¿Cuánto tiempo aguantarán a Sánchez sus avalistas?

Artículo publicado en el diario Expansión el 27 de julio de 2018.

Sánchez recibe los aplausos de su grupo parlamentario tras ganar la moción de censura.

El programa de gobierno de Sánchez para los próximos meses resulta bastante previsible: aguantar todo el tiempo que pueda en La Moncloa, aprovechar todos los resortes que el poder le ofrece (y son muchos, déficit incluido) para mejorar sus perspectivas electorales, y convocar elecciones en el momento que considere más conveniente, probablemente en la segunda mitad de 2019. Aunque con 84 diputados y 44 senadores su Gobierno dispone de un margen de maniobra nulo, hay que reconocerle al secretario general del PSOE y presidente accidental de España su gran habilidad para extraer el máximo provecho de la precaria situación en la que se encontraba su partido a finales de mayo, con Podemos y sus divergencias (Izquierda Anticapitalista, Izquierda Unida, En Comú, Compromís, En Marea…), no ya pisándoles los talones, sino subidos a sus barbas.

Sánchez recibe a Torra en La Moncloa 9 julio de 2018.

Para evitarse los conflictos que habrían surgido con Podemos y sus divergencias y emborronado los primeros meses de su mandato, Sánchez se apresuró a dar por bueno el presupuesto ‘antisocial’ y ‘low cost’ de Montoro, aunque la ministra Calviño ya anunció en Bruselas que incumplirá con holgura el objetivo de déficit. Por otra parte, el presidente no tuvo reparo alguno en recibir al racista y xenófobo Torra, president subrogado del gobierno de la Generalitat, que acudió son su insolente lazo amarillo en la solapa a La Moncloa, y abandonó palacio con la certidumbre de que los golpistas encarcelados (Bassa, Cuixart, Forcadell, Junqueras, Romeva, Rull, Sánchez y Turull) estarían pronto bajo su jurisdicción, como así ocurrió pocos días después. La conversación Sánchez-Torra fue tan requetebién que Aragonés (ERC), su vicepresident, acudió de inmediato a Madrid barretina en mano a reclamar a Montero 6.000 millones para dar continuidad al ‘diálogo’ bilateral.

¿Bastará con más déficit?

Junqueras con Jové, su mano derecha ampuntada, y Aragonés, su mano izquierda que se ha presentado en Madrid reclamando 6.000 millones del ala para seguir financiando la secesión.

No le resultará, sin embargo, a Sánchez tan sencillo lograr los apoyos necesarios para sacar adelante los presupuestos de 2019 cuando sus avalistas le exijan en otoño algo más que exhumaciones y gestos de buena voluntad. De momento, la ministra Montero confirmó hace unos días la “magnífica noticia” de que el Gobierno había revisado al alza el déficit de las Administraciones Públicas en medio punto porcentual del PIB, y se elevará en 2.500 millones el déficit de las Comunidades Autónomas. En concreto, la nueva senda ratio déficit/PIB en porcentaje pasa a ser 2,7 en 2018, 1,8 en 2019, 1,1 en 2020 y 0,4 en 2021. En otras palabras, las Administraciones Públicas seguirán incurriendo en déficits y el equilibrio presupuestario no se alcanzará –cuán largo me lo fiáis, amigo Sánchez– hasta 2022.

Montero en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros el 13 de julio de 2018.

Disiento de la Ministra en que sea una magnífica noticia para una economía tan endeudada y vulnerable como la española, cuya tasa de crecimiento en 2019 podría descender incluso más de las cuatro décimas previstas (de 2,8 a 2,4 por ciento) en la última estimación de consenso de Funcas, si como parece probable la guerra comercial desencadenada por Trump desacelera el crecimiento global y aumenta la incertidumbre inversora. Tampoco resulta creíble la nueva senda de consolidación que contempla una reducción del ratio déficit/PIB de tan sólo 4 décimas en 2018 (de 3,1 a 2,7) y un recorte de 9 décimas en 2019 (de 2,7 a 1,8), pese a las previsiones de menor crecimiento del PIB y previsible aumento del gasto en año electoral. En el “escenario macroeconómico y presupuestario” realizado por la Airef, se estima que dicho ratio pasará de 2,7 a 2,2 por ciento, pese a contemplar un crecimiento del PIB algo más elevado (2,6 %). Montoro, acusado tantas veces de ‘trilero’ por el PSOE, parece haber encontrado en Montero una digna sucesora al título: nadie le impide a la Ministra impulsar “la agenda social”, lo único que se le pide es que no lo haga incrementando el déficit.

Gráfico que recoge la evolución de la deuda pública de España.

Para reducir casi un punto (desde el 2,7 al 1,8 por ciento) el ratio déficit/PIB en 2019, el déficit tendría que recortarse en casi 11.000 millones, suponiendo un crecimiento del PIB nominal del 4,4%. El Gobierno ha anunciado su intención de recaudar 5.000 millones aumentando los tipos del impuesto de sociedades al 15 % “para los grandes grupos” y los impuestos especiales al diesel para usuarios no profesionales. Asimismo, Sánchez quiere dos impuestos nuevos, sobre transacciones financieras y  empresas tecnológicas, y diseñar un nuevo plan contra el fraude. Quedaría todavía un agujero de 6.000 millones y Sánchez guardará celosamente sus intenciones hasta que envíe su plan a Bruselas el 15 de octubre. Va a resultarle arduo a Sánchez contentar a todos los avalistas que aguardan su oportunidad de pasar la bandeja.

Calvo, vicepresidenta del Gobierno de España, y Aragonés, vicepresidente del gobierno de la Generalitat mantuvieron una reunión ‘bilateral’ el 12 de julio de 2018.

Como ya he mencionado, el primero en acercase por caja fue Aragonés que reclama a Montero 6.000 millones: 688 para los desleales Mossos; 3.700 millones por incumplimiento de la disposición adicional tercera del Estatut entre 2008-2013; y otros 1.500 millones a cuenta de la Ley de Dependencia. (Por cierto que Aragonés, desempeñó, según la Policía Judicial, un papel clave en el desvío de 3,4 millones del ‘fondo de contingencia’ para financiar el 1-O). Calvet (JxC), conseller de Política Territorial, pretende obtener también 1.000 millones de “Madrid” para indemnizar a Acciona por los perjuicios ocasionados por la frustrada privatización de la gestión de la empresa Aguas Ter-Llobregat. El asunto tiene guasa habida cuenta que los políticos y los empleados públicos están mucho mejor pagados en Cataluña que la mayoría de sus pares en el resto de España, y que el gobierno de la Generalitat ha recibido la friolera de 76.771 millones de los mecanismos extraordinarios de financiación habilitados por el Ministerio de Hacienda, esto es, el 30,7% de los 249.665 millones inyectados a todas las Comunidades entre 2012 y 2018.

Montero anuncia en el Senado la convocatoria del Consejo de Política Fiscal y Financiera el 17 de julio de 2018.

No serán los últimos gobernantes autonómicos que exijan más recursos o soliciten la condonación de la ingente deuda acumulada con el Gobierno en los últimos siete años. En la mesa de peticiones se acumulan también derechos reconocidos en las leyes ‘sociales’ paralizadas que Sánchez ha ofrecido revisar, la actualización de las pensiones con el IPC, los aumentos de plantilla y las subidas salariales a empleados públicos acordados con los sindicatos, el reconocimiento del derecho a recibir atención sanitaria de los inmigrantes ilegales, la eliminación del copago en los medicamentos para pensionistas, la supresión de peajes en las autopistas, etc. Un Estado que reconoce más y más derechos sin provisionar recursos para hacerlos efectivos, acaba incurriendo en déficits insostenibles y acumulando una deuda ingente que hipoteca a las generaciones futuras. Es la historia de la última década.

Iglesias felicita a Sánchez (entronizado) al finalizar con éxito, gracias a los diputados de Podemos y sus divergencias, de la moción de censura el 1 de junio.

Iglesias destronado

La gran pregunta es cuánto tiempo aguantarán Podemos y sus divergencias respaldando al Gobierno del PSOE en el Congreso, porque cada minuto que Sánchez pasa en La Moncloa el conglomerado socialista y feminista (cada vez menos revolucionario y anticapitalista) pierde fuelle y el liderazgo de Iglesias se diluye como azucarillo en agua. Su gran error estratégico en esta guerra por el trono de la izquierda fue apoyar a Sánchez en la moción de censura sin exigirle como contrapartida formar un gobierno de coalición. Todas las encuestas realizadas desde el 1 de junio muestran, sin excepción, como la llegada de Sánchez a La Moncloa ha catapultado las expectativas electorales del PSOE y ha hundido las de Podemos, desvaneciendo la pretensión del conglomerado morado de convertirse en la fuerza hegemónica. Iglesias, salvo que haya decidido retirarse a su casa campestre, tendrá que medir mejor sus pasos a partir de ahora, y no hacerse falsas ilusiones, porque si Sánchez gana las próximas elecciones volverá a pactar de nuevo con Rivera.

Sánchez saluda a Rivera en el Congreso que por arte de birlibirloque ha dejado de ser el representante de las nuevas generaciones del PP.

 

 

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La apuesta por Pablo Casado

Artículo publicado en el diario Expansión el 24 de julio de 2018.

Soraya Sáenz de Santamaría con Ana Pastor y Pablo Casado en el XIX Congreso extraordinario del PP.

El XIX Congreso extraordinario del Partido Popular (PP) concluyó el pasado sábado con la clara victoria de Pablo Casado Blanco, exvicesecretario de comunicación, que resultó elegido presidente del partido al obtener el 57,2 por ciento de los votos emitidos por los 3.082 compromisarios presentes en el cónclave. El holgado triunfo de Casado permitió constatar algo que se intuía desde que se conocieron los resultados de la votación de los militantes el 4 de julio: Soraya Sáenz de Santamaría, la que fuera todopoderosa vicepresidenta del Gobierno de Rajoy hasta hace pocas semanas, no contaba con el respaldo de la mayoría de militantes de su partido. Cierto que había resultado la candidata más votada (21.513), pero su victoria a los puntos sobre Casado (19.967) y su larvado enfrentamiento con Cospedal (15.090) dejaban completamente abierta la elección.

Cospedal, secretaria general, en el XIX Congreso extraordinario del PP.

Hay opiniones para todos los gustos. Unos interpretan el triunfo de Casado como la victoria del aparato frente a la mujer que encarnaba los logros económicos y la respuesta del gobierno de Rajoy al desafío secesionista. Otros ven en la reivindicación que hizo Casado de los principios de libertad, vida y familia y su apuesta por reforzar la Constitución como el triunfo de un liberal-conservador sin complejos, frente a la calculada indefinición ideológica de Soraya. Los medios de comunicación más afines al PSOE y a Ciudadanos se apresuraron a calificar al nuevo presidente como un “conservador … dispuesto a recuperar las esencias del aznarismo”. Comentarios superficiales e interesados que sólo buscan descalificar a quién a partir de hoy es ya el adversario de Sánchez y Rivera.

Soraya perdió el Congreso

Soraya con Bañez, la elegida para secretaria general, y otros miembros de su equipo.

Sin menospreciar la campaña humilde y la vibrante intervención de Casado ante los compromisarios de toda España, mi impresión es que a Soraya la perdió su prepotencia, esto es, la imposibilidad de concebir que alguien no la reconociera como la mejor candidata. Cometió un error frecuente en los políticos pagados de sí mismos: minusvalorar a sus contrincantes, como hizo González, por ejemplo, con Aznar en los debates de 1993. Ni su impresionante curriculum ni el guiño populista de última hora mostrando un abanico adornado con la bandera española, la ayudaron a ganarse la complicidad de la mayoría de quienes iban a decidir quién sería el nuevo presidente del PP. Tampoco la ayudó recordarle una y otra vez a Casado (y a los compromisarios) que ella había sido la candidata más votada por los militantes, y hasta le afeara el haber rechazado integrarse en su candidatura como chico de los recados. O eso dio a entender Soraya cuando afirmó ante los compromisarios que ella no estaría allí de haber quedado segunda.

Rajoy durante su discurso de despedida de presidente del PP.

Un economista me invitó a una charla en que Sáenz de Santamaría presentó su candidatura en un hotel de Barcelona hace unas semanas. De entrada, me sorprendió la ausencia de bastantes dirigentes del partido, todo un síntoma del escaso entusiasmo (o quizá malestar) que  aquí despertaba. Tras las fotos de rigor, la exvicepresidenta expuso con suficiencia, como si ante un tribunal de oposiciones se hallara, sus puntos fuertes: conocimientos, profesionalidad, capacidad de trabajo y experiencia en la oposición y en el Gobierno. No había ninguna duda de que ella se consideraba la mejor candidata para ganar las próximas elecciones a Sánchez y reconquistar el Gobierno. Pero me desconcertó que no diera ni una sola pista sobre el alcance de su proyecto político: una breve exposición de los retos a los que nos enfrentamos y sus propuestas para afrontarlos. Me marché sabiendo que quería ganar las próximas elecciones pero desconociendo qué pensaba hacer una vez llegara al Gobierno. Mi última sorpresa fue que la exvicepresidenta no diera a los afiliados la oportunidad de hacerle preguntas y escuchar sus opiniones.

Agresiones de los partidarios del golpe a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Yendo al fondo de la cuestión, me sorprendió también que la exvicepresidenta no dedicara ni una frase a hacer autocrítica y me preocupó sobremanera que se sintiera orgullosa del modo en que el Gobierno había gestionado la insurrección que culminó con la proclamación de la república en Cataluña el pasado 27 de octubre (27-O). Aunque es cierto que Rajoy reaccionó ante los hechos consumados –aplicó el artículo 155, cesó al gobierno de la Generalitat y disolvió el Parlament de Cataluña–, también lo es que el Gobierno fracasó en su intento de abortar un golpe de Estado anunciado el 9 de noviembre de 2015 y

Puigdemont comparece con su gobierno el 1-O.

ejecutado a cámara lenta durante dos años. Ahí están para demostrarlo los hitos parlamentarios que culminaron con la aprobación de la ‘ley del referéndum de autodeterminación’ y la ‘ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república’ los días 6 y 8 de septiembre; los tumultos organizados por la ANC y Òmnium con la connivencia de los Mossos frente a la Consejería de Economía los días 20 y 21 de septiembre; y, en fin, el fracaso de la estrategia del Gobierno para impedir la ilegal consulta

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Puigdemont y Junqueras celebrando el golpe de estado en el Parlament el 27 de octubre.

organizada por el gobierno de la Generalitat el 1-O, la subsiguiente proclamación de independencia el 27-O, y la huida al extranjero del president Puigdemont y otros golpistas.

Casado, la esperanza blanca del PP

A pesar de que los dos candidatos se deshicieron en halagos hacia Rajoy, la victoria de Casado pone de manifiesto que existía un malestar muy extendido en el seno del partido con la labor desarrollada por su Gobierno. De otro modo, el partido habría aceptado con los brazos abiertos a quien había sido su mano

Casado con su equipo, con caras mucho más desconocidas para los ciudadanos.

derecha durante los últimos años. A pesar de los casos de corrupción que habían provocado la pérdida de la mayoría absoluta en las elecciones de 2015, nadie en el partido se atrevía a cuestionar abiertamente el liderazgo de Rajoy y su labor de gobierno hasta que éste decidió apartarse tras perder la moción de censura. Fue, entonces, cuando el malestar latente que había provocado el pragmatismo economicista de Rajoy, que todo lo fiaba a la recuperación económica y la creación de  empleo, emergió a la superficie y los militantes empezaron a cuestionarse si la indefinición ideológica de Soraya podía ser el referente de un partido de centro-derecha.

Casado, en campaña.

Casado desgranó con humildad y sencillez unos cuantos mensajes que tocaron la fibra sensible de sus compañeros de partido y generaron la empatía que inclinó a su favor la balanza. Además de asumir el pasado sin entrar en detalles engorrosos, el joven exvicesecretario de comunicación reivindicó la libertad de la familiar frente a las intromisiones del Estado en la educación, y subrayó la defensa de la vida y la familia “sin complejos”, prometiendo recuperar la ley de supuestos de interrupción del

Casado con Rajoy tras ganar el Congreso.

embarazo de 1985. Además, Casado planteó la necesidad de conectar con la España de los balcones, y prometió reforzar la Constitución, en lugar de abrirla en canal, y reformar el código penal para evitar nuevas intentonas golpistas. Mientras le escuchaba, me preguntaba qué estaría pensando Rajoy parapetado tras su rostro impenetrable.

Ya veremos cómo se concretan estas vagas propuestas en el programa con el que el partido concurrirá a las próximas elecciones generales. Hay, sin embargo, una cuestión que como economista me preocupa: fue

Casado, convertido ya en nuevo presidente del PP.

su promesa de bajar impuestos. El Estado español lleva ya demasiados años incurriendo en déficits insostenibles y ningún político responsable, ya sea liberal de centro o de izquierdas, debería comprometerse a bajar impuestos sin reducir simultáneamente los gastos. A todos, a los liberales también, les pediría que no pretendan hacer pasar como una reducción de impuestos lo que al final resulta en un aumento del déficit.

 

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Guerra comercial: Trump golpea primero

Artículo publicado en el diario Expansión el 18 de julio de 2018.

Panel izquierdo: saldo comercial de Alemania. Panel derecho: exportaciones e importaciones de España.

La firmeza en política resulta virtuosa cuando permite a los gobiernos alcanzar objetivos que benefician a la mayoría de la población, pero puede convertirse en un lastre cuando está al servicio de causas que pueden ocasionar beneficios a unos pocos y perjuicios a casi todos. La gran mayoría de economistas profesionales está de acuerdo en que el comercio entre países y la liberalización de los flujos de capital resultan mutuamente beneficiosos, porque permiten alcanzar una asignación más eficiente de los recursos a escala planetaria. Y al contrario, que las políticas proteccionistas y la imposición de controles administrativos sobre los flujos de bienes, servicios y capital perjudican tanto de la mayoría de los ciudadanos a quienes se pretende proteger con esas medidas como a la mayoría de foráneos a quienes se intenta perjudicar.

Exportaciones chinas.

Ahora bien, la mayoría de los economistas reconoce también que la rápida liberalización de los flujos comerciales y de los movimientos de capital registrada en las últimas décadas, eso que por brevedad llamamos globalización, puede originar desequilibrios sectoriales y regionales persistentes, y un reparto geográfico desigual de ganadores y perdedores que constituye terreno abonado para el populismo proteccionista. Como ningún mecanismo global garantiza a quienes pierden sus puestos de trabajo que encontrarán otro en breve y podrán mantener sus niveles de vida, resulta sencillo (y barato) achacar sus problemas (paro prolongado, menor crecimiento de los salarios, etc.) a los ineptos políticos que firmaron acuerdos perjudiciales con sus avariciosos vecinos. Trump empleó estos argumentos en su campaña electoral y consiguió convencer a millones de estadounidenses de que los enormes déficits de Estados Unidos con Canadá, México, China y la UE representan millones de puestos de trabajo sustraídos a estadounidenses que hay que recuperar renegociando los tratados comerciales suscritos.

 

Ganadores y perdedores

Crecimiento del GDP en la Eurozona.

La rapidez del cambio tecnológico y la nueva división internacional del trabajo, consecuencia en gran medida de la creciente liberalización del comercio y la inversión han convertido en obsoletos infinidad de bienes y servicios que se producían en economías desarrolladas hace unas décadas, y han desplazado una fracción significativa de la producción manufacturera a economías en vías de desarrollo donde los salarios son muchos bajos y las condiciones laborales mucho más laxas. A resultas de ello, los

Crecimiento del PIB de China.

países emergentes receptores de inversiones han registrado tasas de crecimiento más altas y su población ha podido alcanzar cotas mayores de bienestar que en el caso de China, por ejemplo, eran difícilmente imaginables hace sólo tres décadas. En contraste, los salarios reales han crecido a menor ritmo en las economías más desarrolladas y las tasas de paro y la duración del desempleo han aumentado considerablemente en la mayoría de países de la UE. En ausencia de mecanismos para redistribuir los beneficios del crecimiento global, los cambios en la distribución geográfica de la actividad productiva han producido ganadores y perdedores netos, e insatisfacción en aquellas regiones donde se han concentrado los efectos adversos.

 

 Del déficit a la guerra comercial

Trump debatiendo (con ayuda de Rusia) con Hillary Clinton.

El candidato Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos con un mensaje rotundo y atractivo para millones de electores: Estados Unidos primero. En su opinión, las causas del abultado déficit comercial de Estados Unidos había que buscarlas en el acuerdo de libre comercio firmado con Canadá y México (NAFTA) en 1992, el proteccionismo encubierto y las prácticas abusivas de la UE, y en la manipulación de los tipos de cambio y las prácticas abusivas contra la propiedad intelectual en el caso de China. En 2016, el déficit de la balanza de mercancías de Estados Unidos alcanzó la imponente cifra de $796.494 millones equivalente al 5,4 % del PIB ($18.624,5 miles de millones) y el déficit por cuenta corriente se situó en el 2,4 % del PIB.

Trump cierra la puerta alNAFTA, el acuerdo de librecomercio con Canadá y México firmado en 1992.

En cuanto al papel desempeñado por el NAFTA, resulta innegable que el déficit comercial estadounidense inició su deterioro en la primera mitad de los años 90, coincidiendo con la firma del acuerdo de libre comercio con Canadá y México. De todos modos, el déficit comercial con México y Canadá en 2016 sólo explica el 10,5 % del déficit total de Estados Unidos. Bastante mayor es el déficit comercial con la UE, ya que sólo el intercambio con cuatro países (Alemania, Irlanda, Italia y Francia) supuso el 18,6 % del déficit total en 2016. Pero el mayor agujero de Estados Unidos se produce en los intercambios con China ($365.914 millones), seguida muy de lejos por Japón ($71,881 millones) y Corea del Sur ($42.308 millones). El déficit de Estados Unidos con estas tres economías asiáticas asciende al 60,3% del total, y con los 9 países casi al 90%. Resulta una perogrullada afirmar que Estados Unidos tiene que mejorar los saldos con estos nueve socios para recortar el déficit comercial.

Las medidas de Trump

Trump in Davos.

La primera medida que Trump adoptó el pasado marzo fue imponer aranceles del 25 y 10 por ciento a las importaciones de acero y aluminio, respectivamente, un gravamen al que también están sujetas desde principios de junio las importaciones procedentes de Canadá ($12.600 millones) y México ($3.000 millones). Los dos países americanos han respondido imponiendo aranceles también del 25% a exportaciones estadounidenses por idénticos valores. Aunque el presidente ha manifestado en varias ocasiones su deseo de poner fin al NAFTA, su Administración está renegociando el acuerdo y para conseguir ventajas a amenaza a sus socios con imponer un gravamen del 25% a las importaciones de automóviles nuevos ($85.630 millones en 2016) procedentes de Canadá y México. Trump aplicó también los aranceles al acero y aluminio a las

Trump y Xi Jimping en Florida.

importaciones de la UE y ha anunciado su intención de gravar con el 25% las importaciones de automóviles nuevos ($42.067 millones en 2016). De momento, la UE se ha limitado a anunciar que gravará $11.000 millones de importaciones de productos estadounidenses. Finalmente, la administración estadounidense impuso en junio un arancel del 25% a unos 1.000 productos de China cuyas importaciones ascienden a 34.000 millones, y China ha replicado aplicando un arancel del 25% a importaciones de cerdo, aves de corral, maíz, soja y petróleo, valoradas también en 34.000 millones.

Trump, todavía candidato republicano, en su visita a Peña Nieto, entonces presidente de México.

Estas primeras medidas de Trump y las respuestas de sus socios americanos, europeos y chinos hay que tomarlas como salvas de tanteo que buscan calibrar la determinación del adversario para influir en las negociaciones en curso. Como era previsible, el valor de las empresas estadounidenses de acero y aluminio favorecidas subió algunos enteros, pero los agricultores que respaldaron a Trump y las empresas automovilísticas de Detroit temen verse perjudicados. La guerra comercial ha subido varios escalones con el anuncio del gobierno estadounidense de  aplicar a partir del 30 de agosto un arancel del 10% a $200.000 millones de importaciones chinas. Esta medida, sumada a las ya adoptadas, implica que casi la mitad de las importaciones chinas de Estados Unidos ($481.512 millones en 2016) estarán gravadas. China, cuyas importaciones de productos estadounidenses ascendieron a tan sólo $115.602 millones en 2016, sólo podrá responder a esta nueva escalada imponiendo aranceles muy superiores al 10%, a lo Trump podría responder igualándolos.

Evolución del precio de las exportacines chinas.

Aunque China será la primera perjudicada por la guerra comercial, sus efectos se dejarán sentir en todo el mundo. Las medidas proteccionistas de Estados Unidos obligarán a las empresas exportadoras chinas a buscar salidas para sus excedentes tanto en el mercado interior como en otros mercados internacionales, algo que no resultará fácil. En Estados Unidos, los aranceles elevarán los precios interiores y reducirán la demanda agregada y producirán estanflación. Además, el impacto negativo de la guerra alcanzará a muchas otras economías integradas en la cadena de producción y distribución internacional (supply chain), ocupando los primero lugares en la lista Luxemburgo, Taiwán, Eslovaquia, Chequia, Hungría, Corea, Singapur, Malasia, Islandia, Irlanda, Eslovenia, Noruega, Bélgica y Dinamarca.

Las razones de Trump

Trump con el presidente de la República Popular China Xi Jinping, el 6 de abril de 2017.

Los tratados comerciales entre Estados soberanos e instituciones supranacionales son fruto de de largas negociaciones cuyo fin es sortear la heterogeneidad de legislaciones y los conflictos de intereses, y establecer mecanismos aceptables para resolver futuros contenciosos. Las peripecias del Transatlantic Pacific Partnership (TPP), el tratado entre la UE y Canadá (CETA), o ahora del Brexit, ilustran cuán difícil resulta alcanzar acuerdos mutuamente satisfactorios. La posición de Trump no puede ser más simple: todos los acuerdos negociados han perjudicado a Estados Unidos y hay que romperlos o renegociarlos. Dicho y hecho. Tal y como había anunciado, una de sus primeras medidas fue sacar a Estados Unidos del TPP, y unos meses después ordenó renegociar el NAFTA y poner en cuarentena las relaciones con la UE.

Juncker advierte a los europeos a tiempo parcial contra el auge del nacionalismo.

Entre las variadas razones manifestadas por los negociadores estadounidenses cabe citar la aplicación del VAT a las exportaciones de Estados Unidos, la actividad ensambladora de las maquiladoras en la frontera con México, la existencia de empresas estatales receptoras de ayudas, las subvenciones agrícolas, la prohibición de importar productos transgénicos, las supuestas restricciones a la contratación pública, las prácticas fraudulentas como el escándalo ‘dieselgate’, etc. Nadie duda tampoco que las autoridades chinas hayan manipulado el tipo de cambio del yuan y las empresas chinas utilicen prácticas irrespetuosas con los derechos de propiedad. Ahora bien, estas razones no justifican el inicio de una guerra comercial que, además de provocar un empobrecimiento generalizado puede desencadenar conflictos de imprevisibles consecuencias.

Para empezar, las amenazas y el inicio de la guerra han cortado en seco y revertido la apreciación que registró el yuan en 2017 e inicio de 2018, y podrían incluso exacerbar las  prácticas abusivas. Por otra parte, similares prevenciones y argumentos podrían esgrimirse en contra de algunas prácticas fiscales y restricciones legales de Estados Unidos. Finalmente, la obsesión de Trump por dejar la puerta abierta para abandonar los tratados (sunset clause) y dejar la resolución de los conflictos en manos de tribunales estadounidenses resulta inaceptable. Estados Unidos podría obtener más ventajas negociando con las autoridades de China y la EU que amenazándolas.

Trump firmando la ley de reducción de impuestos el 22 de diciembre de 2017.

Al margen del rédito electoral que pueda obtener Trump, esta intempestiva cruzada hay que enmarcarla en la pugna que ambas potencias mantienen por alcanzar la supremacía y la preocupación que ha suscitado en Estados Unidos el plan Made in China 2025. Las autoridades de Beijing están determinadas a alcanzar la frontera tecnológica en áreas tan decisivas como la informática, la robótica, la biofarmacia y la tecnología aeroespacial. China no se doblegará ante una guerra comercial y el gobierno de Estados Unidos haría bien en comprender que el mundo necesita mecanismos multilaterales para preservar la paz y la prosperidad. La UE constituye un buen ejemplo.

América (I mean the United States) primero.

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Otro jarro de agua fría (Sánchez se reúne con el “Le Pen español”)

Artículo publicado en el diario Expansión el 10 de julio de 2018

Sánchez estrechando la mano de Torra, alias el ‘laci’, en las escaleras de La Moncloa el 9 julio de 2018.

La fotografía del Presidente de España saludando en la escalinata del palacio de La Moncloa al presidente del gobierno de la Generalitat de Cataluña quien, para evitar cualquier malentendido lucía su lazo amarillo en la solapa –me pregunto si también lo llevara prendido en el pijama cuando duerme– habla por sí sola. Para los catalanes que llevamos años dando la cara en defensa de la libertad y la igualdad de todos los españoles, la imagen del apretón de manos ha supuesto un nuevo jarro (otro más) de agua fría. ¿No había sido el propio Sánchez quién pocos días antes de la moción de censura que lo aupó a la Presidencia –con los votos, no lo olvidemos, de los partidos golpistas de Puigdemont y Junqueras– había calificado a Torra de xenófobo y racista? Que la palabra de Sánchez tenga escaso valor resulta magro consuelo para quienes día a día tenemos que vivir bajo la opresión y el desprecio de un ‘president’ que ni nos representa ni siquiera pretende aparentarlo.

¿Dónde estaba Sánchez?

Calvo ministra de Igualdad durante su patética rueda de prensa.

Tras una entrevista tan trascendental y esperada la sorpresa fue que Sánchez no compareciera ante la prensa, ni siquiera vía plasma. En su lugar, apareció la omnipresente Calvo cuya cháchara vale tanto para recoser un roto (golpe de Estado en Cataluña) como un descosido (fiesta del ‘orgullo’). Lo cierto es que con más torpeza que acierto, la vicepresidenta se excusaba una y otra vez por no poder dar más detalles sobre el contenido de los temas tratados en la reunión, achacando su ignorancia al deseo de no demorar más su comparecencia. Tras repetir varias  veces la buena nueva de que la reunión había sido “muy larga, casi dos horas y media”, “eficaz” e “institucional”, Calvo dejó algunas frases antológicas: “lo ocurrido hoy es una buena imagen con contenido para la democracia de nuestro país y para lo que ha ocurrido en Cataluña”; o “podemos darnos una oportunidad a otras cosas tras haber venido el president a reunirse con el presidente Sánchez”.

Rajoy con Mas en La Moncloa.

Alguien debería explicarle a esta profesora que los españoles nos merecemos explicaciones más claras, precisas y rigurosas sobre un asunto tan serio. La vicepresidenta sacó tristemente pecho en dos ocasiones que merecen comentarse. En primer lugar, afirmó que “no cabe [en la Constitución] la articulación de un referéndum pero a otro gobierno le han hecho dos y nosotros hemos tenido en Moncloa al presidente Torra”. ¿Hay que recordarle a la ministra que el president Puigdemont también fue recibido en La Moncloa por el presidente Rajoy, dispuesto a negociar casi todo menos el referéndum de autodeterminación? Un Gobierno responsable lo primero que habría hecho, Sra. Calvo, sería no recibir al presidente que alardea todos los días de haber ganado el referéndum de autodeterminación el 1-O y haber proclamado la independencia el 27-O. Volvió a hacerlo pocos minutos después de que usted terminara su rueda de prensa.

Rajoy recibiendo a Puigdemont en La Moncloa.

En segundo lugar, la ministra Calvo anunció que Sánchez está dispuesto a “levantar el veto de las leyes sociales” aprobadas en el Parlament de Cataluña, dando a entender que la razón por la que el Gobierno de España las vetó en su momento es porque no sintonizaba con las causas sociales. No tengo un ‘simpatizómetro’ pero las razones que impulsaron al Gobierno a llevarlas ante el Constitucional  no fue su pretendido carácter social sino la circunstancia de que invadían competencias del Estado y quebraban la igualdad entre los españoles, máxime cuando la extensión de derechos sociales sólo podía materializarse si Hacienda proporcionaba recursos adicionales al deficitario gobierno de la Generalitat.

En Bavia

Sánchez y Torra intercambiando cromos y ratafría en La Moncloa.

La impresión sintética que saqué tras escuchar la rueda de prensa de la Vicepresidenta es que el Gobierno de España respiró aliviado cuando vio que Torra no abandonaba La Moncloa a los cinco minutos, después de haberle comunicado a Sánchez que sólo estaba allí, usurpando el puesto del legítimo presidente Puigdemont, para exigirle la liberación de los presos políticos, el fin de la persecución judicial de los independentistas y la fecha de celebración del referéndum de autodeterminación. Para evitarlo, el Gobierno había diseñado un menú completo que

Rajoy y Puigdemont en La Moncloa en abril de 2016.

incluía a modo de entrante un libro sobre el palacio de La Moncloa, como platos fuertes nuevas transferencias de competencias y más inversiones, adobadas con ‘flaflafla’, y para postre un tour guiado por los jardines del Palacio. Sólo le faltó a Sánchez regalarle un lacito de repuesto y colocar en la sala la bandera estrellada junto a la de España y la UE.

Torra posando satisfecho con varios lazos amarillos, dispuesto a cazar a Sánchez.

Ambos políticos han acordado volverse a reunir en Barcelona en el futuro inmediato, y me pregunto si Sánchez acudirá al Palau sin exigir antes que se retire la pancarta que reclama en la fachada la libertad de los golpistas. De momento, la reunión con Sánchez le ha servido a Torra para demostrar a los suyos que se puede aprobar una resolución inconstitucional en el Parlament y vetar la presencia del Jefe del Estado en cualquier acto del gobierno de la Generalitat con total impunidad. Flaco favor ha hecho Sánchez a los constitucionalistas dando pábulo a una pretendida relación bilateral entre los gobiernos de España y Cataluña que fortalece al ‘Le Pen español’ y cuyo fin último es celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Pancarta que se exhibe en la fachada principal del Palau de la Generalitat.

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Sánchez rentabiliza La Moncloa

Artículo publicado en el diario Expansión el 7 de julio de 2018

Rajoy felicita a Sánchez tras perder la moción de censura.

Algo más de un mes habrá transcurrido cuando este artículo vea la luz desde el audaz golpe de mano que aupó a Sánchez a La Moncloa el pasado 1 de junio, gracias al apoyo que los 85 diputados del PSOE-PSC y Nueva Canarias recibieron de los 71 diputados de Podemos y sus divergencias (En Comú, Compromís y Marea), de los 19 diputados de tres partidos secesionistas (ERC, PDeCAT y EH-Bildu), y de los 5 diputados del PNV. No es mera casualidad que los partidos que avalaron a Sánchez estén gobernando en dos Comunidades (Cataluña y El País Vasco) que pretenden implementar el ‘derecho a decidir’, y en los Ayuntamientos republicanos de Madrid y Barcelona, controlados por los ‘podemitas’ y ‘comunitas’ de Iglesias y Colau, respectivamente.

Rajoy comparece en rueda de prensa, nada más anunciarse la moción de censura el 25 de mayo de 2018.

Pese a la promesa inicial de que convocaría elecciones anticipadas en caso de que la moción de censura triunfara, nadie duda de que la verdadera intención de Sánchez tras instalarse en La Moncloa es alargar la legislatura cuanto pueda, para volver a ganarle a Iglesias las próximas elecciones, e intentar ganárselas también al PP, aunque sea por la mínima. Hasta que llegue el momento de poner las urnas, Sánchez buscará sacar el máximo partido del buen legado económico recibido del PP, para contentar con algunas golosinas a sus inquietos avalistas sin levantar suspicacias en Bruselas. El gran peligro para la estabilidad política y económica de España radica no tanto en lo que pueda hacer este Gobierno monocolor y provisional en los próximos meses, sino en lo que podría hacer (o deshacer) un gobierno de Sánchez e Iglesias en la próxima legislatura, respaldado por los secesionistas.

¿Elecciones? Ahora no… mañana

Iceta con Sánchez en Tarragona 16 de diciembre de 2017.

Sin escaño en el Congreso y con las encuestas vaticinando el temido zarpazo de Podemos, la situación de Sánchez era desesperada a finales de mayo. Alcanzar la presidencia del Gobierno, le proporcionó de la noche a la mañana el inesperado balón de oxígeno que tanto necesitaba, y el plan de rehabilitación del enfermo es muy simple: prorrogar cuento pueda esta presidencia accidental para reforzar su imagen de hombre de Estado y hacernos olvidar las dos docenas de votos infames que lo auparon a La Moncloa.

Iglesias felicita a Sánchez al finalizar la moción de censura.

Sánchez se ha dado prisa para aprovechar el sopor del sol y la playa para relegar al olvido las concesiones que está haciendo a sus avalistas. En primer lugar, está el bochornoso intento de poner a una persona afín a Sánchez e Iglesias al frente de RTVE, en lugar de adoptar un procedimiento transparente que asegure la independencia del ente público. Pero bastante más grave es el anuncio del traslado de los golpistas encarcelados (Junqueras, Romeva, Forcadell, etc.) a prisiones

Torra visitando a los exconsejeros encarcelados en la cárcel de Estremera.

controladas por el gobierno de la Generalitat, concesión

que sólo puede entenderse como el primer pago de Sánchez a Torra, el racista Le Pen español, por los servicios prestados el 1 de junio. ¡Que nadie se sorprenda de lo que pueda ocurrir dentro y fuera de los recintos penitenciarios de aquí al 11 de septiembre!

El principal objetivo de Sánchez es, sin duda, mantenerse en el poder para reforzar su imagen de hombre de Estado e intentar, además de dejar atrás a Iglesias, ganarle también las próximas elecciones a un descolocado PP. Sánchez es consciente de la oportunidad que le ha brindado la moción para

Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso, charlando con Montoro antes de rechazar las enmiendas a la totalidad el 26 de abril de 2018.

convertirse en Presidente, pero también de la impostura que supone gobernar con 84 diputados y 44 senadores. Que no pretende gobernar sino administrar el poder y evitar conflictos, quedó meridianamente claro cuando Sánchez aceptó ejecutar sin modificaciones los presupuestos “ideológicos y antisociales” elaborados por “un conductor dormido al volante de un país”, las cuentas que su partido había rechazado entre resoplidos una semana antes en el Congreso. Si el responsable de elaborar esos presupuestos era “un conductor dormido”, quien los ejecuta tras haberlos descalificado merece un adjetivo bastante más duro.

¿Cuánto durará la legislatura?

Torra ejerciendo de president ‘lazi’ tras tomar posesión del cargo.

Para seguir administrando el presupuesto heredado del PP en los próximos meses, Sánchez tendrá que hacer concesiones políticas y económicas de mayor calado tanto a los secesionistas catalanes y nacionalistas vascos, como a Podemos y a sus divergencias. En septiembre de 2015, Sánchez reafirmaba en Tarragona su ‘catalanismo’ y aceptaba reconocer la ‘singularidad’ de Cataluña dentro de una España federal. En abril de 2017, el entonces candidato a la secretaría general del PSOE abogaba en Barcelona por “reconocer a Cataluña como lo que es: una nación”. ¿Pretendía con estas frases Sánchez decirnos que Cataluña debería regir sus destinos con completa independencia del Gobierno, Las Cortes y los Tribunales de España? Supongo que no, pero en esa dirección ya apuntaba el Proyecto de Reforma del Estatut que aprobaron Maragall, Mas y Carod-Rovira el 30 de septiembre de 2005, cuando Rodríguez Zapatero estaba al frente del Gobierno de España. No descarten, pues, más autonomía y más dinero para Cataluña, y ni siquiera un nuevo tripartito (el sueño eterno de Iceta) para explorar los etéreos límites de la galaxia socialista.

Iglesias abraza a Tardà tras la intervención del diputado de ERC en el Congreso el 14 de junio de 2017.

Tampoco me sorprendería que Sánchez entretenga a Iglesias el próximo otoño con un proyecto de PGE que contemple aumentos sustanciales en el gasto ‘social’, imposibles de garantizar a medio plazo. Explotará hasta donde de sí el aumento de los ingresos que está produciendo la bonanza económica heredada del PP, aunque descarto que Sánchez ose presentar unas cuentas inadmisibles para Bruselas. Algo que sí contemplo, sin embargo, es que no llegue a ejecutarlas. Si como calculan los socialistas las encuestas confirmaran en los próximos meses que el PSOE repunta, y el PP y Podemos pierden terreno, Sánchez convocaría elecciones en la próxima primavera.

Soraya Sáenz de Santamaría denunciando el “abochornante espectáculo” del Parlament de Cataluña al aprobar la ‘ley del referéndum de autodeterminación’.

La situación en el otro lado del espectro político es francamente complicada. Los incrédulos dirigentes del PP, obligados a desalojar sus despachos oficiales e incluso a abandonar la política en cuestión de horas, están enfrascados en un proceso de renovación que nadie sabe cómo terminará, ni el apoyo que concitarán los nuevos líderes en las próximas citas electorales. Ciudadanos también ha quedado fuera de juego, víctima de su propia estrategia de exigir a Rajoy elecciones para cosechar los brillantes resultados que le auguraban las encuestas en mayo.

Casado, aspirante a dirigir el PP.

Tras la moción, el trasvase de votantes que apuntaba a Ciudadanos como primera fuerza política parece haberse revertido y las nuevas encuestas indican que el globo empieza a perder altura y los votantes de centro desencantados pueden volverse hacia el PSOE. Lo que sí parece alejarse de momento es la posibilidad de formar un gobierno de coalición entre PP y Ciudadanos.

Rajoy y Rivera sellando el acuerdo para investir al presidente del Gobierno.

Después del 26-J apunté en Expansión (“27-J: llegó la hora de los Pactos”), las enormes dificultades que encontraría Rajoy para gobernar y los graves riesgos que entrañaba “un gobierno PSOE-PSC-Unidos Podemos que contaría con el apoyo entusiasta de los partidos secesionistas catalanes y nos abocaría a un callejón sin salida.  No sólo nos devolvería a la recesión en pocos meses, como ocurrió en Grecia en 2015, sino que pondría en riesgo el régimen constitucional que ha propiciado los mejores años de nuestra reciente historia. Espero que tanto los líderes del PSOE como de Ciudadanos actúen con responsabilidad y abandonen cualquier tentación de participar en un gobierno con Iglesias y su corte de profesores universitarios descastados”.  Resistieron la tentación hasta que Sánchez recuperó la secretaría general, y aunque la recuperación de la economía española está hoy más asentada, me ratifico en las advertencias que hacía hace dos años sobre el peligro que entraña para la estabilidad política y la unidad de mercado el entendimiento de Sánchez con Iglesias, Torra y Urkullu.

Sánchez recibe a Torra en La Moncloa 9 julio de 2018.

Sánchez en la clausura del Congreso Federal del PSOE 18 junio de 2017.

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Sánchez, aupado por separatistas y populistas

Artículo publicado en Expansión el 2 de junio de 2018.

Rajoy comparece en rueda de prensa el 25 de mayo de 2018, tras anunciar Sánchez la presentación de una moción de censura.

Además de las fuertes lluvias y riadas, este final de mayo pasará a los anales como la primavera en que Sánchez decidió ponerse al frente de quienes pretenden finiquitar el Estado social y de Derecho constituido en 1978 después de una transición política que causó la admiración de propios y extraños. El próximo 6 de diciembre se cumplirá el cuadragésimo aniversario del referéndum en que los españoles aprobamos la Constitución, una cifra redonda que merecería una celebración muy especial, pero me temo que al paso que vamos, quienes apreciamos de veras la libertad, la igualdad, la justicia y la concordia que consagró el pacto constitucional entre los herederos de las dos Españas, vamos a tener poco que celebrar en tan señalada efeméride.

Iglesias interviniendo durante la moción de censura el 31 de mayo de 2018.

Pocos fueron, por no decir ninguno, los períodos de nuestra historia contemporánea en que los españoles fuimos considerados ciudadanos y pudimos disfrutar de esos bienes inmateriales tan preciosos que hemos podido paladear durante las últimas cuatro décadas. Pues bien, me atrevo a afirmar que este período tan extraordinariamente positivo para la sociedad española podría terminar, incluso abruptamente, tras el triunfo de la moción de censura que convirtió a Sánchez en presidente del Gobierno de España. Paradójico y preocupante resulta que el secretario general que obtuvo en los comicios de 2015  y 2016 los peores resultados del PSOE desde 1977, circunstancia que uno esperaría le hubieran llevado a dimitir, se haya convertido en presidente del Gobierno del cuarto estado de la UE.

Los ‘amigos’ de Sánchez

Rajoy con Sánchez en La Moncloa.

La principal razón que me lleva a hacer una valoración tan negativa de la moción de censura de Sánchez es la simple constatación de que para su aprobación, los 85 diputados del PSOE (77 de sus federaciones, 7 del PSC y 1 de Nueva Canarias) han necesitado los apoyos de varios grupos con intereses contrapuestos entre  sí, y cuyo único denominador común era acabar, no con Rajoy y la corrupción, sino con lo que a mi modo de ver es la aportación el éxito político más importante  de la sociedad española: la Constitución de 1978. Están, en primer lugar, los 71 diputados de Podemos y sus divergencias, un

Cañamero, diputado de Podemos, luciendo su flamante camiseta (“Voto sí para echar a Rajoy”) el 31 de mayo de 2018.

conglomerado de partidos que incluyen IU, En Comú, Compromís, Anova, etc., cuyos líderes han manifestado en múltiples ocasiones su vocación de liquidar el ‘régimen’ de 1978, sus marcadas inclinaciones autoritarias y sus preocupantes conexiones con regímenes autoritarios ‘socialistas’, como Venezuela, Cuba o Irán. La imagen de Cañamero en el Congreso luciendo una camiseta que decía “Voto sí sólo para echar a M. Rajoy” habla por sí sola.

Sánchez recibe los aplausos de su grupo parlamentario tras ganar la moción de censura.

En segundo lugar, están los 9 diputados de ERC y los 8 representantes de la varias veces rebautizada Convergencia del 3%, los dos partidos que protagonizaron el golpe de Estado en Cataluña en otoño y obligaron a Rajoy a aplicar el artículo 155 para cesar al gobierno de la Generalitat, disolver el Parlament y convocar elecciones autonómicas. Pues bien, ahora Sánchez se muestra dispuesto a sentarse a hablar –¿de qué?, me pregunto– con Torra, el nuevo presidente del gobierno de la Generalitat, quien ha manifestado en repetidas ocasiones su intención de restablecer la república constituida el 27 de octubre y reponer en sus carteras a los miembros del ‘legítimo’ gobierno de la Generalitat, incluidos los consejeros encarcelados o fugados. Añadan al cóctel un par de diputados del brazo político de ETA (EH-Bildu) y los cinco insobornables diputados del PNV, el partido que posiblemente ve en la caída de Rajoy y el ascenso de Sánchez una nueva oportunidad –“diálogo prometido”, fue la expresión que empleó el portavoz del PNV– para desempolvar el plan Ibarretxe. Pim, pam, pum fue otra infeliz expresión que utilizó Esteban para explicar qué podemos esperar a partir de ahora.

Inestabilidad política y desaceleración económica

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posando antes de iniciar el debate el 13 de junio de 2016. Las elecciones las ganó Rajoy que obtuvo 137 diputados.

Hace unos días observé en este diario que “en la delicada situación actual de España, ningún político responsable plantearía una moción de censura, como ha hecho Sánchez, ni exigiría el adelanto electoral, como hace Rivera. Rajoy, aunque esté en horas bajas y en minoría, tiene la oportunidad de dirigirse a los españoles y explicarnos con todo lujo de detalles qué piensa hacer en los dos próximos años para fortalecer el Estado, para mantener la cohesión social y para renovar (y limpiar) su partido. Aproveche la que puede ser su última oportunidad de hacerlo”. El intento quedó abortado en cuanto se supo a media tarde del jueve que los 5 diputados del PNV habían acordado con Sánchez destituirlo.

Ortuzu, presidente del PNV, conversando animandamente con Otegui, terrorista de ETA y líder actual de EH Bildu, su organización política.

Resultará tarea imposible para Sánchez, con la actual composición de las Cámaras y las dispares amistades que lo han llevado a La Moncloa, desplegar un programa de Gobierno coherente que proporcione estabilidad política y favorezca el crecimiento económico y la creación empleo. Casi con toda seguridad, los partidos secesionistas aprovecharán la fragilidad de Sánchez para darle un nuevo impulso al proyecto secesionista, por lo que la crisis territorial lejos de resolverse con el diálogo que Sánchez ha prometido iniciar con el “govern” de Cataluña –algo que intentó sin éxito la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría en 2016 – se agravará, y se extenderá a

Torra, ejerciendo ya como president posa con lazo amarillo.

otras Comunidades. Resultará interesante ver qué hace Sánchez cuando los secesionistas catalanes restablezcan las leyes de desconexión anuladas por el Tribunal Constitucional y den pasos para restituir al gobierno ‘legítimo’ de la república catalana. Torra ha manifestado en numerosas ocasiones que su único objetivo es constituir una república independiente y resultaría sorprendente que cedan en su empeño precisamente cuando el Gobierno de España vuelve a depender de sus votos.

Montoro logra el respaldo del Congreso para aprobar los PGE el 24 de mayo de 2018.

En el terreno económico, la alianza del PSOE con Podemos y los partidos nacional-secesionistas plantea también un escenario de enorme incertidumbre. Sánchez es tan consciente de la extrema debilidad del futuro gobierno que se ha apresurado a anunciar que mantendrá los Presupuestos de Rajoy, rechazados con calificativos durísimos hace siete días. ¿Por qué no aprovecha la oportunidad para llevar al Congreso los presupuestos que el PSOE presentó el 11 de abril? La única explicación es que no quiere sentarse a negociarlos con los grupos que avalaron la moción de censura y han empezado a pasarle ya factura al registrar, ayer mismo, en el Senado cinco vetos a los Presupuestos de Rajoy, Rivera y el PNV. Pronto veremos qué hace con ellos y si presenta, como se comprometió a hacerlo, el proyecto de PGE para 2019. ¿Mi pronóstico? Sánchez no tiene intención alguna de gobernar sino de aprovechar su interinidad en La Moncloa para propulsar su cartel electoral antes de colocar las urnas.

Iglesias felicita a Sánchez al finalizar la moción de censura.

Por otra parte, el intercambio de guante blanco protagonizado por Sánchez e Iglesias dejó entrever el malestar del trajeado líder de Podemos –¿tendrá sus vistosas camisas de cuadros en la tintorería?– quien, además de recordarle que “con 84 diputados no se puede gobernar sin llegar a acuerdos”, le reprochó no haber presentado “un proyecto de país” y “un programa de gobierno”, y lo conminó a convertir España en referencia “de un nuevo socialismo”. ¡Esperemos que con Cataluña en España y libre de aromas cubanos y venezolanos! Aprobar los aumentos del salario mínimo, sueldos, pensiones y otras prestaciones sociales,… y la reducción de la jornada laboral y edad de jubilación que propugnan Podemos y sus divergencias, podría destruir en pocos meses los esfuerzos de muchos años dedicados a reconducir los insostenibles déficits (público y exterior) y a situar a la economía española en una senda de crecimiento sostenido.

Maragall con Zapatero haciendo de Don Tancredo en el balcón del Palau de la Generalitat, con Montilla y Carod-Rovira (ERC) de testigos.

Defender la igualdad de oportunidades, algo a lo que ningún socialdemócrata puede renunciar, no justifica tomar atajos imposibles que en lugar de acercarnos nos alejan del objetivo perseguido. Como ciudadano y economista, no me preocupan tanto las sobreactuaciones de algunos diputados en el Congreso o las sobrerreacciones del IBEX 35 como la irresponsabilidad de gobernantes iluminados que creen tener soluciones para todos los problemas. Todavía estamos padeciendo el cisma político y la ruina económica que nos legó Rodríguez Zapatero.

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La Gürtel golpea a Rajoy y Sánchez saca la daga

Artículo publicado en el diario Expansión el 28 de mayo de 2018.

Bárcenas, extesorero del PP, en el banquillo de la Audiencia Nacional.

Aunque esperada y previsible, la sentencia condenatoria sobre el caso Gürtel dictada por la Audiencia Nacional el pasado jueves ha dejado en mal lugar a esos analistas bursátiles que suelen recurrir al mantra de que los mercados descuentan el futuro anticipado por los agentes. Apenas habían transcurrido unas horas desde de la aprobación en el Congreso de los PGE, una circunstancia que parecía disipar la inestabilidad que amenazaba al Gobierno de Rajoy cuando el IBEX35 cambiaba bruscamente su orientación alcista y la prima de riesgo se desentumecía de su letargo invernal y saltaba la barrera psicológica de los 100 puntos básicos.

Montoro logra el respaldo del Congreso para aprobar los PGE l 24 de mayo de 2018.

Sánchez acababa de ordenar a su grupo en el Congreso registrar una moción de censura contra Rajoy, y Podemos y todas sus divergencias (IU, Compromís, Marea, etc.) se sumaban alborozados al jolgorio después de unos días en que la serrana vivienda adquirida por Iglesias, aquel revolucionario que hace no tanto alardeaba de tirar cocteles molotov a la sede del PP, había copado los titulares de los medios. Los partidos secesionistas catalanes (ERC, CDC-PDe-CAT) se apresuraban a plantar cruces y lazos correderos (amarillos) por los pasillos del Congreso a la espera de ver qué pieza caía en ellos. Y Ciudadanos destapaba el tarro del elixir milagroso (elecciones) que lo ha convertido en alternativa de gobierno sin haber gobernado una sola pedanía, y pedía a sus juveniles militantes prepararse para hacer buena la victoria que le auguran las últimas encuestas.

Rajoy tocado

Rajoy durante su comparecencia en rueda de prensa el 25 de mayo de 2018.

Que Rajoy saliera a dar la cara al finalizar el Consejo de Ministros del pasado viernes es la prueba fehaciente de que el Gobierno tiene plena conciencia de que la ya muy maltrecha línea de flotación del PP ha quedado seriamente tocada por el desenlace judicial de la trama y que su partido está más cerca de zozobrar que de iniciar una exitosa singladura para recoger el fruto de la recuperación económica. Ni el voto particular del presidente del Tribunal ni el hecho de que el PP sólo sea considerado responsable a título lucrativo por una cifra casi irrisoria, atemperan una sentencia que impone penas muy elevadas de cárcel a personas que desempeñaron importantes cargos orgánicos y representativos dentro del PP, y a las que se atribuye una larga y variada lista de delitos: prevaricación continuada, cohecho continuado, falsificación documental, malversación de caudales, fraude fiscal, etc.

Rajoy y Bárcenas, extesorero del PP.

Hasta ahora, la estrategia de Rajoy había sido minimizar los estragos tras cada golpe judicial y ordenar al piloto alejarse a toda máquina para poner agua de por medio. El problema con que se ha encontrado es que cada una de estas huidas en lugar de acercar al PP al abrigo de un puerto, lo ha ido adentrando en un laberinto de estrechos cada vez más angostos. Llueve sobre mojado y Rajoy no puede zafarse de la larga lista de cadáveres políticos que, además de los ahora condenados (Bárcenas, Crespo, Galeote, López Viejo, Molina, Sanchís, Sepúlveda, etc.), incluye a Rato, a Mata, a Zaplana, a Camps, a González,…, destacados dirigentes populares que, como Rajoy mismo, forjaron su carrera bajo la alargada sombra de Aznar. Algunos comentaristas y hasta militantes del PP recurren a la manida expresión ‘fin de ciclo’ para resumir la situación del partido.

Muy en los inicios del caso Gürtel (2 de marzo de 2009), escribí que si bien “nadie sabe cómo acabará la instrucción en curso en el terreno estrictamente judicial y resultaría una irresponsabilidad prejuzgar unos hechos todavía bastante confusos en muchos extremos… el PP haría bien, pasada las inminentes citas electorales, en poner fin a su angustiosa agonía y renovar a fondo sus cuadros y estrategias para afrontar con garantías las próximas elecciones generales”. Rajoy prefirió ignorar “los graves indicios que ya pesaban sobre las espaldas del Sr. Bárcenas, senador y tesorero del PP, y del Sr. Galeote, eurodiputado del PP” y  nos dejó una de sus frases más desafortunadas: “nadie podrá probar que no son inocentes”.

Rajoy y Fijoo celebrando la victoria en las elecciones gallegas.

Feijoo y Rajoy obtuvieron sendas victorias en las elecciones autonómicas de Galicia en 2009 y en las generales de 2011, respectivamente, y tras dos años durísimos, con la prima de riesgo disparada y la tasa de paro rozando el 27 %, el PP pudo empezar a sacar pecho cuando el PIB encadenó cuatro años de crecimiento sostenido y quedaron atrás las peores recesión y crisis financiera de las últimas décadas. El Rajoy victorioso de 2011 permitió que la marea negra se extendiera sin adoptar medidas drásticas y aunque su estrategia parecía dar buenos resultados, los jueces acabaron considerando probada la ‘no inocencia’ de destacados dirigentes del partido. Ahora, la muy positiva hoja de servicios que presenta Rajoy en el terreno económico resulta insuficiente para acallar los escándalos judiciales en que se ha visto inmerso.

El abrazo de Sánchez

Rajoy y Sánchez en La Moncloa.

He de confesar que me sorprendió sobremanera la cerrada defensa que hizo Sánchez del orden constitucional cuando visitó a Rajoy en La Moncloa hace unos días. Tanto me asombró que incluso me atreví a preguntarme en voz alta si el PSOE habría recuperado el sentido común. Ahora, me inclino a pensar que fue una táctica de distracción de quien ya tenía preparada la daga con la que pensaba asestar el golpe de gracia a Rajoy en cuanto se dictara la sentencia, una maniobra para evitar que pudiéramos reprocharle unos días después el apoyo que los secesionistas catalanes y vascos apoyaran su moción de censura. La pregunta que nos hacemos es a qué viene tanta prisa. Y la respuesta más plausible es que la urgencia de Sánchez obedece a la necesidad de dar este paso antes de que vea la luz la sentencia sobre los EREs en Andalucía que puede resultar tan demoledora para Sánchez y el PSOE como la del caso Gürtel lo está siendo para Rajoy y el PP. Sánchez se ha dicho: ahora o nunca.

Torra posando satisfecho con un lazo amarillo dispuesto a cazar a Sánchez.

El principal escollo a su sueño de alcanzar La Moncloa pasado mañana es la tozuda aritmética parlamentaria que, como hemos podido comprobar durante la tramitación de los PGE, exige maridajes muy desafortunados. Sánchez sólo cuenta con el apoyo de 156 diputados –los 85 diputados de su grupo (incluidos 7 diputados del PSC y 1 diputado de Nueva Canarias) y los 71 diputados de Podemos y sus divergencias–, y necesita 176 para convertirse en Presidente de España. Como de los restantes grupos sólo EH-Bildu (2 diputados) es prescindible, la pregunta que los ciudadanos nos hacemos no es qué nuevas concesiones tendrá que hacer Sánchez a las ya hechas por Rajoy al PNV para aprobar los Presupuestos, asunto nada baladí, sino qué razones pueden tener los diputados secesionistas de ERC (9) y CDC (8) para avalar a Sánchez.

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posando antes de iniciar el debate el 13 de junio de 2016.

La foto de Sánchez con Iglesias puede resultar demoledora para el futuro del partido que ha representado la opción de gobierno socialdemócrata desde 1978. Pero su llegada a La Moncloa aupado por los secesionistas, cuando el gobierno de Torra y el Parlament de Cataluña pretenden restablecer la república, sería dar la estocada al partido refundado por González y Guerra en Suresnes. Sánchez no sólo no puede pactar con los partidos que dieron un golpe de estado el pasado otoño en Cataluña –algo tan obvio que hasta Calvo, secretaria de Igualdad del PSOE se apresuró a descartar a los racistas xenófobos–, es que Sánchez tiene que asegurarse su voto en contra, porque lo contrario significaría que ven más factible con Sánchez como Presidente repetir el golpe de estado.

Inestabilidad, riesgos y responsabilidad

Rivera, Sánchez e Iglesias, una coalición imposible e indeseable.

La única fórmula aceptable para que Sánchez alcance La Moncloa y refuerce la estabilidad política pasa porque Podemos y Ciudadanos lo apoyen, una tarea imposible. En cualquier otro escenario, la moción sólo servirá –incluso si fracasa– para aumentar la inestabilidad política, agravar la inseguridad jurídica y debilitar la recuperación económica. En la delicada situación actual de España, ningún político responsable plantearía una moción de censura, como ha hecho Sánchez, ni exigiría el adelanto electoral, como hace Rivera. Rajoy, aunque esté en horas bajas y en minoría, tiene la oportunidad de dirigirse a los españoles y explicarnos con todo lujo de detalles qué piensa hacer en los dos próximos años para fortalecer el Estado, para mantener la cohesión social y para renovar (y limpiar) su partido. Aproveche la que puede ser su última oportunidad de hacerlo.

Rajoy tras el no de Sánchez en el debate de investidura.

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