Se equivocó la rosa. ¿Se equivocará también ahora?

Rajoy votando el 26-J

Rajoy votando el 26-J.

Rajoy celebrando la victoria en la sede del PP el 26-J.

Rajoy celebrando la victoria en la sede del PP la noche del 26-J.

Se han dicho tantas cosas desde las elecciones del 26-J que no está de más recordar los resultados antes de examinar la compleja situación política y sus implicaciones económicas. La repetición de los comicios revalidó y amplió la victoria que Rajoy, al frente del PP, había conseguido el 20-D mientras que las fuerzas lideradas por Sánchez (PSOE-PSC) y Rivera (Ciudadanos) cosecharon un notable batacazo. En los resultados al Congreso, el PP subió 4,3 puntos porcentuales y obtuvo 14 escaños más que el 20-D, en tanto que PSOE-PSC y Ciudadanos perdían 5 y 8 diputados, respectivamente, y la suma de ambas formaciones (85+32) quedaba muy por debajo de los 137 diputados del PP. La victoria fue incluso más contundente en el Senado donde el PP amplió su mayoría absoluta, sumando 6 senadores a los 124 obtenidos el 20-D, mientras el PSOE-PSC perdía 4 y se quedaba con 43, y Ciudadanos volvía a quedarse en blanco. Por otra parte, Unidos Podemos, la coalición electoral de Izquierda Unida con Podemos y sus divergencias (En Comú Podem, Compromís, Marea y Anova) fracasó en su intento de convertirse en superar al PSOE-PSC. Aunque los morados, reconvertidos a toda prisa en socialdemócratas blanqueados, perdieron 140.000 votos y retrocedieron ligeramente en porcentaje, lograron salvar los muebles al mantener los 69 escaños en el Congreso y 16 de los 17 senadores logrados en diciembre.

Sánchez con cara de pocos amigos la noche del 26-J.

Sánchez con cara de pocos amigos la noche del 26-J escuchando los aplausos de su ejecutiva tras cosechar una derrota histórica. Al fondo el puño y la rosa.

El veredicto de las urnas

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso que permitió a Sánchez protagonizar una fallida sesión de investidura el pasado marzo.

Sánchez y Rivera, pero sobre todo las direcciones de sus partidos, tendrían que asumir la valoración que los ciudadanos hicieron de sus iniciativas políticas entre diciembre y junio. Confrontados con la posibilidad respaldar en las urnas al programa de ‘cambio’ y ‘progreso’ que les había otorgado todo el protagonismo político allá por los meses de febrero y marzo, y de cuyo fracaso Sánchez culpabilizó a Iglesias y Rivera a Rajoy, los ciudadanos optaron por castigar a los dos partidos que habían protagonizado la investidura fallida de Sánchez y retrasado las elecciones varios meses, y respaldar a los presuntos culpables del descarrilamiento del proyecto.

En lugar de encajar el golpe con gallardía y presentar su inmediata dimisión, Sánchez sigue atrincherado con sus lugartenientes Luena, Batet y Hernando en Ferraz, empecinado en presentarse a sí mismo como líder de la oposición y al PSOE-PSC como alternativa de gobierno, al tiempo que invita a Rajoy a buscar aliados en fuerzas “ideológicamente más afines”. Al PP se le puede pedir que se siente a negociar con un partido constitucionalista como Ciudadanos –y todo apunta a que esa negociación está en marcha y va por el buen camino– pero de ningún modo que busque el apoyo de un partido (CDC, o cómo se llame ahora) que otrora fue nacionalista y ahora es la comparsa del delirio secesionista de la CUP y ERC. Los actuales líderes del PSOE deberían medir bien sus pasos y escuchar las voces que desde dentro de su propio partido les piden responsabilidad en estos momentos.

Rajoy y Rivera fotografiados en uno de sus últimas reuniones.

Rajoy y Rivera fotografiados en uno de sus últimas reuniones.

Reformas para la mayoría

Sánchez en el Comité Federal que decidió que votará NO en la investidura de Rajoy el 9 de julio de 2016.

Sánchez en el Comité Federal que se celebró el 9 de julio y en el que el máximo órgano entre congresos del PSOE decidió rechazar la invitación de Rajoy a negociar un gobierno de coalición y votar NO en una hipotética investidura de Rajoy.

Sánchez y los líderes del PSOE se equivocaron al descartar formar parte un gobierno de coalición con el PP tras el 20-D, vuelven a equivocarse al reiterar su negativa ahora, y acabarán, si persisten en el error, pagándolo caro en las urnas. Los argumentos bastante pueriles que esgrimen para rechazar cualquier fórmula de cohabitación, ensayadas ya en varios estados de la UE, se sustentan en la perversa lógica izquierda-derecha. Si los líderes del PSOE pudieran dejar a un lado esa ingenua superioridad moral que les nubla la vista, reconocerían que cualquiera de las reformas que el PSOE pretendía implementar con Ciudadanos hace unos meses estarán más cerca de conseguirse si negocian con el PP que si se empeñan en practicar una oposición de acoso y derribo, a la espera de que les llegue su hora de gobernar porque, entre otras cosas, esa hora podría no llegar nunca si Iglesias resulta más convincente que Sánchez practicando ese tipo de oposición.

Sánchez e Iglesias paseando por la carrera de San Jerónimo como dos buenos colegas.

Sánchez e Iglesias paseando por la carrera de San Jerónimo como dos buenos colegas.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

Al margen de la deseabilidad de alcanzar acuerdos entre el PP y el PSOE-PSC en temas de política exterior y lucha antiterrorista, hay cuatro razones de peso para apostar por un gobierno de coalición entre ambos partidos, con la posible inclusión de Ciudadanos como partido bisagra. La primera es que el marcaje a que estarían sometidos podría resultar muy beneficioso tanto para el PP, necesitado de liberarse de algunas hipotecas del pasado y consolidar su incipiente y deseable renovación de cuadros y mensajes, como para el PSOE-PSC, igualmente necesitado de dejar atrás algunas herencias y abandonar definitivamente sus devaneos con el ‘derecho a decidir’. En segundo lugar, cualquier partido que de verdad aspire a alcanzar pactos de Estado o a reformar la Constitución tiene que reconocer que habrá de ponerse de acuerdo con el partido que cuenta con 137 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado. Sumar los escaños del PP y PSOE resulta indispensable para afrontar los grandes problemas y alcanzar soluciones realistas. O suman fuerzas y alcanzan compromisos razonables, asumibles por ambos partidos, o estaremos una vez más ante proclamas para consumo interno con las que los partidos llenan de paja los programas electorales.

Gráfico deuda pública de España 2016La tercera razón de calado es que el próximo gobierno tiene que afrontar cómo puede mantenerse el estado de bienestar sin seguir aumentando la deuda pública que hipoteca nuestro futuro. Los mayores enemigos del estado de bienestar no son Rajoy ni el PP sino el escaso crecimiento entre 2008 y 2013 y la insuficiencia recaudatoria de nuestro sistema fiscal. Bruselas viene reclamando desde 2010 ajustes para cuadrar las cuentas públicas y España incumpliendo reiteradamente los objetivos y plazos acordados. Los recortes en sanidad y educación se explican no porque el PP disfrute implementando políticas impopulares sino porque la recaudación impositiva se hundió entre 2007 y 2009, cuando Rodríguez Zapatero y el PSOE gobernaban. Las pensiones contributivas no están amenazadas por el PP sino por la insuficiencia de las cotizaciones para hacer frente a catorce pagas de 8.500 millones. La precariedad laboral tampoco es un invento del PP sino el resultado de un sistema de contratación temporal que puso en marcha González en 1984 y desencadenó una huelga general. Dos preguntas deberían estar haciéndose los líderes del PSOE: primero, cómo puede preservarse el estado de bienestar y la igualdad de oportunidades sin perjudicar el crecimiento económico y la creación de empleo e hipotecar el futuro; y, segundo, cómo puede resultar el PSOE más decisivo en estos momentos, participando en un gobierno de coalición o haciendo oposición junto a Iglesias.

Salgado, Sevilla y Solbes con otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

Salgado, Sevilla y Solbes con otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

27/07/2016 Los diputados de C's y PP abandonan el pleno. El pleno del Parlament ha aprobado este miércoles las conclusiones de la comisión de estudio que apuestan por impulsar un "proceso constituyente" en Cataluña pese a que el Tribunal Constitucional (TC) advirtió de que esta iniciativa vulnera la Constitución y pidió a los diputados y miembros de la Mesa que impidieran la votación. CATALUÑA ESPAÑA EUROPA BARCELONA POLÍTICA

Los diputados de C’s y el PP con García Albiol y Arrimadas al frente abandonando el pleno del Parlament de Cataluña que aprobó las  las conclusiones de la comisión de estudio del proceso constituyente el 27 de julio de 2016.

Por último, está en la agenda del futuro gobierno español hacer frente al desafío al orden constitucional que supone la aprobación de resoluciones en el Parlament de Cataluña, avaladas por el gobierno de la Generalitat, que promueven el inicio de un proceso constituyente para crear una república independiente, y proclaman la intención de ambas instituciones autonómicas de desacatar las leyes del Estado y las sentencias de los tribunales. Ni el PP ni Ciudadanos están dispuestos a permitir semejante burla a nuestra democracia constitucional y suponemos que tampoco la mayoría de líderes del PSOE, incluido aquel Sánchez que inició su carrera a La Moncloa con la bandera constitucional como telón de fondo. Un estado de derecho no puede permitir que ningún ciudadano o poder público se sitúe por encima de la ley, como hizo recientemente el president Puigdemont cuando advirtió que “sólo obedeceremos al Parlament, cumpliremos el compromiso con los ciudadanos y construiremos un Estado moderno, libre y próspero”. El PSOE-PSC tiene que posicionarse sin titubeos junto a los partidos constitucionalistas, y dar la espalda a quienes pretenden cumplir sólo las normas aprobadas en aquellas instituciones donde ellos tienen mayoría.

Sánchez con la bandera constitucional en el acto de presentación de su candidatura a la presidencia del Gobierno.

Sánchez con la bandera constitucional en el acto de presentación de su candidatura a la presidencia del Gobierno.

Puigdemont en el Parlament de Cataluña.

Puigdemont, president del gobierno de Cataluña que avala e impulsa el proceso de secesión, en el Parlament de Cataluña.

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3 comentarios

Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

3 Respuestas a “Se equivocó la rosa. ¿Se equivocará también ahora?

  1. Antonio Barcelona

    La realidad no podía ser escrita con mayor claridad. Lástima que no todos los políticos sean capaces de verlo.

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