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Cataluña, en el filo de la navaja

Artículo publicado en el diario Expansión el 27 de julio de 2017

El último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió del gobierno de la Generalitat de Cataluña muestra una caída continuada del porcentaje de catalanes que quieren que Cataluña sea un estado independiente, desde 47,7 % hace un año hasta 41,1% en junio de 2017. En sentido contrario ha evolucionado el porcentaje de ciudadanos que no quieren que Cataluña se convierta en un Estado independiente que con el 49,4% vuelve a situarse muy cerca del máximo (50,0%) alcanzado hace dos años. Por otra parte, la suma de los catalanes que consideran que Cataluña debería ser una Comunidad Autónoma (30,5 %) o una Región (5,3 %) supera ligeramente a la de aquellos (34, 7 %) que consideran que debería  ser un estado independiente, algo que no había ocurrido en el período que aparece en el gráfico. El porcentaje de quienes consideran que Cataluña debería ser un estado dentro de una España federal cayó 8 puntos porcentuales entre finales de 2014 y mediados de 2016 y ha registrado una levísima recuperación en el último año.

Iceta y Parlon, máximos dirigentes del PSC.

La opción federalista resulta, por tanto clave, para inclinar a un lado u otro la balanza. La cuestión es que nadie sabe a ciencia cierta a dónde nos quieren arrastrar los partidarios de un estado federal, cuando de hecho la España de las Autonomías ya lo es en casi todos los aspectos si se la compara con estados federales como Estados Unidos o Alemania. Aunque es cierto que el PSC –el único partido que defiende abiertamente el modelo federal en Cataluña– se ha librado de bastantes de sus líderes filosecesionistas, que se han incorporado a ERC o a CDC (PDE-Cat),  lo cierto es que la concepción federal que patrocina el PSC de Iceta y Parlón no deja tranquilo a ningún socialdemócrata libre del virus nacionalista.

Iceta, secretario nacional del PSC. Dice que quieren una España federal… que, por no tener, parece no tener ni bandera. Me temo que el que el PSC ha renunciado a poner la bandera de la UE en sus actos sólo para no tener que poner la bandera constitucional española.

Porque, francamente, resulta poco reconfortante para los socialdemócratas, y hasta me atrevería a afirmar que para cualquier republicano, la pretensión del PSC de convertir a España en una “nación de naciones” con el propósito de reconocer la “identidad nacional” de Cataluña; o su defensa a ultranza de la inmersión lingüística que impulsaron los gobiernos tripartitos liderados por el PSC de Maragall y Montilla, a la que califican sin pudor como “un modelo educativo de éxito”; o su apuesta reiterada en materia de financiación autonómica por el principio tan poco socialista de que han de recibir más los territorios dónde más se recauda; o, para terminar, las vergonzosas alianzas de gobierno que mantienen los ediles del PSC con los concejales de partidos secesionistas (ERC, CDC-PDE-Cat y CUP) en numerosos municipios de Cataluña.

Jiménez, presidente de la comisión gestora del PSOE, conversando con Iceta durante la crisis.

Lo más preocupante del asunto es que la crisis que se abrió entre el PSOE y el PSC, cuando los diputados del PSC en el Congreso votaron en contra de la investidura de Rajoy saltándose el acuerdo adoptado por el Comité Federal del PSOE, se saldó con la victoria del PSC por goleada: su deslealtad se premió aceptando que sus representantes continúen en los órganos de dirección del PSOE a cambio de la etérea promesa de que no volverán a hacerlo. Hoy, el PSC sigue siendo un partido independiente con voz y voto en los órganos de dirección del PSOE y los dirigentes del PSOE continúan yendo a Barcelona a aplaudir a Iceta y a Parlón, y a regalarles los oídos alabando su maravillosa  “nación” y criticando el “inmovilismo” de Rajoy. Este modelo de relación asimétrica es el que ahora pretenden exportar al conjunto del Estado.

“A bailá, a bailá…”.

La victoria del tándem Pedro Sánchez-Patxi López frente a Susana Díaz en las primarias del PSOE, donde el PSC jugó un papel fundamental, constituye una seria amenaza a la igualdad de los españoles. Me temo que Sánchez, como Zapatero en 2003, va a asumir las exigencias del PSC. El resultado entonces fue la Propuesta de Reforma de Estatut de Cataluña que aprobó el Parlament el 30 de septiembre de 2005 que proyectaba una España prácticamente confederal, en la que la Generalitat de Cataluña asumía control de todas las competencias, incluidas las educativas, judiciales y fiscales, y dejaba únicamente en manos del gobierno de España defensa y política exterior. Como nunca lo han repudiado, me temo que éste sigue siendo el modelo de Estado por el que apuestan los dirigentes del PSC, camuflado ahora tras el eslogan “España nación de naciones”: la Generalitat es soberana y las instituciones del Estado deben reconocer su plena autonomía.

Sánchez con Iceta jugando a los cubos rojos: tuyo mío; mío tuyo, en la reunión que mantuvieron en Barcelona el 14 julio de 2017. Nosotros (PSC) para nosotros (PSC) y vosotros (PSOE) para nosotros (PSC).

Resultaría fundamental para superar la crisis política en Cataluña y despejar el futuro de la España constitucional contar en Cataluña y en el País Vasco con un auténtico partido socialdemócrata que apueste por la igualdad en derechos y deberes de todos los ciudadanos españoles. Lástima que ni los socialdemócratas catalanes que presentaron la Plataforma para la recuperación de la federación catalana del PSOE, en Cataluña, ni la mayoría de socialdemócratas que ven con buenos ojos la idea en el resto de España, se hayan decidido a saltar al ruedo y exigir algo que algunos demandábamos ya a Pérez Rubalcaba en 2013.

 

 

 

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Ya no cuela

Artículo publicado en el diario Expansión el 21 de junio de 2017

Puigdemont, primer presidente de la Associació de Municipis per l’Independencia, dirigiéndose como presidente del gobierno de la Generalitat a la asamblea de la AMI en 2017.

Hace poco, un familiar me confesó que cuando escribo sobre la situación en Cataluña le cuesta ponerse en mi lugar. Algunos amigos y colegas que viven en otras Comunidades me han manifestado también su creciente hartazgo . “¡Que se vayan de una vez!”, me soltó un taxista sin reparar en las nefastas consecuencias que tendría para quienes vivimos en Cataluña y para el resto de españoles. Reconozco que relatar las últimas ocurrencias (casi siempre desatinadas) con que nos obsequia Puigdemont (antes las que hacía Mas, su mentor), bajo la atenta vigilancia de Hagrid –el guardabosques encargado de cuidar a las “criaturas mágicas”– puede resultar cansino. Sin embargo, las últimas performances de la compañía PuigCupQueras (con Guardiola como artista invitado) me obligan a volver sobre este enojoso asunto.

Guardiola, hijo de la Masía y jugador de la selección española, artista invitado en la última obra de la compañía PuigCupQueras.

 

Democracia devaluada

Puigdemont y Gabriel celebrando su acuerdo para constituir una república independiente.

Desde el 27 de septiembre de 2015, el gobierno de la Generalitat gobierna exclusivamente para aquellos catalanes que votaron a la coalición electoral Junts pel Sí, integrada por CDC y ERC, y al conglomerado pancatalanista y anticapitalista CUP-CC. Entre los tres partidos, obtuvieron el 47,7 % de los votos válidos (36,8 % del censo) y 72 diputados de los 135 que componen el Parlament. A partir de la constitución de la cámara, los dos grupos parlamentarios han aprobado varias resoluciones para iniciar y desarrollar un proceso constituyente que el Tribunal Constitucional ha anulado por su pregonada inconstitucionalidad. Forcadell, presidenta del Parlament, y otros tres diputados miembros de la Mesa están siendo investigados por desacatar estas sentencias.

Forcadell arropada por Hagrid y Puigdemont y el Orfeó Secesionista, ante la sede del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

 

Junqueras, Puigdemont y Romeva en el Parlament de Cataluña.

Lo más llamativo del llamado ‘proceso secesionista’ es la perversa concepción de  la democracia que lo alimenta. Sus líderes sostienen seriamente que España es una democracia de baja calidad, porque ni el Gobierno, ni Las Cortes ni el Tribunal Constitucional les autorizan a realizar un referéndum para preguntar a los catalanes si “quieren que Cataluña sea un estado independiente en forma de república”. En su delirio, las resoluciones y normas que aprueban ellos con ajustadas mayorías (72 diputados o menos) en el Parlament son democracia de 24 quilates, mientras que las resoluciones y normas aprobadas en el Congreso, sede de la soberanía popular, por mayorías holgadas son consideradas opresivas.

Congreso histórica sesión plenaria del 8 de abril 2014 en la que se rechazó la pretensión de los partidos catalanes de que se transfiriese al gobierno catalán la potestad de celebrar referéndums de autodeterminación.

Puigdemont y Gabriel celebrando un acuerdo para iniciar la puesta en marcha de la república independiente.

Puigdemont, Junqueras y Gabriel son, a pesar de sus poses, alérgicos a la democracia. Afirman ser demócratas pero su comportamiento lo desmiente. ¿Por qué si no han rechazado el ofrecimiento del Gobierno (acordado con PSOE y Ciudadanos) de acudir al Congreso a defender su proyecto y se han apresurado a fijar el referéndum el 1 de octubre? Porque sólo aceptan las reglas del juego democrático cuando tienen la mayoría asegurada, por exigua que ésta sea. Pero tan preocupante o más que esta aviesa concepción de la democracia, es la naturaleza de “su” futurible república, donde la libertad y la división de poderes brillan por su ausencia. El “hombre de la estaca” (Llach, antaño cantautor y hoy “bien pagao” inquisidor) advierte a los funcionarios que tendrán que pensárselo muy bien, que sufrirán… porque la Generalitat sancionará a quienes incumplan la “ley de transitoriedad jurídica”, una norma del Parlament que pretende derogar en 24 horas la Constitución. Por su parte, Vidal, ex-juez y ex-senador de ERC, desveló imprudentemente que de los 801 jueces que ejercen en Cataluña sólo quedarán con quienes “comparten nuestros sueños e ideales”.

Lluis Llach, antaño cantautor, hoy ‘bien pagao’ inquisidor.

 

Foto de familia del ‘pacto nacional por el derecho a decidir’. Enmarcado en un círculo aparece el rostro de Carles Sastre, terrorista convicto de Terra Lliure condenado por el asesinato del empresario José María Bultó Marqués, junto al ex-juez y ex-senador Vidal.

Gobierno firme

Afortunadamente para los demócratas que vivimos y trabajamos en Cataluña, la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría ha comprendido, tras varias visitas al Principado, lo bochornoso que resulta que no se deje “hablar a la gente que piensa otra cosa” y “cómo se les ningunea en todo tipo de instituciones”. Celebramos, asimismo, que haya constatado de primera mano la imposibilidad de iniciar un diálogo con el gobierno de la Generalitat para alcanzar acuerdos dentro del marco constitucional. Algunos barruntábamos que su intento estaba condenado al fracaso desde el principio, porque la débil argamasa que mantiene unidos a los tres partidos secesionistas es precisamente la promesa de proclamar la república y garantizar impunidad a quienes han vulnerado (o van a vulnerar) el ordenamiento jurídico.

Sáenz de Santamaría visitando la exposición en homenaje a las víctimas de Hipercor en Barcelona.

En la moción de censura que presentó Podemos, el presidente Rajoy reiteró que no permitirá, mientras gobierne, que un subconjunto de ciudadanos (los empadronados en Cataluña) decida sobre cuestiones (autodeterminación de Cataluña) que afectan a todos. Ahora bien, aunque el gobierno de Rajoy tiene mayoría absoluta en el Senado sólo cuenta con 137 diputados en el Congreso, un número muy alejado de la mayoría absoluta. Pero es que incluso si el PP tuviera 176 diputados, resulta indispensable contar con el respaldo de otros grupos parlamentarios para afrontar el órdago del gobierno de la Generalitat, y todo lo que puede acontecer antes y después del 1 de octubre.

Rajoy interviniendo en la moción de censura que presentó Podemos en el Congreso el 13 de junio de 2017.

Soledad del Gobierno

Iglesias abraza a Montero al término de su intervención en la moción de censura.

La moción de censura que protagonizó el tándem Iglesias-Montero permitió aclarar la posición de Podemos: apoyo sin reservas a sus fraternales compañeros catalanes –peculiar hermandad  “republicana” que excluye compartir territorio y renta– para que decidan su futuro. El diputado Tárdà (ERC) correspondió apoyando la moción. En su intervención, confirmó que el referéndum se celebrará el 1 de octubre e insinuó que su resultado podría ser la antesala de la proclamación de la tercera república en España. Olvidó el devoto enterrador de la Monarquía añadir un pequeño detalle: en esa tercera república ya no estará Cataluña.

Iglesias abraza a Tardà tras la intervención del diputado de ERC.

Sánchez puño en alto entonando “La internacional” el 24 de mayo de 2017.

En cuanto al PSOE, la victoria del Sánchez que hemos visto en las primarias, puño en alto entonando “La internacional”, apunta a un Sánchez bien distinto al que presentó su candidatura a presidente de Gobierno –con una gigantesca bandera constitucional como telón de fondo–, en junio de 2015. Aunque su adversario directo sigue siendo Iglesias, no hay que descartar que el PSOE, mediatizado por el PSC, mantenga una calculada ambigüedad sobre Cataluña. En respuesta al anuncio de la fecha del referéndum, Ábalos, portavoz de Sánchez en el Congreso, se limitó a expresar “no estamos de acuerdo, no aceptamos el desafío”, al tiempo que reiteraba la necesidad de encontrar un espacio para la política “entre unos que insisten en cumplir la ley y otros que insisten en no cumplirla”. Ya en la moción de censura, Ábalos manifestó a Iglesias la disposición del PSOE a formar mayorías alternativas.

Sánchez con Iceta en la sede del PSC sin la bandera constitucional.

Sánchez con la bandera constitucional en el acto de presentación de su candidatura a la presidencia del Gobierno en junio de 2015.

Esta suerte de equidistancia constituye la mayor amenaza que planea sobre el futuro de nuestra democracia. ¿Acaso incumplir la ley y cumplirla son dos opciones equiparables? Del dicho al hecho hay un trecho, pero resulta bastante preocupante que la nueva dirección partido que gobernó España durante veintiún años y aspira a volver a La Moncloa, considere siquiera “construir una alternativa” con quienes prometieron “liquidar el régimen de 1978” y ahora pretenden iniciar un histórico “proceso constituyente sin el PP”. De momento, el Gobierno sólo cuenta con Ciudadanos –toco madera– para defender dos principios democráticos esenciales de nuestra Constitución: primero, todos los españoles somos libres e iguales; y, segundo, los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos al ordenamiento jurídico. La asunción del concepto de estado plurinacional en el XXXIX Congreso Federal, considerada un error histórico por Susana Díaz, apunta a que el partido de Sánchez-Iceta-Armengol no está dispuesto a respaldarlos.

39º Congreso del PSOE. la delegación andaluza liderada por Díaz abandona la sala antes de votarse la ponencia política el 18 de junio de 2017.

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El fracaso de la política

Artículo publicado en el diario Expansión el 10-11 de septiembre de 2016

Constitución española.La situación política española ha alcanzado en los últimos años unos niveles de deterioro preocupantes para quienes consideramos la política el instrumento principal del que disponen las sociedades complejas para conciliar objetivos e intereses discordantes y aun contradictorios, e impedir que algún grupo social o partido imponga sus puntos de vista al resto de ciudadanos. Desde 1978, disponemos de una Constitución y un ordenamiento jurídico que, por primera vez en nuestra historia contemporánea han permitido conjugar, gracias al reconocimiento de los derechos individuales y sociales y al establecimiento de un sistema político representativo y una razonable división de poderes, pluralidad y orden social. Hay, sin embargo, políticos irresponsables que trivializan los logros de la Transición y están minando los fundamentos del edificio levantado con tanto esfuerzo tras la muerte de Franco.

Fraga y Carrillo, símbolos de una reconciliación imposible, hoy cuestionada por algunos.

Fraga y Carrillo, símbolos de una reconciliación imposible, hoy cuestionada por algunos.

Las dificultades hasta ahora insuperables para conformar un gobierno sólido y estable después de dos elecciones generales en seis meses constituyen una clara muestra de la incapacidad de algunos dirigentes para encauzar de manera constructiva el debate político dentro del marco constitucional, al anteponer sus intereses personales o los de sus partidos al interés general. Y no es ésta incapacidad la única ni tampoco la más importante de las amenazas que se ciernen sobre nuestro sistema político porque, como todo el mundo sabe, el gobierno y el Parlament de Cataluña están controlados desde finales de 2012 por tres partidos políticos (ERC, CDC y CUP) que, aprovechando la legitimidad y representatividad que les proporciona el propio orden constitucional, adoptan resoluciones fuera del ámbito de sus competencias, ignoran la división de poderes del Estado, incumplen las sentencias de los Tribunales y pretenden constituirse en estado independiente dentro de unos meses.

Forcadell presidiendo la Mesa del Parlament que dio luz verde a la resolución para crear un estado catalán independendiente en forma de república.

Forcadell, anterior presidente de la ANC,  presidiendo ahora la Mesa del Parlament que dio luz verde a la resolución para crear un estado catalán independiente en forma de república.

Crisis de gobierno

Los acontecimientos que se han ido sucediendo desde que se conocieron los resultados de las elecciones del 20-D –la negativa de Sánchez, secretario general del PSOE, a hablar con Rajoy; el descabellado intento del líder socialista de presentar su candidatura a presidente del Gobierno contando con el apoyo de 130 diputados; la negativa de Sánchez a replantearse su posición tras los resultados electorales del 26-J que reforzaron al PP y debilitaron al PSOE y a Ciudadanos; y la también fallida investidura de Rajoy con apoyo de 170 diputados– ponen de manifiesto que algunos líderes políticos están enredados en hacer política y han perdido la noción, si es que alguna vez la tuvieron, de cuál es el verdadero objeto de la política: alcanzar acuerdos razonables para conciliar intereses contrapuestos.

Rajoy tras el no de Sánchez en el debate de investidura.

Rajoy tras el no de Sánchez en el debate de investidura.

Rajoy y Sánchez en su reunión prescindible 25 agosto 2016

Rajoy y Sánchez en su reunión prescindible el pasado 25 agosto 2016.

Sánchez, sin embargo, sigue empecinado en descartar cualquier posibilidad de diálogo con el PP, parapetándose en dos coartadas bastante burdas e inapropiadas en alguien que pretende gobernar la decimocuarta potencia económica del mundo: primera, las políticas de los gobiernos de Rajoy fueron antisociales y tienen que ser revertidas; y, segunda, Rajoy y el PP no son aceptables como compañeros de viaje por sus actitudes y conexiones con las tramas de corrupción. Más útil nos resultaría a los ciudadanos que Sánchez expusiera los cambios presupuestarios y normativos que juzga indispensables para participar en un gobierno de coalición y dejara a los jueces decidir sin intromisiones quiénes merecen sentarse en el banquillo. A la vista de la composición del Congreso, un gobierno de coalición en el que estén los dos partidos más votados (y tal vez alguno más) sigue siendo la opción más idónea para hacer frente a los retos económicos y políticos de los próximos años.

A punto

urull CDC), Baños (CUP) y Romeva presentando las enmiendas a la resolución del inicio de la independencia, 6 de noviembre 2015

Turull (CDC), Baños (CUP) y Romeva (Junts pel Sí) presentando las enmiendas a la resolución de inicio del proceso de  independencia, 6 de noviembre 2015.

Otro ejemplo del fracaso de la política lo ilustra la actitud sectaria e intransigente de los políticos cuyos partidos pretenden constituir la República catalana. Convencidos (o al menos así lo afirman en público) de que tienen un mandato mayoritario del ‘pueblo’ catalán, los líderes de los tres partidos (ERC, CDC y CUP) que obtuvieron 1.957.348 votos en las elecciones el pasado 27 de septiembre (47,56 % de los votos contabilizados y 36,83% del censo) pretenden aprovechar la legitimidad que les otorga nuestro sistema constitucional y la mayoría absoluta de que disponen en el Parlament  (72 diputados de 135, gracias a una ley electoral que favorece a las circunscripciones menos pobladas) para aprobar resoluciones y leyes fuera de su ámbito competencial e imponer una suerte de dictadura al resto de catalanes y partidos que no comparten su objetivo. En mi artículo “Aval al plan secesionista de la CUP” (Expansión, 28 julio 2016) explicaba en detalle cómo Puigdemont y Junqueras pretenden sustituir las instituciones autonómicas de Cataluña que reflejan la pluralidad por otras ilegitimas (Foro Social Constituyente y Asamblea Constituyente) controladas exclusivamente por ellos.

Puigdemont, anterior presidente de la Associació de Municipis per la independencia, con su vicepresidente Junqueras y Munté en la reunión del Consejo del gobierno catalán el 19 enero 2016.

Puigdemont, anterior presidente de la Associació de Municipis per l’Independencia (AMI), con el vicepresidente Junqueras y la portavoz Munté en la reunión del Consejo del gobierno catalán el 19 enero 2016.

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Puntero que simbolizaba que había vía libre hacia la independencia en la Diada 2015.

27/07/2016 Los diputados de C's y PP abandonan el pleno. El pleno del Parlament ha aprobado este miércoles las conclusiones de la comisión de estudio que apuestan por impulsar un "proceso constituyente" en Cataluña pese a que el Tribunal Constitucional (TC) advirtió de que esta iniciativa vulnera la Constitución y pidió a los diputados y miembros de la Mesa que impidieran la votación. CATALUÑA ESPAÑA EUROPA BARCELONA POLÍTICA

Los diputados de C’s y PP abandonan el pleno del Parlament el pasado 27 de julio antes de aprobarse las conclusiones de la comisión de estudio del proceso constituyente ignorando los autos del Tribunal Constitucional.

Las multitudinarias manifestaciones que organizaron la ANC, Omnium Cultural y la Associació de Municipis per l’Independencia (AMI), con apoyo financiero y mediático de todas las administraciones de la Generalitat de Cataluña, los tres últimos 11 de septiembre han jugado un importante papel dentro del plan para movilizar a una población a la que se ha engañado deliberadamente, ocultándole tanto los beneficios que les reportó y reporta ser españoles como las nefastas consecuencias que tendría la secesión de Cataluña. Las tres asociaciones en las que la Generalitat delega la organización del acto decidieron olvidarse del puntero que simbolizó en 2015 que había vía libre hacia la independencia porque ahora todo está a punto, “al contar este 11 de septiembre, por primera vez, con un Parlament con mayoría independentista y un gobierno de la Generalitat con un mandato y un compromiso inequívocos a favor de la independencia”. Tan maduro está el melón que los organizadores han optado por convocar manifestaciones menores en Barcelona, Berga, Lérida, Salt y Tarragona, por miedo tal vez a un pinchazo cuando sólo restan 6 meses y 16 días para que expire el plazo de 18 meses que ERC y CDC se dieron para constituir su República.

Tiempo para la Política

Sánchez debate de investidura 3108116

Sánchez antes de iniciar su intervención en el debate de investidura de Rajoy el 31 de agosto de 2016.

Nadie puede responsabilizar a Rajoy ni al PP de que España no tenga ya Gobierno ni tampoco de que algunos políticos irresponsables patrocinen una suerte de golpe de estado en Cataluña. En el primer caso, son los líderes actuales del PSOE quienes, al negarse a negociar para alcanzar acuerdos, han antepuesto sus intereses personales o partidistas a los generales. Igualmente desacertado ha sido achacar a las políticas de Rajoy y el PP el crecimiento del movimiento secesionista en Cataluña porque las fuentes que lo alimentan y hacen fluir son el sistema educativo catalán y los presupuestos de la Generalitat de Cataluña.

Tanto la solución al problema más inmediato de formar gobierno como al más complejo y delicado de vencer al secesionismo requiere primar el espíritu constructivo y dejar a un lado los manidos clichés (partidos nuevos-partidos viejos, nueva política-vieja política, reforma federal-segunda transición, etc.) tras los que los políticos se escudan con frecuencia. El fracaso de la política constituye el mayor riesgo para la supervivencia del único sistema político que los españoles hemos sido capaces de otorgarnos en  para resolver pacíficamente nuestras legítimas diferencias y dejar atrás golpes de Estado, dictaduras y guerras civiles. Incomprensiblemente, algunos políticos lo están poniendo en riesgo.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

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Razones y sinrazones de otra investidura fallida

Artículo publicado en el diario Expansión el 1 de septiembre de 2016

Rajoy y Rivera sellando el acuerdo de investidura_800Mientras algunos españoles exprimían los últimos días de vacaciones de este caluroso agosto y la otra mitad trabajaba para hacerlo posible, los equipos negociadores del PP y Ciudadanos negociaban y finalmente cerraban el 27 de agosto el acuerdo de 150 puntos que ha permitido a Rajoy presentar en el Congreso su candidatura a presidente del Gobierno, un intento que todos los partidos sabían de antemano que estaba condenado al fracaso. Tanto Rajoy como Rivera eran conscientes de que el pacto de investidura alcanzado por ambas formaciones nacía muerto, ante la negativa cerrada de Sánchez a hablar con Rajoy, y sus partidos se apresuraron a anunciar que su vigencia caducaría si Rajoy no obtenía la confianza de la Cámara Baja.

Rajoy y Sánchez en su reunión prescindible 25 agosto 2016La mayoría de los ciudadanos hace tiempo que se ha desentendido del asunto, cansados de escuchar durante tantos meses declaraciones reiterativas y desencantados al constatar la imposibilidad de que PP y PSOE se sienten en una mesa para buscar puntos de encuentro que permitan formar un gobierno sólido y estable. El desencuentro entre Rajoy y Sánchez era tan patente –de prescindible calificó el segundo la reunión que mantuvieron un día antes de la investidura– que sólo a los más curiosos nos intriga todavía aclarar por qué Rivera se había decantado finalmente por llegar a un acuerdo con el PP, en lugar de reavivar el acuerdo que firmó con el PSOE hace seis meses, y por qué Rajoy se había avenido a protagonizar la sesión de investidura tras negarse a hacerlo, en circunstancias aritméticamente parecidas, hace ocho meses.

Las razones de Rivera y Rajoy

Rajoy abriendo el debate de investidura 300816En el caso de Ciudadanos, no resulta difícil adivinar por qué la formación naranja se ha prestado a negociar a toda prisa un acuerdo con el PP que incluye, según Rivera, 100 de las 200 medidas acordadas con Sánchez el pasado febrero. El mismo Rivera –o quizá sea otro– que tildó a Rajoy de perezoso en la sesión de investidura de Sánchez el pasado 3 de marzo, el mismo que afirmó sin pestañear que Rajoy no podía liderar el proceso de regeneración democrática, y el mismo que prometió que Ciudadanos no prestaría sus votos a un gobierno presidido por Rajoy, se mostraba satisfecho del acuerdo alcanzado con el PP y dispuesto a otorgar la confianza de su grupo al candidato Rajoy.

Rajoy y Rivera sellando el acuerdo de investidura_800Quizá el cambio de actitud de Rivera resulte menos sorprendente a quienes conocen su errática trayectoria política y la facilidad con que puede modular su discurso con toques liberales o socialdemócratas, según convenga a la ocasión. Resulta comprensible que Ciudadanos haya pretendido otorgar cierta solemnidad al proceso de negociación con el PP y hasta que lo haya adornado con algunos desplantes para la galería, pero lo cierto es que tras el severo correctivo que sufrieron Ciudadanos y PSOE en las urnas el 26-J –ambos partidos suman ahora 117 diputados ahora frente a los 137 del PP–, a Rivera sólo le quedaba comerse sus palabras de hace unos meses y votar sí en la investidura de Rajoy, aprovechando la ocasión para realzar su perfil socialdemócrata y dejar en evidencia a un despechado Sánchez.

Distribución de escaños en el Congreso 26-JAunque Rajoy cuenta con 14 diputados más en el Congreso, los 170 diputados del PP (137),  Ciudadanos (32) y CC que apoyaron su candidatura, resultan tan insuficientes para sustentar un gobierno estable como los 164 que podrían haberlo hecho tras las elecciones del pasado diciembre. A pesar de ello, Rajoy se dio cuenta de que el PP tenía que volver a tomar la iniciativa, convocar a los líderes de los partidos con los que cabía alcanzar un acuerdo (PSOE, Ciudadanos y CC), y dejar muy claro a los ciudadanos que su partido estaba abierto a alcanzar acuerdos con el PSOE en cinco grandes áreas: crecimiento económico y creación de empleo, reducción del IRPF cuando el déficit lo permita, sostenibilidad del sistema de pensiones, afrontar el reto secesionista en Cataluña y promover la regeneración democrática.Iglesias y Domenech abrazados

 La obcecación de Sánchez

Sánchez debate de investidura 3108116Las incongruentes declaraciones de Antonio Hernando, portavoz del PSOE en el Congreso, hace unos días –si el no de su partido a Rajoy estaba claro, todavía lo está más tras el acuerdo alcanzado con Rivera– prueban el desconcierto en que están sumidos sus actuales líderes. El repetido NO de Sánchez en la sesión de investidura y su obsesión por culpar al PP de todos los problemas de los españoles –¡hace falta estar ciego para no ver que estamos bastante mejor que a finales de 2011!– nos lleva a dudar de que tengan algo que aportar a la solución de los problemas a los que el Gobierno tendrá que enfrentarse en los próximos años.

Sánchez en el Comité Federal que decidió que votará NO en la investidura de Rajoy el 9 de julio de 2016.

Sánchez en el Comité Federal que decidió que votará NO en la investidura de Rajoy el 9 de julio de 2016.

Aunque Sánchez se niegue a reconocerlo e inste una y otra vez al PP a buscar apoyos en otros partidos ‘afines’, demanda imposible a la vista de la composición del Congreso, la pelota está ahora en su tejado y los dirigentes del PSOE tendrán que decidir en las próximas semanas si quieren que recaiga sobre el partido que ha gobernado España durante 21 de los 38 años transcurridos desde la aprobación de la Constitución en 1978, la responsabilidad de que vuelvan a disolverse Las Cortes y se convoquen nuevas elecciones generales en Navidad. Si las llamadas a la sensatez que han hecho algunos antiguos dirigentes del PSOE, desde González a Zapatero, desde Fernández Vara a Barrera, han sido desoídas por la actual dirección del partido, pocas esperanzas cabe albergar de que Sánchez y sus lugartenientes consideren los argumentos de quienes hemos defendido durante los últimos meses la conveniencia de constituir un gobierno de coalición para afrontar los graves problemas económicos y políticos de nuestro país. No obstante, nuestra obligación es seguir intentándolo.Tardá y Rufián entre rufianes anda el juego

Rajoy escuchando el No de SánchezEn mi opinión, el PSOE tiene mucho que ganar si se decide a compartir las responsabilidades de gobierno con el PP y dedica sus energías a promover políticas de estado que exigen la cooperación de los dos partidos más votados. Y al contrario, seguirá perdiendo terreno si los dirigentes socialistas se empecinan en confundirse en la oposición con Podemos y sus divergencias, mientras PP y Ciudadanos se apuntan en su haber algunas medidas de marcado carácter socialdemócrata incluidas en los 150 puntos de su acuerdo. Como le ocurrió al PSC en Cataluña, el PSOE está a un tris de perder su vitola de partido de gobierno y quién sabe, si como aquel, de manera irreversible. El giro socialdemócrata de Ciudadanos indica que sus líderes han caído en la cuenta de lo complicado que resulta arañar votos al PP y apuestan ahora por conquistar al electorado socialista más moderado. Rivera huele sangre y necesita votos del PSOE para llegar a ser decisivo en la política nacional. No me sorprendería que PP y Ciudadanos, si hay elecciones en Navidad, sumen 176 escaños, y Rivera aspire a convertirse en el nuevo líder de la socialdemocracia española.Rajoy a otra cosa mariposa tras el no en el debate de investidura

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Se equivocó la rosa. ¿Se equivocará también ahora?

Rajoy votando el 26-J

Rajoy votando el 26-J.

Rajoy celebrando la victoria en la sede del PP el 26-J.

Rajoy celebrando la victoria en la sede del PP la noche del 26-J.

Se han dicho tantas cosas desde las elecciones del 26-J que no está de más recordar los resultados antes de examinar la compleja situación política y sus implicaciones económicas. La repetición de los comicios revalidó y amplió la victoria que Rajoy, al frente del PP, había conseguido el 20-D mientras que las fuerzas lideradas por Sánchez (PSOE-PSC) y Rivera (Ciudadanos) cosecharon un notable batacazo. En los resultados al Congreso, el PP subió 4,3 puntos porcentuales y obtuvo 14 escaños más que el 20-D, en tanto que PSOE-PSC y Ciudadanos perdían 5 y 8 diputados, respectivamente, y la suma de ambas formaciones (85+32) quedaba muy por debajo de los 137 diputados del PP. La victoria fue incluso más contundente en el Senado donde el PP amplió su mayoría absoluta, sumando 6 senadores a los 124 obtenidos el 20-D, mientras el PSOE-PSC perdía 4 y se quedaba con 43, y Ciudadanos volvía a quedarse en blanco. Por otra parte, Unidos Podemos, la coalición electoral de Izquierda Unida con Podemos y sus divergencias (En Comú Podem, Compromís, Marea y Anova) fracasó en su intento de convertirse en superar al PSOE-PSC. Aunque los morados, reconvertidos a toda prisa en socialdemócratas blanqueados, perdieron 140.000 votos y retrocedieron ligeramente en porcentaje, lograron salvar los muebles al mantener los 69 escaños en el Congreso y 16 de los 17 senadores logrados en diciembre.

Sánchez con cara de pocos amigos la noche del 26-J.

Sánchez con cara de pocos amigos la noche del 26-J escuchando los aplausos de su ejecutiva tras cosechar una derrota histórica. Al fondo el puño y la rosa.

El veredicto de las urnas

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso que permitió a Sánchez protagonizar una fallida sesión de investidura el pasado marzo.

Sánchez y Rivera, pero sobre todo las direcciones de sus partidos, tendrían que asumir la valoración que los ciudadanos hicieron de sus iniciativas políticas entre diciembre y junio. Confrontados con la posibilidad respaldar en las urnas al programa de ‘cambio’ y ‘progreso’ que les había otorgado todo el protagonismo político allá por los meses de febrero y marzo, y de cuyo fracaso Sánchez culpabilizó a Iglesias y Rivera a Rajoy, los ciudadanos optaron por castigar a los dos partidos que habían protagonizado la investidura fallida de Sánchez y retrasado las elecciones varios meses, y respaldar a los presuntos culpables del descarrilamiento del proyecto.

En lugar de encajar el golpe con gallardía y presentar su inmediata dimisión, Sánchez sigue atrincherado con sus lugartenientes Luena, Batet y Hernando en Ferraz, empecinado en presentarse a sí mismo como líder de la oposición y al PSOE-PSC como alternativa de gobierno, al tiempo que invita a Rajoy a buscar aliados en fuerzas “ideológicamente más afines”. Al PP se le puede pedir que se siente a negociar con un partido constitucionalista como Ciudadanos –y todo apunta a que esa negociación está en marcha y va por el buen camino– pero de ningún modo que busque el apoyo de un partido (CDC, o cómo se llame ahora) que otrora fue nacionalista y ahora es la comparsa del delirio secesionista de la CUP y ERC. Los actuales líderes del PSOE deberían medir bien sus pasos y escuchar las voces que desde dentro de su propio partido les piden responsabilidad en estos momentos.

Rajoy y Rivera fotografiados en uno de sus últimas reuniones.

Rajoy y Rivera fotografiados en uno de sus últimas reuniones.

Reformas para la mayoría

Sánchez en el Comité Federal que decidió que votará NO en la investidura de Rajoy el 9 de julio de 2016.

Sánchez en el Comité Federal que se celebró el 9 de julio y en el que el máximo órgano entre congresos del PSOE decidió rechazar la invitación de Rajoy a negociar un gobierno de coalición y votar NO en una hipotética investidura de Rajoy.

Sánchez y los líderes del PSOE se equivocaron al descartar formar parte un gobierno de coalición con el PP tras el 20-D, vuelven a equivocarse al reiterar su negativa ahora, y acabarán, si persisten en el error, pagándolo caro en las urnas. Los argumentos bastante pueriles que esgrimen para rechazar cualquier fórmula de cohabitación, ensayadas ya en varios estados de la UE, se sustentan en la perversa lógica izquierda-derecha. Si los líderes del PSOE pudieran dejar a un lado esa ingenua superioridad moral que les nubla la vista, reconocerían que cualquiera de las reformas que el PSOE pretendía implementar con Ciudadanos hace unos meses estarán más cerca de conseguirse si negocian con el PP que si se empeñan en practicar una oposición de acoso y derribo, a la espera de que les llegue su hora de gobernar porque, entre otras cosas, esa hora podría no llegar nunca si Iglesias resulta más convincente que Sánchez practicando ese tipo de oposición.

Sánchez e Iglesias paseando por la carrera de San Jerónimo como dos buenos colegas.

Sánchez e Iglesias paseando por la carrera de San Jerónimo como dos buenos colegas.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

Al margen de la deseabilidad de alcanzar acuerdos entre el PP y el PSOE-PSC en temas de política exterior y lucha antiterrorista, hay cuatro razones de peso para apostar por un gobierno de coalición entre ambos partidos, con la posible inclusión de Ciudadanos como partido bisagra. La primera es que el marcaje a que estarían sometidos podría resultar muy beneficioso tanto para el PP, necesitado de liberarse de algunas hipotecas del pasado y consolidar su incipiente y deseable renovación de cuadros y mensajes, como para el PSOE-PSC, igualmente necesitado de dejar atrás algunas herencias y abandonar definitivamente sus devaneos con el ‘derecho a decidir’. En segundo lugar, cualquier partido que de verdad aspire a alcanzar pactos de Estado o a reformar la Constitución tiene que reconocer que habrá de ponerse de acuerdo con el partido que cuenta con 137 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado. Sumar los escaños del PP y PSOE resulta indispensable para afrontar los grandes problemas y alcanzar soluciones realistas. O suman fuerzas y alcanzan compromisos razonables, asumibles por ambos partidos, o estaremos una vez más ante proclamas para consumo interno con las que los partidos llenan de paja los programas electorales.

Gráfico deuda pública de España 2016La tercera razón de calado es que el próximo gobierno tiene que afrontar cómo puede mantenerse el estado de bienestar sin seguir aumentando la deuda pública que hipoteca nuestro futuro. Los mayores enemigos del estado de bienestar no son Rajoy ni el PP sino el escaso crecimiento entre 2008 y 2013 y la insuficiencia recaudatoria de nuestro sistema fiscal. Bruselas viene reclamando desde 2010 ajustes para cuadrar las cuentas públicas y España incumpliendo reiteradamente los objetivos y plazos acordados. Los recortes en sanidad y educación se explican no porque el PP disfrute implementando políticas impopulares sino porque la recaudación impositiva se hundió entre 2007 y 2009, cuando Rodríguez Zapatero y el PSOE gobernaban. Las pensiones contributivas no están amenazadas por el PP sino por la insuficiencia de las cotizaciones para hacer frente a catorce pagas de 8.500 millones. La precariedad laboral tampoco es un invento del PP sino el resultado de un sistema de contratación temporal que puso en marcha González en 1984 y desencadenó una huelga general. Dos preguntas deberían estar haciéndose los líderes del PSOE: primero, cómo puede preservarse el estado de bienestar y la igualdad de oportunidades sin perjudicar el crecimiento económico y la creación de empleo e hipotecar el futuro; y, segundo, cómo puede resultar el PSOE más decisivo en estos momentos, participando en un gobierno de coalición o haciendo oposición junto a Iglesias.

Salgado, Sevilla y Solbes con otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

Salgado, Sevilla y Solbes con otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

27/07/2016 Los diputados de C's y PP abandonan el pleno. El pleno del Parlament ha aprobado este miércoles las conclusiones de la comisión de estudio que apuestan por impulsar un "proceso constituyente" en Cataluña pese a que el Tribunal Constitucional (TC) advirtió de que esta iniciativa vulnera la Constitución y pidió a los diputados y miembros de la Mesa que impidieran la votación. CATALUÑA ESPAÑA EUROPA BARCELONA POLÍTICA

Los diputados de C’s y el PP con García Albiol y Arrimadas al frente abandonando el pleno del Parlament de Cataluña que aprobó las  las conclusiones de la comisión de estudio del proceso constituyente el 27 de julio de 2016.

Por último, está en la agenda del futuro gobierno español hacer frente al desafío al orden constitucional que supone la aprobación de resoluciones en el Parlament de Cataluña, avaladas por el gobierno de la Generalitat, que promueven el inicio de un proceso constituyente para crear una república independiente, y proclaman la intención de ambas instituciones autonómicas de desacatar las leyes del Estado y las sentencias de los tribunales. Ni el PP ni Ciudadanos están dispuestos a permitir semejante burla a nuestra democracia constitucional y suponemos que tampoco la mayoría de líderes del PSOE, incluido aquel Sánchez que inició su carrera a La Moncloa con la bandera constitucional como telón de fondo. Un estado de derecho no puede permitir que ningún ciudadano o poder público se sitúe por encima de la ley, como hizo recientemente el president Puigdemont cuando advirtió que “sólo obedeceremos al Parlament, cumpliremos el compromiso con los ciudadanos y construiremos un Estado moderno, libre y próspero”. El PSOE-PSC tiene que posicionarse sin titubeos junto a los partidos constitucionalistas, y dar la espalda a quienes pretenden cumplir sólo las normas aprobadas en aquellas instituciones donde ellos tienen mayoría.

Sánchez con la bandera constitucional en el acto de presentación de su candidatura a la presidencia del Gobierno.

Sánchez con la bandera constitucional en el acto de presentación de su candidatura a la presidencia del Gobierno.

Puigdemont en el Parlament de Cataluña.

Puigdemont, president del gobierno de Cataluña que avala e impulsa el proceso de secesión, en el Parlament de Cataluña.

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Ganar perdiendo: la ‘nueva’ pinza

Artículo publicado en el diario Expansión el 25 de junio de 2016

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias en el debate, 13 junio 2016.

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias en el debate celebrado el 13 junio 2016.

Dice Sánchez que sale a ganar las elecciones del 26-J pero la propuesta que presentó Sevilla, responsable económico de su gabinete en la sombra, hace unos días revela más bien lo contrario que el PSOE las da ya por perdidas y confía en reeditar el pacto con Ciudadanos. En unas declaraciones de las que se han hecho eco casi  todos los medios de comunicación, Sevilla propone que “para evitar terceras elecciones, si no hay mayorías, debería dejarse gobernar al candidato que consiga mayor apoyo parlamentario”. Por si algún despistado no lo había entendido el mensaje, Sevilla lo explicó con todo detalle. En caso de que el resultado electoral sea similar al del 20-D –PP: 123 escaños en el Congreso y 122 senadores; PSOE 82 diputados y 47 senadores; PSC 8 diputados y ningún senador; y, Ciudadanos: 40 diputados y ningún senador–, el PP debería abstenerse y permitir que gobiernen los 130 diputados y 47 senadores de la coalición PSOE-PSC-Ciudadanos.

Salgado, Sevilla y Solbes con otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

Sevilla, al lado de Solbes, junto a otros pesos pesados de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y González.

Pinza ‘ciudadana’ al PP

Rajoy con Rivera en el Palacio de La Moncloa charlando tras el 20-D.

Rajoy con Rivera  conversando en el palacio de La Moncloa tras el 20-D.

La maniquea posición de Ciudadanos se ha ido perfilando con el paso del tiempo. Tras las elecciones del 20-D, Rajoy ofreció formar un gobierno de coalición abierto a Ciudadanos, y Rivera le contestó que no apoyaría su investidura ni participaría en ningún gobierno que no presidiera él mismo. Rajoy, al no contar siquiera con el apoyo de Ciudadanos, declinó el dudoso honor de convertir la sesión de investidura en una farsa. Rivera, sin embargo, no tuvo reparos en iniciar una negociación con el PSOE-PSC para investir a Sánchez, a sabiendas de que la iniciativa no tenía probabilidad alguna de prosperar y posponía varios meses la convocatoria de nuevas elecciones.

Sánchez saluda a Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

Sánchez saluda a Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos en el Congreso.

Entonces, ¿qué perseguían Sánchez y Rivera retrasando las inevitables elecciones? En primer lugar, ningunear a Rajoy y al PP; y, en segundo lugar, acaparar temporalmente toda la atención mediática al convertirse en protagonistas de una sesión de investidura que podía reforzar su imagen presidencial. No puede sostenerse en serio que el propósito del acuerdo entre el PSOE-PSC y Ciudadanos fuera acometer reformas institucionales de calado y modernizar nuestra economía, porque para ello tendrían que haber contado con el partido que tenía 123 diputados en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado. Y no lo hicieron. Más bien todo el montaje fue una estratagema de Sánchez y Rivera que ha alargado innecesariamente el impasse político que supone mantener un gobierno en funciones y ha aumentado la incertidumbre que gravita sobre nuestra economía.

Rivera en la sesión de investidura de Sánchez el 3 marzo 2016.

Rivera en la sesión de investidura de Sánchez el 3 marzo 2016.

Tampoco en su afán por desacreditar a Rajoy, le ha importado a Rivera exagerar con tintes sombríos la situación económica. Alguno de sus brillantes asesores tendría que apuntarle al oído que España es, según el ranking del Banco Mundial, la decimocuarta potencia económica del Mundo, ocupa una posición destacada en el Índice de Innovación Global, y los españoles tenemos una esperanza de vida similar a las de economías con rentas per cápita bastante más elevadas. Ni la economía española está tan mal ni la política económica ha sido tan inoperante como insinúa Rivera para desacreditar la gestión de los gobiernos de Rajoy. Quizá debiera prestar más de atención a las 200 medidas que contempla su acuerdo con el PSOE-PSC porque la mayoría de ellas implican más gastos y menos ingresos para las AA. PP., y eso cuadra mal con sus promesas de bajar los impuestos y eliminar el déficit público.

Garicano (Ciudadanos) y Sevilla y Serrano (PSOE) celebrando el acuerdo.

Garicano (Ciudadanos) y Sevilla y Serrano (PSOE) celebrando el acuerdo de investidura de Sánchez.

Perspectiva postelectoral incierta

Encuestas electorales 26-J El Mundo mediasLos resultados de las encuestas electorales sobre el 26-J indican que la composición del nuevo Congreso será similar a la anterior, salvo por el ascenso de la coalición Unidos Podemos que, al sumar los votos de Izquierda Unida, podría superar al PSOE-PSC en escaños y votos. Rajoy, el único político que reconoció el 21 de diciembre que con semejante fragmentación del Congreso resulta inviable gobernar en solitario, sigue manteniendo su oferta de coalición con el PSOE, a abierta a Ciudadanos, para asegurar la estabilidad institucional y apoyar la recuperación económica. Sánchez, secretario general del PSOE, ya ha manifestado que no está por la labor, y que su partido no hará, ni por acción u omisión, presidente a Rajoy ni a ningún otro candidato del PP. Rivera se ha sumado al coro socialista del NO y ha advertido que no va “a apoyar un Gobierno de Mariano Rajoy”, aunque ha dejado abierta la puerta a apoyar a otro candidato del PP.

Rivera dice que no hará presidente a Rajoy.

Rivera dice que no hará presidente a Rajoy.

Rivera, Sánchez e Iglesias en campaña.

Rivera, Sánchez e Iglesias en campaña.

Todo apunta a que salvo que se produzca un improbable vuelco electoral que altere drásticamente la composición de las cámaras, Sánchez y Rivera quedarán en tercera y cuarta posición, respectivamente, y volverán a desempolvar su acuerdo ‘progresista’ para cambiar España. ¿Acaso resulta tan difícil comprender que con 120-130 escaños en el Congreso y cuarenta y tantos senadores PSOE-PSC y Ciudadanos no pueden aprobar siquiera los Presupuestos Generales del Estado, mucho menos impulsar pactos de estado para mejorar la sanidad y la educación, apuntalar el sistema de pensiones, combatir el terrorismo, hacer frente a las amenazas secesionistas, o abordar reformas constitucionales cuya aprobación exige contar con mayorías cualificadas? ¿Acaso no entiende Rivera que ni él ni ningún otro político profesional pueden erigirse en juez y pedir la cabeza del líder de otro partido político? Creo que lo sabe perfectamente pero como Rivera, a diferencia de Iglesias con Sánchez, no tiene ninguna probabilidad de superar a Rajoy en las urnas, ha optado por intentar desprestigiarlo públicamente, y dinamitar cualquier posibilidad de acuerdo con el PP al exigir la cabeza de su líder.

Sánchez y Rivera, la nueva pinza.

Sánchez y Rivera, la ‘nueva’ pinza.

Interés general y altura de miras

Las actitudes y manifestaciones reiteradas de los líderes del PSOE, PSC y Ciudadanos hacia Rajoy y el PP no invitan al optimismo. Si Sánchez y Rivera antepusieran el interés general de los españoles a sus intereses personales y de partido, se mostrarían mucho más predispuestos a aceptar el veredicto de las urnas y a sentarse a negociar con el partido más votado el 26-J. Ni la lógica política ni la aritmética parlamentaria avalan la pretensión de Sánchez y Rivera de imponer su acuerdo, respaldado por algo más de 120 diputados, al resto de fuerzas políticas. En fin, tendremos que esperar hasta la noche electoral para saber si ambos mantienen su rechazo a la oferta del PP de constituir un gobierno con sólido respaldo electoral que favorezca el crecimiento económico y fortalezca las instituciones de nuestra joven democracia.

Rajoy en el balcón de la sede del PP celebra la victoria el 20-D.

Rajoy en el balcón de la sede del PP celebra la victoria el 20-D.

La fragmentación política del Congreso que impedirá gobernar en solitario incluso al partido más votado constituye una gran oportunidad para que los partidos constitucionalistas antepongan los intereses generales a los particulares de cada formación y acuerden un programa de gobierno que afiance la recuperación económica y apuntale el régimen constitucional que ha propiciado el período más largo de libertad, concordia y prosperidad de nuestra historia. La política atraviesa horas bajas, o al menos eso es lo que se desprende de las respuestas de los ciudadanos cuando se les pide que valoren la situación actual y pongan nota a los líderes políticos. De su altura de miras en las próximas semanas dependerá que se empiece o no a revertir esta peligrosa deriva que alimenta el populismo descarado de Podemos y sus divergencias disgregadoras.

Rueda de prensa de Pablo Iglesias en el Congreso en la que se postula como Vicepresidente de Gobierno, rodeado de los Ministros de Podemos.

Rueda de prensa de Pablo Iglesias en el Congreso en la que se postula como Vicepresidente de Gobierno, rodeado de los Ministros de Podemos. Ahora exigirá ser presidente.

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Debate histórico bastante previsible

Artículo publicado en el diario Expansión el 15 de junio de 2016

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posando antes de iniciar el debate el 13 de junio de 2016.

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posando antes de iniciar el debate el 13 de junio de 2016.

El debate que se celebró la noche del 13 de junio sólo pasará a la historia de nuestra democracia por ser el primero donde se vieron las caras en la parrilla de salida cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno de España, un país no lo olvidemos que es la cuarta economía de la UE. Allí estaban Rajoy y Sánchez representando a los dos partidos, PSOE y PP, respectivamente, que se han alternado desde 1982  en el gobierno de nuestra todavía muy joven democracia pero que, por distintas razones, llegaban a la cita en horas bajas. Y también estaban Iglesias y Rivera, representando a dos organizaciones políticas –partido es a todas luces un término inapropiado para referirse al conglomerado de siglas, partidos y coaliciones de partidos integrados en Unidos Podemos– relativamente nuevas que lograron irrumpir con fuerza en el Congreso el pasado 20 de diciembre. Iglesias llegó a la política con la intención de finiquitar el ‘régimen’  constitucional de 1978, mientras que Rivera aspira a protagonizar una segunda transición que regenere las instituciones y modernice la economía.

Rajoy y Sánchez saludándose antes de inciar el debate.

Rajoy y Sánchez saludándose antes de inciarse el debate.

Iglesias, Rodríguez y Errejon antes de pasar por la sección de

Iglesias, Rodríguez y Errejon antes de pasar por la sección de blanqueado de imagen.

Iglesias entrando en el Palacio de Congresos antes del debate.

Iglesias entrando en el Palacio de Congresos antes del debate a cuatro.

Lo cierto es que, pese a la presencia de nuevas caras y partidos, el encorsetado formato del debate y el encadenamiento de tantos y tan variados temas sin solución de continuidad impidió hacerse una idea cabal de cuáles eran las posiciones de cada aspirante y la coherencia (o incoherencia) de sus posiciones en conjunto. Si lo que se pretendía con la entrada de los ‘nuevos’ partidos en la escena política era propiciar un debate más vivo que permitiera profundizar y contrastar las propuestas de cada candidato, me temo que el debate fue un fracaso porque cada uno de ellos dispuso de la mitad de tiempo que en ocasiones anteriores, y tuvo que estar más pendiente de lanzar mensajes harto conocidos que de explicarnos las ventajas de sus propuestas y las debilidades de las de sus adversarios. No parece posible suscitar un debate vivo y enriquecedor cuando los candidatos están corriendo contra el crono y los moderadores apenas intervienen o formulan preguntas incisivas.

Debate 26-J, los moderadores

Vallés, Blanco y Piqueras, los tres moderadores del debate.

 

Sánchez posando con su esposa a su llegada al Palacio de Congresos

Sánchez posando con su esposa a su llegada al Palacio de Congresos

Como ocurre a veces con los partidos del siglo, no fue este un debate de gran altura, de ahí que algunos medios lo tachen de estéril y otros sostengan que no tuvo ganador claro. Lo que sí tuvo es un claro perdedor: Sánchez perdió la partida con Rajoy e Iglesias, sus principales adversarios. Rajoy le ganó con facilidad al empecinarse Sánchez en negar la evidencia de la recuperación económica y refugiarse en el ensueño de que cuando sea presidente abolirá la reforma laboral y la Lomce, y aumentará el salario mínimo interprofesional, las pensiones, las prestaciones sanitarias y las ayudas a personas dependientes, y convertirá las becas en un derecho. Por otra parte, las repetidas alusiones de Sánchez a Iglesias, culpabilizándolo una y otra vez de que él no sea ya presidente del Gobierno, trasladaban a los espectadores la impresión de que Sánchez estaba nervioso, agarrotado por el rencor y el implacable peso de las encuestas que apuntan a que su oportunidad se esfumó el 4 de marzo.

Sánchez exponiendo su programa de gobierno en la sesión de investidura.

Sánchez exponiendo su programa de gobierno en la sesión de investidura.

Iglesias con Colau y Domenech, líderes de la divergencia catalana de Podemos

Garzón (IU) con Colau y Domenech, líderes de la divergencia catalana En Comú Podem, e Iglesias, Errejón y Bescansa, líderes de Podemos en Madrid.

Me ha sorprendido que bastantes medios den como ganador a un Iglesias sorprendentemente contenido que consumió menos tiempo que el resto. Mi única explicación es que los miembros de su organización están muy activos en la red y se pasaron la noche votándole. O, al menos eso tengo que suponer tras escuchar la sarta de disparates que propuso de carrerilla para estimular la economía y aumentar la recaudación, y constatar lo malparado que salió de sus encontronazos con Rivera a cuenta de la oscura financiación de Podemos, su posición a favor de elaborar un plan para salir del euro, y el apoyo de los líderes de En Comú Podem a realizar un referéndum de independencia en Cataluña. Fue Rajoy, sin embargo, quien defendió con más rotundidad la unidad de España que garantiza la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Rivera e Iglesias arremangados antes de iniciar un debate hace unos meses.

Rivera e Iglesias arremangados antes de iniciar el debate en la U. Carlos III el 23 de noviembre de 2015.

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias en el debate, 13 junio 2016.

Rajoy con Sánchez, Rivera e Iglesias posando ante los fotógrafos.

Rajoy cumplió con solvencia y profesionalidad su papel en una cita nada fácil. En el primer bloque, el presidente en funciones explicó cómo sus gobiernos han logrado revertir la desastrosa situación económica que se encontró a finales de 2011 y convertirla en una oportunidad. Más complicado le resultó, como era previsible, esquivar los ataques en el apartado dedicado a reformas institucionales y regeneración democrática. Fue el momento estelar de Rivera que, como ya hizo en el debate de investidura, le propinó con la izquierda varios golpes al hígado mientras blandía con la derecha los papeles de Bárcenas y le marcaba la puerta de salida. Rajoy los encajó mal y achacó a Rivera –quizá su mayor error en el debate– que hubiera reconocido haber pagado facturas sin IVA, a lo que Rivera replicó, riéndose, que eso ocurrió cuando era jovencito. Claro que, como llegó muy joven a presidente de Ciudadanos y diputado, no quedó claro si el fraude se produjo antes o después de convertirse en político profesional. En fin, esperemos que algún día nos lo aclare y cuente con la misma franqueza cómo se financió la campaña de Ciudadanos que lo llevó al Parlament de Cataluña en noviembre de 2006.

Rivera en el cartel electoral de las elecciones autonómicas de noviembre de 2006.

Rivera en el cartel electoral de las elecciones autonómicas de noviembre de 2006.

Sánchez saluda a Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

Sánchez saluda a su socio Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

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