Escalofrío

Artículo publicado en el diaro Expansión el 15 de mayo 2010

Esa sensación recorre el cuerpo al examinar la última fotografía del mercado laboral español correspondiente al primer trimestre de 2010. Ni siquiera la afirmación realizada por el Presidente del Gobierno de que “el paro ha tocado techo”, respaldada por la filtración posterior de que el número de parados registrados cayó en 24.188 personas en abril, gracias a la “Semana Santa”, pudo mitigar el impacto que provocó la publicación de los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA) el pasado 30 de abril. Resulta incomprensible que después de lo que ha caído en los últimos trimestres y aprovechando que el Tajo pasa por Toledo, Rodríguez Zapatero se permitiera decir semejante frivolidad, porque muy pronto veremos desmentidas sus palabras por los tercos hechos. Puestos a ejercer de augures, me atrevo a pronosticar que el número de parados va a seguir aumentando durante este año y la tasa de paro superará el listón del 21 %, incluso si se cumplen las optimistas previsiones de crecimiento del Gobierno.

Evolución de la ocupación y el paro

Los resultados de la EPA del primer trimestre de 2010 indican que se han perdido 251.800 puestos de trabajo y otras 286.200 personas se han sumado a la casi interminable cuerda de parados. La tasa de paro (sobre la población mayor de 16 años) alcanza ya el 20.05 %. 40 de cada 100 jóvenes con edades comprendidas entre los 16 y 24 años quiere trabajar pero no encuentra trabajo y 31 de cada 100 extranjeros están también parados. En Andalucía y Canarias la tasa de paro supera ya el 27 % y en Asturias, Extremadura, Castilla La Mancha, Murcia y las dos ciudades autónomas el 21 %. Si echamos un vistazo a lo ocurrido desde el tercer trimestre de 2007, el panorama resulta sencillamente desolador. En 10 trimestres, se han perdido 2.1 millones de puestos de trabajo, se ha incrementado en 2.8 millones el número de parados y la tasa de paro ha pasado del 8.03 al 20.05 por ciento, duplicando holgadamente la media europea. El número de hogares con todos sus miembros parados ha pasado en ese lapso de tiempo de 379.300 a 1.298.500. Son datos demoledores para un Presidente del Gobierno que en vísperas de las elecciones generales de marzo de 2008 se mostraba convencido de alcanzar el pleno empleo en esta legislatura.

Falta de contestación social

¿Cómo, se pregunta tanta gente, un fracaso tan estrepitoso no ha provocado una verdadera revuelta social encabezada por las sindicales? La falta de contestación social se explica en gran parte porque el ajuste ha recaído sobre los colectivos más débiles del mercado laboral y apenas ha afectado a los asalariados con contratos indefinidos (ACCI). De hecho y aunque pueda parecer increíble, el número de éstos ha aumentado en 51.500 trabajadores desde el tercer trimestre de 2007. Aunque una pequeña fracción de este colectivo ha perdido su empleo durante este tiempo, el impacto se ha visto más que compensado por la firma de nuevos contratos indefinidos, subvencionados en bastantes casos (54,07 % en 2009) por el Gobierno. Y como no se han producido recortes salariales ni aumentos significativos de los precios, los ACCI han podido mantener o incluso aumentar su poder adquisitivo y nivel de vida durante la recesión.

Contrasta la plácida situación de estos trabajadores con la de los asalariados con contratos temporales (ACCT) y los trabajadores por cuenta propia (autónomos). Integrado por 5.388.300 personas en el tercer trimestre de 2007, el número de ACCT ha disminuido en 1.667.800 personas (30,95 %) desde entonces, diezmado por los ajustes de plantillas y los cierres de empresas que se han producido. La magnitud de las caídas en los sectores Industria y Construcción habla por sí misma: 48 de cada 100 contratados temporales en el caso de la Industria y 57 de cada 100 en la Construcción perdieron su trabajo en los últimos 10 trimestres. El otro colectivo donde la recesión ha hecho estragos es el de los autónomos. De los 3.663.000 estimados en el tercer trimestre de 2007 se ha pasado a 3.130.800 en el primero de 2010, una reducción del 13.83 %. Los sectores más castigados han sido también en este caso Industria y Construcción con caídas que, si bien no alcanzan las de los contratados temporales, resultan también impresionantes: 24 y 21 de cada 100 autónomos han perdido su empleo en la Industria y Construcción, respectivamente.

Con unas sindicales que han aceptado hipócritamente durante décadas el abuso de la contratación temporal para mejor blindar los “derechos” de los “trabajadores” (entiéndase, indefinidos) y a las que les importa un bledo la suerte de los empresarios autónomos, estos colectivos se han visto abocados a buscar remedio a sus males en la silenciosa economía sumergida. Con la perspectiva de un crecimiento magro en los próximos años, intensa competencia industrial de los países emergentes y un sector de construcción en reconversión a la baja, se tardará bastante tiempo en conseguir sacar del paro y la marginación a quienes han perdido su trabajo durante los últimos trimestres en estos sectores.

Flexibilidad y movilidad perversas

La evolución de los últimos trimestres pone de manifiesto que el mercado laboral español, lejos de ser inflexible como a veces se dice, es uno de los más flexibles del mundo. Otra cosa distinta es que esa flexibilidad sea muy asimétrica y pueda incluso resultar perjudicial para nuestra economía a medio y largo plazo. Si no existieran diferencias importantes en la indemnización por despido, lo ocurrido podría justificarse achacándolo a que los empresarios obligados a recortar el empleo despiden, en primer lugar, a los trabajadores menos productivos y éstos resultan ser los asalariados temporales. Pero las diferencias de productividad pueden resultar irrelevantes cuando para enviar al paro a un contratado indefinido los empresarios tienen que pagar costosas indemnizaciones -45 ó 33 días por año trabajado hasta un máximo de 42 o 24 mensualidades, dependiendo del tipo de contrato y de la causa del despido-. Quien va al paro es el contratado temporal, sea o no menos productivo.

Conviene, además, tener en cuenta que el abuso tolerado de la contratación temporal en España ha aumentado la rotación e inestabilidad laboral y ha limitado las oportunidades de desarrollar carreras profesionales, desalentando la inversión en formación de empresarios y trabajadores. Por ello, las diferencias en formación y productividad entre asalariados con contratos indefinidos y temporales, si las hay, podrían ser la consecuencia, no la causa, del uso generalizado de la contratación temporal. Un espejismo sería interpretar la hiperactividad contractual y cambio frecuente de trabajo inherentes a la contratación temporal como una muestra de dinamismo y movilidad laboral, cuando en realidad obstaculizan la movilidad espacial de los trabajadores que tanto necesita nuestra economía para reducir las enormes disparidades existentes entre las tasas de paro de las CCAA.

No es ésta la primera vez que España supera la tasa de paro del 20 %, doblando la media de la UE, o se observan diferencias enormes diferencias entre las tasas de paro de las CCAA. Tampoco constituye una novedad que el ajuste de plantillas recaiga sobre los contratados temporales: ya ocurrió en 1992-95. La pregunta es si en esta ocasión el Gobierno estará dispuesto a emprender las reformas necesarias para corregir los problemas o continuará mareando la perdiz un par de años más en las alargadas mesas del interminable diálogo social.

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