Razones y sinrazones de otra investidura fallida

Artículo publicado en el diario Expansión el 1 de septiembre de 2016

Rajoy y Rivera sellando el acuerdo de investidura_800Mientras algunos españoles exprimían los últimos días de vacaciones de este caluroso agosto y la otra mitad trabajaba para hacerlo posible, los equipos negociadores del PP y Ciudadanos negociaban y finalmente cerraban el 27 de agosto el acuerdo de 150 puntos que ha permitido a Rajoy presentar en el Congreso su candidatura a presidente del Gobierno, un intento que todos los partidos sabían de antemano que estaba condenado al fracaso. Tanto Rajoy como Rivera eran conscientes de que el pacto de investidura alcanzado por ambas formaciones nacía muerto, ante la negativa cerrada de Sánchez a hablar con Rajoy, y sus partidos se apresuraron a anunciar que su vigencia caducaría si Rajoy no obtenía la confianza de la Cámara Baja.

Rajoy y Sánchez en su reunión prescindible 25 agosto 2016La mayoría de los ciudadanos hace tiempo que se ha desentendido del asunto, cansados de escuchar durante tantos meses declaraciones reiterativas y desencantados al constatar la imposibilidad de que PP y PSOE se sienten en una mesa para buscar puntos de encuentro que permitan formar un gobierno sólido y estable. El desencuentro entre Rajoy y Sánchez era tan patente –de prescindible calificó el segundo la reunión que mantuvieron un día antes de la investidura– que sólo a los más curiosos nos intriga todavía aclarar por qué Rivera se había decantado finalmente por llegar a un acuerdo con el PP, en lugar de reavivar el acuerdo que firmó con el PSOE hace seis meses, y por qué Rajoy se había avenido a protagonizar la sesión de investidura tras negarse a hacerlo, en circunstancias aritméticamente parecidas, hace ocho meses.

Las razones de Rivera y Rajoy

Rajoy abriendo el debate de investidura 300816En el caso de Ciudadanos, no resulta difícil adivinar por qué la formación naranja se ha prestado a negociar a toda prisa un acuerdo con el PP que incluye, según Rivera, 100 de las 200 medidas acordadas con Sánchez el pasado febrero. El mismo Rivera –o quizá sea otro– que tildó a Rajoy de perezoso en la sesión de investidura de Sánchez el pasado 3 de marzo, el mismo que afirmó sin pestañear que Rajoy no podía liderar el proceso de regeneración democrática, y el mismo que prometió que Ciudadanos no prestaría sus votos a un gobierno presidido por Rajoy, se mostraba satisfecho del acuerdo alcanzado con el PP y dispuesto a otorgar la confianza de su grupo al candidato Rajoy.

Rajoy y Rivera sellando el acuerdo de investidura_800Quizá el cambio de actitud de Rivera resulte menos sorprendente a quienes conocen su errática trayectoria política y la facilidad con que puede modular su discurso con toques liberales o socialdemócratas, según convenga a la ocasión. Resulta comprensible que Ciudadanos haya pretendido otorgar cierta solemnidad al proceso de negociación con el PP y hasta que lo haya adornado con algunos desplantes para la galería, pero lo cierto es que tras el severo correctivo que sufrieron Ciudadanos y PSOE en las urnas el 26-J –ambos partidos suman ahora 117 diputados ahora frente a los 137 del PP–, a Rivera sólo le quedaba comerse sus palabras de hace unos meses y votar sí en la investidura de Rajoy, aprovechando la ocasión para realzar su perfil socialdemócrata y dejar en evidencia a un despechado Sánchez.

Distribución de escaños en el Congreso 26-JAunque Rajoy cuenta con 14 diputados más en el Congreso, los 170 diputados del PP (137),  Ciudadanos (32) y CC que apoyaron su candidatura, resultan tan insuficientes para sustentar un gobierno estable como los 164 que podrían haberlo hecho tras las elecciones del pasado diciembre. A pesar de ello, Rajoy se dio cuenta de que el PP tenía que volver a tomar la iniciativa, convocar a los líderes de los partidos con los que cabía alcanzar un acuerdo (PSOE, Ciudadanos y CC), y dejar muy claro a los ciudadanos que su partido estaba abierto a alcanzar acuerdos con el PSOE en cinco grandes áreas: crecimiento económico y creación de empleo, reducción del IRPF cuando el déficit lo permita, sostenibilidad del sistema de pensiones, afrontar el reto secesionista en Cataluña y promover la regeneración democrática.Iglesias y Domenech abrazados

 La obcecación de Sánchez

Sánchez debate de investidura 3108116Las incongruentes declaraciones de Antonio Hernando, portavoz del PSOE en el Congreso, hace unos días –si el no de su partido a Rajoy estaba claro, todavía lo está más tras el acuerdo alcanzado con Rivera– prueban el desconcierto en que están sumidos sus actuales líderes. El repetido NO de Sánchez en la sesión de investidura y su obsesión por culpar al PP de todos los problemas de los españoles –¡hace falta estar ciego para no ver que estamos bastante mejor que a finales de 2011!– nos lleva a dudar de que tengan algo que aportar a la solución de los problemas a los que el Gobierno tendrá que enfrentarse en los próximos años.

Sánchez en el Comité Federal que decidió que votará NO en la investidura de Rajoy el 9 de julio de 2016.

Sánchez en el Comité Federal que decidió que votará NO en la investidura de Rajoy el 9 de julio de 2016.

Aunque Sánchez se niegue a reconocerlo e inste una y otra vez al PP a buscar apoyos en otros partidos ‘afines’, demanda imposible a la vista de la composición del Congreso, la pelota está ahora en su tejado y los dirigentes del PSOE tendrán que decidir en las próximas semanas si quieren que recaiga sobre el partido que ha gobernado España durante 21 de los 38 años transcurridos desde la aprobación de la Constitución en 1978, la responsabilidad de que vuelvan a disolverse Las Cortes y se convoquen nuevas elecciones generales en Navidad. Si las llamadas a la sensatez que han hecho algunos antiguos dirigentes del PSOE, desde González a Zapatero, desde Fernández Vara a Barrera, han sido desoídas por la actual dirección del partido, pocas esperanzas cabe albergar de que Sánchez y sus lugartenientes consideren los argumentos de quienes hemos defendido durante los últimos meses la conveniencia de constituir un gobierno de coalición para afrontar los graves problemas económicos y políticos de nuestro país. No obstante, nuestra obligación es seguir intentándolo.Tardá y Rufián entre rufianes anda el juego

Rajoy escuchando el No de SánchezEn mi opinión, el PSOE tiene mucho que ganar si se decide a compartir las responsabilidades de gobierno con el PP y dedica sus energías a promover políticas de estado que exigen la cooperación de los dos partidos más votados. Y al contrario, seguirá perdiendo terreno si los dirigentes socialistas se empecinan en confundirse en la oposición con Podemos y sus divergencias, mientras PP y Ciudadanos se apuntan en su haber algunas medidas de marcado carácter socialdemócrata incluidas en los 150 puntos de su acuerdo. Como le ocurrió al PSC en Cataluña, el PSOE está a un tris de perder su vitola de partido de gobierno y quién sabe, si como aquel, de manera irreversible. El giro socialdemócrata de Ciudadanos indica que sus líderes han caído en la cuenta de lo complicado que resulta arañar votos al PP y apuestan ahora por conquistar al electorado socialista más moderado. Rivera huele sangre y necesita votos del PSOE para llegar a ser decisivo en la política nacional. No me sorprendería que PP y Ciudadanos, si hay elecciones en Navidad, sumen 176 escaños, y Rivera aspire a convertirse en el nuevo líder de la socialdemocracia española.Rajoy a otra cosa mariposa tras el no en el debate de investidura

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Archivado bajo Economía, Nacionalismo, Política nacional

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