más de 120 diputados, al resto de fuerzas políticas. En fin, tendremos que esperar hasta la noche electoral para saber si ambos mantienen su rechazo a la oferta del PP de constituir un gobierno con sólido respaldo electoral que favorezca el crecimiento económico y fortalezca las instituciones de nuestra joven democracia.

Rajoy en el balcón de la sede del PP celebra la victoria el 20-D.

Rajoy en el balcón de la sede del PP celebra la victoria el 20-D.

La fragmentación política del Congreso que impedirá gobernar en solitario incluso al partido más votado constituye una gran oportunidad para que los partidos constitucionalistas antepongan los intereses generales a los particulares de cada formación y acuerden un programa de gobierno que afiance la recuperación económica y apuntale el régimen constitucional que ha propiciado el período más largo de libertad, concordia y prosperidad de nuestra historia. La política atraviesa horas bajas, o al menos eso es lo que se desprende de las respuestas de los ciudadanos cuando se les pide que valoren la situación actual y pongan nota a los líderes políticos. De su altura de miras en las próximas semanas dependerá que se empiece o no a revertir esta peligrosa deriva que alimenta el populismo descarado de Podemos y sus divergencias disgregadoras.

Rueda de prensa de Pablo Iglesias en el Congreso en la que se postula como Vicepresidente de Gobierno, rodeado de los Ministros de Podemos.

Rueda de prensa de Pablo Iglesias en el Congreso en la que se postula como Vicepresidente de Gobierno, rodeado de los Ministros de Podemos. Ahora exigirá ser presidente.

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Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

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